Data: septiembre 5, 2018 | 19:56
HISTORIA DEL JAZZ EN COCHABAMBA | Antes de darse a conocer con Jazz Internacional, Drazen Stahuljak había experimentado unas alucinantes fusiones bajo influencia de don Florentino Rojas, un discípulo del riguroso Teófilo Vargas...

Tunari Jazz, “con permiso y pidiendo perdón a todos los folcloristas”

El histórico primer concierto de jazz fusión en el Centro Boliviano Americano (CBA) de Cochabamba, 1976. La banda dirigida por Drazen Stahuljak junto a Jaap van Koegelenberg, Nelson Peñaranda, Javier Caballero, Ronald Martínez y Kurt Ritter, incorporó al saxofonista de cuecas Wenceslao Garnica. | Foto Archivo Sol de Pando

© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando  © Artículo publicado originalmente en Los Tiempos, 30 de noviembre, 2008
A la memoria de Carlos Salazar Chazarreta |

Precursores del jazz cochabambino: Luis Mejìa, Rafael Rojas, Javier Caballero y Dennis Lacunza con Drazen Stahuljak. Luego se sumarían a esta vanguardia el baterista argentino Carlos Salazar Chazarreta y el guitarrista Luis Pérez Ferrufino. | Foto Archivo Sol de Pando

La necesidad de conservar las virtudes acústicas de la música tradicional boliviana creada por maestros como Simeón Roncal, empujó a los más talentosos intérpretes a recalar en las tibias aguas del jazz, ya en los años 40. Esta inclinación se profundiza en músicos con fuerte influencia academicista legada por genios de la partitura como Teófilo Vargas, hasta plasmarse en los primeros conciertos de Johnny González en La Paz o Drazen Stahuljak en Cochabamba.

Sabido es que Johnny González organizó y protagonizó en La Paz, en mayo del 68, el Primer Festival de Jazz incorporando un repertorio con acompañamiento de charangos, zampoñas y quenas. Así nació el famoso disco Jazz a 4.000 Metros de Altitud . En 1967, Gonzáles ofreció un recital ejecutando una tonada chapaca en ritmo sincopado, “La Cacharpaya del Indio”, a la vez que purgaba su culpa diciendo por el micrófono: “Con permiso y pidiendo perdón a todos los folcloristas“.
 

El concierto de Jazz Internacional en la casa de la Cultura de Cochabamba, también en 1976. Grupo ampliado con la participación de Ronald Martínez en el saxo tenor, Miguel Jiménez saxo alto y Jean Claude Levatón en el piano. | Foto cortesía Drazen Stahuljak

Por su parte en Cochabamba, en 1976, Drazen Stahuljak incorporaba en su banda al saxofonista nativo Wenceslao Garnica (de la misma onda de Macario Pinto y Delfín Sejas, maestros de la cueca valluna), junto a Javier “Pajarito” Caballero en la batería  y Nelson Peñaranda Bach en la trompeta. También colaboraban con el grupo el saxofonista holandés Jaap van Koegelenberg, que era un profesor del Instituto Tecnológico de Cochabamba, y el contrabajista alemán Kurt Ritter. La banda denominada “Jazz Internacional” debutó ese año en el Centro Boliviano Americano (CBA).

 
Posteriormente la banda ofreció un concierto en la Casa de la Cultura incluyendo en el ensable al pianista Jean Claude Levatón y a los saxofonistas Miguel Jiménez y Ronald Martínez.
 
En la vía abierta hacia la fusión, resultó que con Wenceslao Garnica se podía ejecutar composiciones de Teófilo Vargas, Simeón Roncal o de los hermanos Albornoz, que Stahuljak ya había ensayado en la década de los 60. Bajo tal influjo el músico croata había compuesto un blues derivado del yaraví al cual tituló “Puma Punku“. Resulta que antes de darse a conocer con Jazz Internacional, Drazen Stahuljak había experimentado unas alucinantes fusiones bajo la influencia de don Florentino Rojas, un fiel discípulo del riguroso Teófilo Vargas.

Recuerdos de La Banda Tunari Jazz

En la década de los 60, Florentino Rojas dirigió la banda Tunari Jazz y se aferró a este ritmo, según relata su hijo Rafael Rojas, como una forma de resistir la irrupción de instrumentos electrónicos que comenzaron a liquidar las virtudes acústicas de la música tradicional valluna. Stahuljak había sido miembro de Tunari Jazz y de esa época conservaba una partitura de “Oh Cochabamba Querida“, en arreglo de blues, que le había obsequiado Florentino Rojas.

Esta línea de los padres del Jazz Andino terminó desplazada por un fusionismo light, un seudo jazz mercantil y neoliberal a lo Bebo Silvetti que mi esposa Lidia (alma bendita), fanática por igual de Bolivian Jazz y Luzmila Carpio, solía decir que suena con un sabor muy “k’aima lala“.

El disco “Jazz a 4.000 metros de de altura” de Johnny Gonzáles, 1976 | VIDEO-AUDIO

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