Data: octubre 23, 2019 | 10:48
EL CÓMPUTO CORROMPIDO PRECIPITA LA "VENEZOLANIZACIÓN" DE BOLIVIA | En las elecciones subnacionales de 2015 el Ministro de la Presidencia “volcó” la votación en el Beni con similar “método” al del reciente conteo nacional abruptamente modificado. El dilema planteado por la OEA es dramático: guerra civil o segunda vuelta...

ES QUINTANA QUIEN ARMÓ ESTE DESPUTE

Nicolás Maduro siendo recibido por Quintana cuando el venezolano llegó a Bolivia para celebrar el tercer mandato de Evo Morales, el 22 de enero de 2015. | Foto Aizar Raldes

© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando | Datos & Análisis
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GALERÍA | La guerra por la segunda vueltaAquella imagen que desde Riberalta recorrió el mundo con el monumento de Hugo Chávez siendo derribado de un modo similar a cuando en Bagdad cayó la estatua de Sadam Hussein, sintetiza la esencia del nuevo conflicto boliviano.

El guión no es nada nuevo. Si con su indolente tosudez los ultra-prorroguistas logran imponer el fraude alterando la base de datos del sistema de cómputos, nadie podrá acusar al régimen de dictadura, exhibirán los resultados torcidos como carta de incuestionable legalidad:

“Hemos ganado con una distancia contundente y clara al oponente”, dijo este miércoles el vicepresidente Álvaro García Linera que pretende ser por tercera vez reelegido en el cargo junto a Morales. Afirmación parecida suele repetir Nicolás Maduro mal-gobernando en Venezuela contra la voluntad de su pueblo después de un colosal fraude cometido en las elecciones de mayo de 2018, muy similar al que se está perpetrando estos días en Bolivia.

En Nicaragua es lo mismo. El tirano neo-estalinista Daniel Ortega, quien alegó que su eterna re-elección es un derecho humano —argumento que después usaron los titiriteros de Evo Morales para desconocer los resultados del referendum del 21 de febrero de 2016—, resulta re-elegido constantemente junto a su mujer como vicepresidenta, con amplios márgenes de “victoria” ante una oposición que no existe o es cordialmente funcional al prorroguismo.

Y en ambos casos, tanto en Venezuela como en Nicaragua, cualquier reclamo o resistencia callejera demandando una democracia real será aplastada por la fuerza armada y paramilitar, sangrientamente, y las cárceles se llenarán de jóvenes libertarios “pagados por la derecha neoliberal y el imperio”.

De pronto, en Bolivia ya estamos ingresando raudamente a ese escenario de “venezolanización” y “nicaraguización”. Nadie había imaginado que esta desgracia nacional se gestaría tan prematuramente en las propias urnas a las que la sociedad civil acudió el pasado domingo con espíritu festivo y de esperanzadora paz, en todos los bandos.

La venezolanización de Bolivia comenzó exactamente a las 20:10 horas del domingo 20 de octubre, cuando una mano negra interrumpió la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) que quedó inactiva durante 24 horas, y se reinició arrojando resultados diametralmente opuestos a los que se registraban antes de la interrupción del conteo.

A las 19:40 de aquel domingo, la TREP había alcanzado un 83,7% del cómputo marcando una tendencia nítida hacia la segunda vuelta electoral entre Carlos Mesa y Evo Morales.

Morales con el 43,9% de votos a su favor llevaba una ligera ventaja de 4,5 puntos sobre Mesa que iba por el 39,4%. Técnicamente no había posibilidad alguna de que esa tendencia pudiese variar substancialmente al avanzar el cómputo. La segunda vuelta para el 15 de diciembre era inminente. Hasta ese momento la democracia boliviana parecía gozar de buena salud,

Pero cuando se reanudó el cómputo de la TREP después de permanecer inactivo durante más de 20 horas, Morales apareció ganando con el 46,85% de votos contra 36,84% de Mesa, llevando una diferencia de 10,1 puntos, los necesarios para que el prorroguismo se declare vencedor sin necesidad de segunda vuelta.

Tal resultado era incongruente incluso con el cómputo que sobre el 100% de las actas había realizado la encuestadora Viaciencia, la única empresa autorizada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para realizar el conteo rápido de votos. Dicha encuestadora ratificó la segunda vuelta al verificar que Evo Morales obtuvo el 43,9 de votos frente al 39,4% de Mesa, con una diferencia entre ambos de apenas 4,5 puntos.

