IMPREVISIONES FUERON PROBABLES CAUSAS DEL DESASTRE AÉREO | El avión de Lamia llevaba combustible exacto para el tempo de vuelo previsto hasta Medellín. Salió de Santa Cruz con una demora imprevista; por eso no se reabasteció en Cobija...

Le impidieron aterrizar al capitán Quiroga Murakami, para dar prioridad a otro avión

El capitán Miguel "Micky" Quiroga Murakami era uno de los mejores pilotos comerciales de Bolivia. No hubo werror técnico en la planificación del viaje a Medellín. | Foto cortesía familia Quiroga Pinto

El capitán Miguel “Micky” Quiroga Murakami era uno de los mejores pilotos comerciales de Bolivia. No hubo werror técnico en la planificación del viaje a Medellín. | Foto cortesía familia Quiroga Pinto

Resultó trágico que el avión charter despegado en Santa Cruz hubiera tenido el combustible exacto para cubrir esa ruta entre Bolivia y Colombia sobre 2.265 kilómetros. El lapso de espera al que se le forzó desde la torre de control hizo que el combustible se le agotara totalmente en el aire, faltando apenas diez minutos para llegar a su destino, lo cual determinó que los motores del avión se apagaran, estrellándose la nave sobre la zona montañosa de La Unión, a pocos kilómetros de Medellín, y sin incendiarse, precisamente porque se desplomó con los tanques vacíos…

© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando en Rio Branco
Imagen del radar que registró los giros que daba la nave piloteada por el capitán Quiroga, mientras esperaba en contra-tiempo el aterrizaje no programado de un avión de la aerolínea VivaColombia. | Imagen capturada de pantalla

Imagen del radar que registró los giros que daba la nave piloteada por Quiroga, mientras esperaba en contra-tiempo el aterrizaje no programado de un avión colombiano. | Imagen capturada de pantalla

Aunque los peritajes técnicos oficiales están en curso aún y la verdad tardará algunos días en establecerse, según las primeras indagaciones periodísticas el desastre fue resultado de una cadena azarosa de imprevisiones.

De acuerdo a fuentes consultadas por Sol de Pando, el experimentado piloto boliviano Miguel Alejandro Quiroga Murakami, nacido en Cobija, Pando, fue obligado a postergar su ingreso al aeropuerto de Medellín pocos minutos antes de activar el tren de aterrizaje, debido a que una otra nave, de la aereolínea colombiana VivaColombia que derramaba combustible en el aire, había solicitado a la torre de control un Protocolo de Prioridad para aterrizar antes que el Jet Avro RJ-85 de Lamia.

Según declaró a la Agencia France Presse el secretario de Seguridad en Vuelos del Sindicato Nacional de Aeronautas del Brasil, Mateus Ghisleni, “en las imágenes que registró el radar, pudimos observar un movimento de órbita sobre un determinado punto, que es un procedimento usual realizado por los pilotos mientras buscan soluciones para eventuales problemas que pueden surgir durante el vuelo”.

Es decir que la nave piloteada por el capitán Quiroga Murakami daba vueltas en el cielo durante más de diez minutos sin poder aterrizar, ya que había sido obligado por la torre de control del aeropuerto “José María Córdova” de Río Negro, Medellín, postergar su arribo dando prioridad a la nave de VivaColombia. Mientras esperaba el aterrizaje imprevisto del avión colombiano que derramaba combustible, el jet de Lamia volaba en círculos durante minutos cruciales en la zona donde fue neutralizado por la torre de control, perdiendo el precioso combustible que llevaba en una cantidad exacta, no más ni menos, para llegar a Medellín a tiempo.

Resultó trágico que el avión charter despegado en Santa Cruz hubiera tenido el combustible exacto para cubrir esa ruta entre Bolivia y Colombia sobre 2.265 kilómetros, una distancia que se ajustaría a la autonomia de vuelo de la nave (otras versiones afirman que este modelo de avión tiene una autonomía para sólo 1.600 kilómetros, cuestión que dirimirá la investigación oficial). El lapso de espera al que se le forzó desde la torre de control hizo que el combustible se le agotara totalmente en el aire faltando apenas diez minutos para llegar a su destino, lo que determinó que los motores del avión se apagaran cayendo la nave a tierra, estrellándose sobre la zona montañosa de La Unión, a pocos kilómetros de Medellín, y sin incendiarse, precisamente porque se desplomó con los tanques vacíos.

