Data: julio 10, 2015 | 16:22
MISIÓN CUMPLIDA | "Soy un hombre perdonado por mis pecados", dijo al irse de Bolivia

Francisco, desde la cárcel de Palmasola, dejó un irrefutable mensaje de libertad y dignidad

El papa abandona la ciudad de Santa Cruz dirigiéndose al aeropuerto de Viru Viru. | Foto ABI

El Papa abandona la ciudad de Santa Cruz dirigiéndose al aeropuerto de Viru Viru. | Foto ABI

© Redacción Sol de Pando

«Reclusión no es lo mismo que exclusión, que quede claro», sentenció hoy el papa Francisco al reivindicar la necesidad de emprender reales programas públicos de reinsercisión social y terapias ocupacionales, mediante convenios interinstitucionales que incluyan a la Iglesia y a las Universidades, en beneficio de los miles de ciudadanos privados de libertad, recluidos sin sentencia y hacinados en las cárceles del país.

En uno de los actos más relevantes durante su última jornada en Bolivia, el papa Francisco cumplió la mañana de este viernes su visita al penal de máxima seguridad de Palmasola, en la ciudad de Santa Cruz, considerada una de las cárceles más sobrepobladas y violentas del país, donde la retardación de justicia y la corrupción organizada entre mafias minoritarias y autoridades penitenciarias, es el pan del día. El Papa instó a ahuyentar a los demonios de la cárcel de Palmasola poco menos de dos años después de la masacre de 35 reos de este penal.

Francisco recorrió parte del penal de Palmasola en un pequeño Papamóvil y también hizo un tramo a pie, donde los presos le dieron la bienvenida y agradecieron su presencia. Los presos le obsequiaron varios regalos al Sumo Pontífice, en su recorrido por el penal, cuyos pabellones albergan al menos a 3.500 reos, entre mujeres y hombres, en una edificación que tiene una capacidad máxima de 1.000 personas.

«El que está ante ustedes es un hombre perdonado, un hombre que fue y es salvado de sus muchos pecados; y es así como me presento, no tengo mucho más para darles u ofrecerles, pero lo que tengo y lo que amo, si quiero dárselos, si quiero compartirlo: es Jesús», fueron las primeras palabras dirigidas a  miles de reclusos que escucharon al Papa junto a sus familiares.

Analía Parada, recluida en el penal de mujeres le pidió entre lágrimas a Francisco que sea el portavoz de los presos para reclamar por las constantes violaciones a sus derechos y «la sordera» de los administradores de justicia del país, «que no aplican las leyes que nos benefician, convirtiendo la justicia boliviana en terrorismo jurídico». También pidió que se encaminen nuevas medidas de amnistía para las sentenciadas a 30 años de cárcel que hubieran cumplido la tercera parte de sus condenas, las mujeres de la tercera edad, embarazadas y con enfermedades terminales.

Por su parte, el recluso Leónidas Martín Rodríguez, de 43 años, aseguró que la violencia que existe en el penal alimenta el odio y el rencor de los reclusos y evita la implementación de un buen sistema de inserción social.  «El Estado es 100% responsable para la rehabilitación, para tener una buena reinserción social de los privados de libertad a la sociedad», urgió.

Finalmente, Andrés de Jesús Céspedes, condenado por homicidio, describió las agudas condiciones de hacinamiento que existen en el penal, cuyo desayuno, almuerzo y cena es financiada con menos de un dólar al día. «Te suplicamos padre que intercedas por nosotros para que el Gobierno nos ceda nuestros pedidos, nuestros pedidos de digna alimentación, programas de verdadera reinserción social para que no volvamos incurrir en nuestros delitos», remarcó.

Las cifras de monseñor Juárez

Asimismo, el obispo responsable de la Pastoral Penitenciaria, monseñor Jesús Juárez, calificó el viernes la retardación de justicia de escándalo y le informó al papa Francisco que ese flagelo estanca el 84% de los privados de libertad en los reclusorios hacinados al límite en Bolivia.

«Santo Padre debemos decirte que tenemos una iglesia comprometida, que es un escándalo en Bolivia la retardación de la justicia que hace que el 84 por ciento de las personas privadas de libertad, no cuenten con una sentencia ejecutoriada», puntualizó Juárezhabaalando en nombre de los más de 15.000 personas recluidas en las cárceles de Bolivia.

«El hacinamiento supera el 33 por ciento, entre otros hechos que mellan la dignidad humana, y coloca el cuestionamiento de los fines de la justicia y del régimen penitenciario, a lejos de condenar culpable o inocente», reflexionó Juárez. Pidió también al Vicario de Cristo sus oraciones para reflexionar a las autoridades nacionales y judiciales, para que resuelvan la problemática carcelaria del país.
«Llama la atención a las autoridades para den una atención a la problemática carcelaria, abre el corazón de la sociedad para una respuesta misericordiosa a la situación de las personas privadas de libertad», remarcó monseñor Juárez.