La maniobra de modificar los resultados de la TREP para ampliar la ventaja en favor del binomio García Linera-Evo Morales, que temen una segunda vuelta, escandalizó al país y a la comunidad internacional. Enfureció a la gente que salió a las calles para protestar cercando los centros de cómputo.

El fantasma de la guerra civil que azota a Venezuela y Nicaragua, se ha instalado en Bolivia mucho antes de lo esperado.

GALERÍA | La guerra por la segunda vuelta

Evo  Morales denuncia golpe de Estado contra su re-elección | VIDEO

La mano negra de Quintana

Dentro la misma nave de Lamia que se precipitó en el vuelo del Chapecoens. Quintana ordenó al Gobernador del Beni contratar un «vuelo promocional» con esa empresa para vincularla con el Gobierno de Evo Morales, después de las elecciones de 2015. | Foto internet

El proyecto neo-estalinista —del mismo cuño de Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua—, tiene un operador desvergonzado en Bolivia que hasta hace menos de un año fue embajador del país en La Habana. Si, él: Juan Ramón Quintana.

Es el principal estratega de este vergonzoso fraude, no cabe la menor duda. Es Quintana quien armó este despute, metiéndole mano a la TREP a través de sus “operadores” que infiltró en todo el aparato estatal.

Hace cuatro años hizo exactamente lo mismo: torció el resultado en las elecciones subnacionales del Beni haciendo que su candidato perdedor, Ferrier, gane estirando los votos cuando se ingresaba al 95% del cómputo oficial y hubo un abrupto “cuarto intermedio” en la web del Tribunal Supremo Electoral. El método fue el mismo que se aplicó la noche del domingo.

Recordemos que en las elecciones para Gobernador del Beni —29 de marzo de 2015— el candidato oficialista Alex Ferrier, promovido por Quintana, no logró vencer en primera vuelta con el margen requerido de 10 puntos a su principal contendiente, el opositor Carlos Dellien (la diferencia fue de 9,59 puntos, aunque inicialmente Dellien llevaba amplia ventaja en boca de urna), motivo por el cual resultó inminente la segunda vuelta que se realizó el 3 de mayo de ese año.

En la segunda vuelta, el candidato opositor iba ganando con una diferencia de 87 votos cuando el conteo llegó al 94,64% de la votación.

Cuando faltaba apenas un 5,36% de las actas para finalizar el conteo, el tribunal electoral del Beni, cuyos miembros fueron designados bajo influencia directa de Quintana, declaró un cuarto intermedio con el pretexto de que faltaban actas por llegar de las provincias, la transmisión instantánea de datos quedó paralizada durante esa noche y al día siguiente Ferrier apareció como abrupto ganador.

Ese estilo de maniobras típicas de Quintana para torcer los resultados electorales le permitió al Ministro de la Presidencia tomar control territorial del Beni —como pretendió infructuosamente en Pando después de la masacre de Porvenir—, y a partir de entonces las provincias del Beni volvieron a convertirse en nidos del narcotráfico, pues el Ministro de la Presidencia es padrino político de narcotraficantes herederos de Banzer, Arce Gómez y García Meza que se han apoderado no sólo de la gobernación del Beni y los municipios benianos, sino también del poder judicial, de la policía y las fuerzas armadas, en una región usada como puente para la cocaína peruana que llega al Brasil pasando por los peajes de Quintana en aquella zona fronteriza.

No fue casual que la aerolínea Lamia, propiedad del estafador venezolano Ricardo Albacete y del narcotraficante chino Sam Pa, amigos del Ministro de la Presidencia, pocos meses después de aquellas elecciones hiciera un vuelo inaugural en el Beni bajo el auspicio del “victorioso” gobernador Ferrier, con la presencia “estelar” de Evo Morales (y Quintana frotándose las manos).

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¿Comienza la venezolanización de Bolivia?

Sorprende constatar que la venezolanización del país, mediante las maniobras neo-estalinistas de Quintana, estaba latente como un resultado fraudulento de las urnas.