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Implorando para aterrizar

Esa dramática situación que terminó en tragedia fue testimoniada por la tripulación de un avión de la línea Avianca que captó la comunicación entre la cabina del Lamia y la torre de control. El registro del audio que dura 11 minutos evidencia que al agotarse el poco combustible que le quedaba antes de aterrizar, el piloto boliviano también exigió un Protocolo de Privilegio (expertos aseguran que la situación ameritaba declçaratoria de Emergencia y no sólo Privilegio); cuando la controladora de la torre de control se aprestaba a encaminar el aterrizaje no programado de la nave de VivaColombia que se interpuso fatalmente en ese trayecto.

Después de informarle al capitán Quiroga Murakami que su nave aún no podia aterrizar debido a que se le daba prioridad al vuelo de VivaColombia, la controladora le preguntó cuanto tiempo podría permanecer en el aire, esperando su turno para aterrizar,  el piloto boliviano le respondió reclamando: “Estamos con emergencia por combustible señorita, por eso le pido de una vez punto final…”. Mientras daba vueltas en el cielo oscuro formando una órbita mortal en las pantallas del radar, el combustible que alcanzaba para aterrizar en el tempo oficialmente previsto, se acababa. El piloto comenzó a desesperarse y exigió la misma prioridade de aterrizaje que se le dio al vuelo de VivaColombia: “Señorita Lamia 2933 está en falla total, falla eléctrica total, sin combustible…!!! Vectores señorita, vectores a la pista!!!”.

Entonces, ya muy tarde, la controladora en pista autorizó el aterrizaje; pero los motores del avión ya se habían apagado por falta de combustible y la nave desapareció del radar, a 9.000 pies de altura que fue la crifra pronunciada por Quiroga antes de silenciarse el contacto con la torre de control.

El piloto de Avianca, Juan Sebastián Upegui, fue testigo directo de ese minuto trágico: “Cuando empezó a bajar, sí se declaró en emergencia… Empezó a decir que tenía falla total eléctrica y pidió vectores para proceder a la pista… Ayuda, vectores para proceder a la pista, repitió… Nosotros callados y a la controladora se le quebró la voz. A uno le toca seguir volando. La controladora llora… y no contestaron”.

Así murieron 71 de los 77 pasajeros a bordo, incluyendo el piloto y gran parte de su tripulación. Los seis sobrevivientes se salvaron porque la nave no se incendió al estrellarse, pues no tenía una sola gota de gasolina en sus tanques.

La nave con matrícula de Bolivia pero con una razón social de Venezuela se estrelló la noche del lunes transportando al equipo de fútbol Chapecoense, del Estado de Santa Catarina, el cual debía disputar la final de la Copa Sudamericana el miércoles con el Atlético Nacional de Medellín. El partido no se suspendió. A la hora programada para la gran Final, se realizó un multitudinario velorio simbólico en el staduim antioquino transmitido por satélite en todo el mundo, y declarando Campeón de la Copa al desaparecido equipo brasileño.

Acompañaba al plantel y la dirigencia del club un grupo de 24 periodistas brasileños, además del médico del equipo, el acreano Marcio Bestene Koury, de Brasiléia, cuyo anhelo como especialista en Medicina Deportiva era culminar su carrera como Médico de la Selección brasileña de fútbol.

¿Por qué Micky Quiroga no se reabasteció en Cobija?

Los jugadores del Chapacoense en la ciudad acreana de Epitacioolandia, el pasado 19 de octubre, cuando el piloto pandino hizo una escala de reabastecimiento en Cobija para seguir rumbo a Barranquilla, Colombia. Junto a los jugadores brasileños que cenaron en el Restaurante "Imperio do Sabor" se ve al hijo mayor del capitán Quiroga, Roger Jr. | Foto cortesía Carlos Portela

Los jugadores del Chapacoense en la ciudad acreana de Epitacioolandia, el pasado 19 de octubre, cuando el piloto pandino hizo una escala de reabastecimiento en Cobija para seguir rumbo a Barranquilla, Colombia. Junto a los jugadores brasileños que cenaron en el Restaurante “Imperio do Sabor” se ve al hijo mayor del capitán Quiroga, Roger Jr. | Foto cortesía Carlos Portela

Según declaró ante los medios el Director Ejecutivo de la empresa charter,  el general en retiro de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) Gustavo Vargas Gamboa (cuya familia también fue enlutada por la tragedia), el capitán Quiroga Murakami tenía la opción de hacer una escala en Cobija, Pando, para reabastecerse, pero no lo hizo. Resulta a simple vista inexplicable esa decisión, siendo que el piloto era un pandino que no desaprovechaba la menor oportunidad para hacer escala en su tierra natal, donde le abundan amigos y familiares.