La respuesta de Francisco

La respuesta del sumo pontífice ante la realidad que observó en Palmasola fue contundente. Pidió a los reclusos y sus familiares vencer la injusticia y la corrupción tejiendo una gran red de solidaridad social y practicando la oración colectiva, no sólo individual. Sol de Pando transcribe a continuación un fragmento del sustancial discurso emitido por el Papa en el recinto carcelario, pocas horas antes de despedirse de Bolivia:

Gracias por recibirme (…). En la palabra de monseñor Jesús Juárez y en el testimonio de de los que han intervenido he podido comprobar que el el dolor no es capaz de apagar la esperanza en el fondo del corazón, y que la vida sigue brotando con fuerza en circunstancias adversas.

¿Quién está ante ustedes? podrían preguntarse. Me gustaría responderles con una certeza de mi vida, que me ha marcado para siempre: El que está ante ustedes es un hombre perdonado, un hombre que fue y es salvado de sus muchos pecados; y es así como me presento, no tengo mucho más para darles u ofrecerles, pero lo que tengo y lo que amo, si quiero dárselos, si quiero compartirlo: es Jesús, Cristo, la misericordia del Padre que vino a mostrarnos, a hacernos visible el amor que Dios tiene por nosotros. un amor activo, real, un amor que tomó en serio la realidad de los suyos,
un amor que sana, levanta, cura, un amor que se acerca y devuelve dignidad, una dignidad que la podemos perder de muchas maneras y formas.  Pero Jesús es un empecinado de esto, dio su vida por esto, para devolvernos la identidad perdida, para revestirnos con toda su fuerza de dignidad…

Pedro y Pablo, discípulos de Jesús, también estuvieron presos, pero hubo algo que los sostuvo, que no les dejó caer en la oscuridad del sinsentido, y fue la oración, fue orar. Oración personal y comunitaria. Ellos rezaron y por ellos rezaban, dos movimientos, dos acciones que generan entre si una red que sostiene la vida y la esperanza; nos sostiene de la desesperanza y nos estimula a seguir caminando. Una red que va sosteniendo la vida, la de ustedes y de sus familias.

La oración de las madres, de las esposas y esposos, la oración de los hijos, eso es una red, y la de ustedes que va llevando adelante la vida. Porque cuando Jesús entra en la vida, uno no queda detenido en su pasado, sino que comienza a mirar el presente de otra manera, con otra esperanza. Uno comienza a mirar con otros ojos su propia persona, su propia realidad; no queda anclado en lo que sucedió, sino que es capaz de llorar y encontrar la fuerza para volver a empezar.

Y si en algún momento estamos tristes, estamos mal, bajoneados, les invito a mirar el rostro de Jesus Crucificado. En su mirada todos podemos encontrar espacio, todos podemos poner junto a Él nuestras heridas, nuestros dolores, así como también nuestros errores , nuestros pecados, tantas cosas en las que nos podemos haber equivocado. ¡En las llagas de Jesús encuentran lugar nuestras llagas!  Todos estamos llagados de una u otra manera, y llevar nuestras llagas a las llagas de Jesús ¿para que?: para ser curadas, lavadas, transformadas, resucitadas. Él murió por vos, por mí, para darnos su mano y levantarnos… (…).».

La reunión con los reos de la cárcel fue la penúltima actividad que Francisco cumplió en esa ciudad del oriente boliviano. Después se reunió con los obispos de la Conferencia Episcopal antes de emprender viaje a Paraguay, la última parada de su gira pastoral por Sudamérica, región en la que ya visitó Ecuador.

El Papa abordando la nave que lo conducíría al Paraguay, tras el mediodía de este viernes. | Foto ABI

El Papa abordando la nave que lo conducíría al Paraguay, tras el mediodía de este viernes. | Foto ABI

La partida al Paraguay

Hacia las 13:15 hora local, el Sumo Pontífice abordó una aeronave de «Alitalia» en el Aeropuerto Internacional de Viru Viru, tras un recorrido en el papamóvil, en el que recibió una vez más el saludo y las oraciones de miles de personas que se arremolinaron en las calles y avenidas por donde pasó su vehículo.

En la terminal aérea fue despedido por el presidente Evo Morales, por el canciller David Choquehuanca, por el Gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas y las principales autoridades de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

La primera visita del Papa argentino a Sudamérica se produjo en julio del 2013, hace exactamente dos años, cuando visitó Brasil.

Presencia del papa Francisco en la Cárel de Palmasola | VIDEO

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