Abruma descubrir que ese era el plan: torcer los resultados a vista de todo el mundo para precipitar una reacción popular y convertir las calles en un escenario de guerra donde las fuerzas “revolucionarias” del narco-estalinismo librarán una batalla final contra “la derecha neoliberal y el imperio” incrustados en la sociedad civil.

Del acto corrupto que supuso alterar los datos electrónicos de la TREP, se pasa a la victimización de los prorroguistas. Evo Morales, siguiendo sumisamente el guión que le dicta Quintana, ha declarado hoy que en Bolivia “se gesta un golpe de Estado propiciado por la Embajada norteamericana” para escamotear su presunto triunfo en primera vuelta.

Mientras las calles del país se caldean minuto a minuto (en Cochabamba se espera la llegada de miles de cocaleros que se dirigen a la ciudad para tomar la plaza principal en rechazo a la segunda vuelta), y mientras la aparición de urnas secuestradas en viviendas particulares, maletas halladas en las calles con boletas pre-marcadas a favor de Morales y otras irregularidades que develan la extrema desproligidad con que el TSE administró las elecciones del domingo, el dilema nacional ya está instalado dramáticamente: guerra civil o segunda vuelta.

La estrategia perversa del Ministro favorito de Evo Morales consiste claramente en pasar de la gresca electoral consumando el fraude para darle un toque de “legalidad” al forzado prorroguismo, a un combate callejero con despliegue letal de violencia “revolucionaria” y “anti-imperialista” para “legitimar la incuestionable victoria del hermano Evo en las urnas”.

A la estrategia de Quintana son funcionales algunas corrientes también violentas, fascistas y racistas (el cartel del silencio cómplice), que rodean al candidato opositor Carlos Mesa, un representante del señorío burgués boliviano a quién se lo considera un “mal menor” para sofrenar la arrechera prorroguista en los entornos de Evo Morales.

Y el drama se internacionalizó. Estados Unidos ya metió sus narices en el asunto dando lugar a que los neo-stalinistas bolivianos al mando de Quintana aleguen que la democracia boliviana está siendo presa del “intervencionismo yanqui”.

De hecho, el dictador venezolano Nicolás Maduro hizo suya la denuncia de Morales sobre la supuesta gestación de un golpe de estado en Bolivia propiciado por el gobierno de Estados Unidos y se refirió a Evo como “presidente reelecto, legítimo y constitucional”.

En caso de que el fraude se imponga en Bolivia a partir de la tosudez estalinista, el siguiente paso será gestionar el reconocimiento de países de la órbita autoritaria como Rusia, China, Turquía, Irán y las dinastías africanas de viejo cuño estalinista. Después de ello, sálvese quien pueda.

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La opción de la OEA por la segunda vuelta

GALERÍA | La guerra por la segunda vueltaEl martes, la presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), María Eugenia Choque, convocó a una conferencia de prensa para declararse víctima del “acoso” opositor. Protestó por los incendios de las oficinas electorales en todo el país, estuvo a punto de llorar ante la creciente ola de violencia, dijo que “no tiene nada que ocultar” pero en ningún momento aclaró por qué motivos y bajo instrucciones de quién se interrumpió abruptamente el conteo del TREP la noche del domingo.

Evo Morales, siempre siguiendo el guión mañoso de Quintana, salió en defensa de Choque afirmando que los opositores “no la quieren porque es mujer e indígena”.

El mismo martes presentó su renuncia el vicepresidente del TSE, Antonio Costas, en protesta por la interrupción de la TREP sin que él hubiese sido informado ni consultado. Reveló que esa irregularidad fue cometida con el pretexto de una supuesta amenaza de hackeo de la cual habría alertado una empresa contratista, no identificada por Costas, encargada de la seguridad electrónica del sistema.

Tras la renuncia de Costas, que los observadores internacionales calificaron como “alarmante”, se desató una ola de dimisiones de personal técnico del órgano electoral virtualmente desmantelado en medio de las convulsiones.

Los veedores de la Unión Europea y de la Organización de Estados Americanos (OEA) no tardaron en pronunciarse ante el evidente y radical cambio en el rumbo del cómputo.

Un comunicado emitido la noche del lunes por la misión observadora de la OEA llamó la atención que el TSE hubiese dejado de divulgar los resultados preliminares con más del 80% de las actas escrutadas. “24 horas después, el TSE presentó datos con un cambio inexplicable de tendencia que modifica drásticamente el destino de la elección y genera pérdida de confianza en el proceso electoral» afirma sin ambages la OEA.