De hecho, según recordó el periodista de Rio Branco Altino Machado, el pasado 19 de octubre, cuando el mismo equipo del Chapacoense fue transportado en la misma nave hacia la ciudad colombiana de Barranquilla para disputar uno de los partidos de la Copa Libertadores, el capitán Miguel Quiroga hizo una escala en Cobija para reabastecerse. El lapso fue aprovechado por los jugadores brasileños para cruzar el Puente Internacional dirigiéndose al vecino municipio brasileño de Epitaciolandia (“La Villa”), donde cenaron, informó Machado.

A Chapecoense fez uma escala para reabastecimento na cidade de Cobija, onde também precisou fazer o tramite de saída para deixar a Bolívia. Como o aeroporto de Cobija está passando por reformas, toda a delegação precisou desembarcar e seguir até a aduana na cidade boliviana para regularizar a situação. Imprevisto que gerou um novo atraso na viagem. Por fim, foram mais 4 horas no voo de Cobija a Barranquilla”, publicó el periodista acreano reproduciendo datos del sitio “Time Catarinense”.

Entonces ¿por qué en esta ocasión el capitán Quiroga Murakami no hizo esa misma escala en Cobija? Otra vez la explicación precisa viene desde la desafortunada imprevisión.

Según testimonió el hijo del copiloto Ovar Goytia, también fallecido, el capitán Miguel Quiroga optó por no hacer escala en Cobija debido a un retraso en la llegada de la delegación brasileña a Santa Cruz, donde abordaron la nave de Lamia, a sabiendas de que “el combustible era justo para llegar a destino, con diferencia de pocos minutos”.

El joven aviador Bruno Goytia, que estuvo presente en el aeropuerto de Viru Viru acompañando a su padre, declaró a la prensa de Santa Cruz que “el avión de la aerolínea estatal boliviana BoA llegó retrasado a Santa Cruz trayendo al equipo Chapecoense desde Brasil y debido a eso se tomó la decisión, con conocimiento de Lamia, de volar directo a destino final, sin hacer reabastecimiento, pese a que se tenía la posibilidad de hacerlo en Cobija (Pando) o en Bogotá”. (El testigo involucra en la historia a la principal aerolínea civil boliviana estatal, BoA, que habría sido la encargada de recoger a los jugadores desde el Brasil. Se sabe que Lamia enfrentó impedimentos legales para ingresar a territorio boliviano. Sin embargo Sol de Pando no ha podido confirmar que BoA hubiera sido la transportadora del equipo en el primer tramo del viaje, de Brasil a Bolivia, ni hay referencia alguna sobre ello en el seguimiento cotidiano del caso que hace la prensa dentro y fuera del país).

Según Bruno, “no es normal” llenar a tope el tanque de la aeronave, pero como la combinación del vuelo venía con retraso, se decidió cargar todo el combustible porque no había opción de recargar. “El aeropuerto de Cobija no tiene luces y no puede operar de noche, por eso no podían recargar (…) Además, los jugadores también tenían que entrenar“, argumentó el hijo del copiloto fallecido.

Si nos guiamos por esta información, la causa del terrible accidente fue una combinación azarosa de inimaginables imprevistos.

Familas de Bolivia enlutadas

Además de Cobija, Pando, famílias conocidas en las ciudades bolivianas de Cochabamba, Santa Cruz y Potosí también han sido enlutadas por esta tragedia que sigue conmoviendo al mundo.

El ex presidente Jorge Quiroga Ramírez pide al gobierno de Evo Morales le permita al senador Roger Pinto asistir a los funerales de su yerno, el capitán Miguel Alejandro Quiroga Murakami, quien era esposo de su hija Daniela y deja en la orfandade tres pequeños hijos. El capitán Quiuroga era um experimentado aviador profesional que trabajó durante muchos años en la aerolínea comercial estatal Transportes Aéreos Militares (TAM), así como en la desaparecida AeroSur, y participó en la creación de EcoJet, aerolínea privada nacional que aún no habría recebido autorización del Gobierno para operar en rutas internacionales, por lo cual aceptó una oferta de militares de la FAB para sumarse como accionista de Lamia, hace no más de un año.

En Cochabamba el dolor también se siente con intensidad. En esta ciudad donde los accionistas bolivianos de Lamia tienen sus oficinas centrales, se espera la llegada de los restos del capitán Rommel David Vacaflores Terrazas, cuñado del general Vargas Gamboa, Director Ejecutivo de la empresa. Rommel David también era cuñado de uno de los accionistas nacionales de Lamia, el coronel de la FAB Marco Antonio Rocha Venegas.

En Santa Cruz se llora la muerte de la joven aviadora Sisy Gabriela Arias Paravicini, hija del destacado periodista y empresario de televisión Jorge Arias.

También se esperan en la ciudad oriental el arribo de los restos del teniente Ovar Fernando Goytia copiloto de la nave siniestrada, cuyo hijo Bruno debió viajar junto a él, pero a última hora se decidió ceder el asiento a Sisy Arias.

En Potosí se lamenta la muerte de Alex Richard Quispe Garcia, quien era el despachador de vuelos de Lamia.

Como parte de esta tripulación boliviana fallecieron también el jefe de aeronavegación Ángel Lugo (venezolano) y el tripulante Gustavo Encina (paraguayo).

Los sobrevivientes bolivianos que aseguran haberse salvado gracias a que cumplieron los protocolos previstos para crisis extremas en el aire, son la asistente de vuelo (azafata) Ximena Suárez y el comisario de abordaje y mecánico del avión, Edwin Tumiri.

Lamia, un Ministro y el estigma que vino de Venezuela

Si bien las causas del accidente apuntan a una combinación de imprevisiones, la tragedia se empaña aún más con un velo de dudas y sospechas que se tienden sobre la transparencia del modo en que esta compañía venezolana apareció asentada en Bolivia, y sobre cómo los dueños originales de esta cuestionada empresa lograron implicar en su estrategia a un grupo de aviadores militares y civiles.
Lamia es la sigla de “Línea Aérea Merideña Internacional de Aviación” creada en la ciudad de Mérida, Venezuela, por un empresario de oscuros antecedentes por sus vinculaciones con el narcotráfico. Se trata de Ricardo Alberto Albacete Vidal, cuyo negocio aéreo fracasó en Venezuela al descubrirse que es testaferro del conocido narcotraficante chino Sam Pa. Ambos, el venezolano y el chino, realizaban astronómicas inversiones para lavar dinero en España, hasta que el mafioso asiático hizo noticia mundial cuando el Partido Comunista Chino, en octubre del pasado año 2015, anunció su encarcelamiento, previa expulsión del partido, por sus comprobadas actividades de narcotráfico. Sam Pa comenzó a ser investigado y perseguido por las autoridades de Pekín desde el año 2014.
Tras la caída de su socio chino, Albacete comenzó a buscar nuevos refugios para sus inversiones y de ese modo llegó a Bolivia, país donde a través del ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana halló una fórmula para mantrener activa su casi quebrada empresa aérea. Quintana, sorprendiendo en su buena fe, convenció a un grupo de militares bolivianos crear la “filial” boliviana de Lamia, con una fórmula que el Ministro de la Presidencia boliviano suele aplicar en varios negocios que favorecen a sus financiadores electorales: Crear un el NIT (registro tributario) e inscribirse en Fundempresa aunque con capitales bajos, y del resto se encargan los invisibles “peces gordos”.
Para Quintana y Albacete era imprescindible “seducir” a los mejores pilotos de Bolivia. Sabían que el capitán Miguel Quiroga Murakami tenía dificultades laborales al no aprobarse los permisos que requiere EcoJet para operar en rutas internacionales y le ofrecieron hacerlo “socio accionista” del emprendimiento Lamia-Bolivia.
Los pilotos de la FAB son propietarios nominales de Lamia, pues los cuestionados aviones aún le pertenecen al venezolano Albacete. Lamia-Bolivia le alquila las naves a Lamia-Venezuela.
Aún nadie explica por qué los militares bolivianos aceptaron crear una empresa aérea boliviana con sigla venezolana. La explicación que da el propio Albacete linda en lo bizarro: “No somos accionistas ni empleados de Lamia Bolivia, sino de Lamia Venezuela; dejamos el mismo nombre para no perder la pintura del avión” según publicó Infobae.
Una vez más, el ministro Juan Ramón Quintana tiene mucho que aclarar al país sobre sus insanas influencias ejercidas. Sabemos que no lo hará, pues no hay prensa libre en Bolivia que le pregunte de manera abierta y directa sobre asuntos concretos de esta índole.
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