La misión ya había observado anteriores dolos del Gobierno en el proceso electoral, como el abusivo uso de recursos estatales con fines de proselitismo, que según testifica la OEA supuso “inequidad evidente” entre las candidaturas. “Ha sido notorio el uso de recursos públicos durante la campaña”, sentencia el pronunciamiento.

En el mismo documento, la misión de la OEA anunció que emitiría “un informe con recomendaciones de cara a una segunda vuelta».

En respuesta, el canciller boliviano Diego Pari desafió a la OEA proponiéndole efectuar una auditoría técnica sobre las actas de votación en cada mesa. Desde Washington, el presidente de la OEA Luis Almagro aceptó ayer la propuesta de Pari a condición de que los resultados de la auditoría sean “de carácter vinculante para las partes actuantes en el proceso”.

En su carta, Almagro le reitera a Pari que la misión de la OEA en Bolivia “se ha comprometido a brindar un informe con recomendaciones de cara a una segunda vuelta”.

Finalmente en la jornada de este miércoles dicha misión del organismo interamericano emitió el anunciado informe, enarbolando la segunda vuelta como única alternativa de solución a la crisis pos-electoral que tiene tensamente paralizado al país.

La OEA recomienda que de todos modos se proceda a una segunda vuelta, “aunque la diferencia entre el primer y segundo candidatos supere el 10%, ya que la diferencia será ínfima”.

El jefe de la misión Manuel Gonzáles, ex Canciller de Costa Rica, presentó el documento donde se afirma que “en estos momentos, con el 96,78% de las actas, el cómputo definitivo marca una diferencia del 9,48% entre los binomios más votados, lo que de mantenerse significaría una segunda vuelta. En el caso de que, concluido el cómputo, el margen de diferencia sea superior al 10%, estadísticamente es razonable concluir que será por un porcentaje ínfimo. Debido al contexto y las problemáticas evidenciadas en este proceso electoral, continuaría siendo una mejor opción convocar una segunda vuelta”.

El gobierno no ha respondido aún a esta propuesta contundente de la OEA para salir de la crisis por el camino de la segunda vuelta, mientras el cómputo oficial se aproxima al 100% de las actas escrutadas.

El país está en vilo.

Entretanto Quintana debería renunciar a su loco afán prorrogista. Y aunque es algo tarde, bien haría Evo Morales liberándose de tan destructiva influencia en su entorno íntimo.

Una segunda vuelta con Quintana moviendo los hilos desde el Ministerio de la Presidencia, será la derrota inminente y definitiva de Morales. Lo más probable es que nunca llegue dicha segunda vuelta.

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POST-DATA | La responsabilidad de Carlos Mesa en la actual crisis

Independientemente de la necesidad nacional de impedir que el fraude armado por Quintana se imponga, aún a costa de la sangre que podría correr en tal empeño, no debemos soslayar que Carlos Mesa es co-responsable de esta crisis. Esa sangre también manchará su conciencia.
Si Mesa no habría actuado con la mezquindad y la sinuosidad que le llevaron a precipitar unilateralmente su candidatura después de su fracaso en La Haya destruyendo la unidad y cohesión de las plataformas del 21F, la oposición unida habría barrido a los prorroguistas fácilmente con más del 60% de la votación, incluso con el propio Mesa como candidato de esa unidad que él mismo se encargó de desmantelar.
Pero ahora Carlos Mesa es tan causante como lo son Evo Morales y su Ministro favorito de este despute que enfanga al país en el dilema de la guerra civil o la segunda vuelta.
Coincido con Alfie Mansilla cuando afirma que este es el costo que nos hace pagar Mesa por haber lanzado su candidatura egoísta y sectaria pretendiendo monopolizar el discurso opositor a costa de provocar la dispersión del voto y la fragmentación del 21F, lo cual en el balance final nos llevó a este escenario ventajoso para el prorroguismo narco-estalinista.
En una entrevista con Sol de Pando publicada antes de su fracaso en La Haya, Carlos Mesa juraba que jamás sería candidato si García Linera y Evo Morales persistían en su ilegal repostulación. Pero después de La Haya hizo exactamente lo contrario.
La historia lo juzgará. (WGM).
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