LA GESTA DE BRUNO RACUA

Bruno Racua, indígena guerrero amazónico que con su arco y su flecha permitió la victoria boliviana en la Batalla de Bahía, aquel 11 de octubre de 1902, protagonizó una de las más bellas gestas que salvó a la actual ciudad de Cobija de su anexión al Brasil…

© Silvia Antelo Aguilar

El 7 de agosto de 1902, el miliciano brasileño José Plácido de Castro proclamó la “independencia del Acre” dentro el territorio boliviano. Luego aquellas tropas invasoras, que se definían a sí mismas como “revolucionarias” (la historia oficial brasileña registra este episodio histórico como “Revolución del Acre”) atacaron y saquearon las barracas de los industriales gomeros bolivianos. El plan brasileño consistía en apoderarse de los ricos gomales del noroeste, tomando el Puerto de Bahía y la Barraca Porvenir, situados en la margen izquierda del río Tahuamanu, para luego alcanzar los ríos Manuripi y Madre de Dios.

Según el educador Adonay Dorado, el 4 de octubre de 1902 el pionero colonizador cruceño Nicolás Suárez Callaú organiza la defensa de sus barracas ante la penetración de los brasileños, conformando el grueso de la Columna Porvenir en la localidad del mismo nombre en base a los peones siringueros de las barracas, en su mayoría indígenas de la etnia Tacana que habitan estos bosques amazónicos.

La Batalla de Bahía hizo posible Cobija

El 9 de octubre la columna partió de la localidad de Porvenir a Bahía (hoy Cobija) junto a los capitanes militares Federico Román, Ignacio Paz, Gonzalo Moreno y Manuel María Tobar, llegando el 10 de octubre para iniciar la batalla hasta el día siguiente.

Al amanecer del 11 de octubre de 1902 las fuerzas del Ejército brasileño conformadas por más de cinco mil hombres y dirigidas por los coroneles José Galindo y Antúnez de Alencar, se toparon con la “Columna Porvenir” a una distancia de 500 metros, en la margen opuesta al arroyo Bahía. Iniciado el combate, según el testimonio de Suárez, “el ixiameño Bruno Racua lanzó flechas incendiarias que quemaron el barracón con bolachas (trapos empapados con kerosén)”.

El incendio causado por las flechas de Racua obligó a los brasileños a huir, dejando en Bahía 57 muertos, frente a uno sólo del bando boliviano, lo cual evitó una mayor pérdida territorial para Bolivia, causada por las dos guerras del Acre. Bolivia conservó Bahía, hoy Cobija, y Brasil se quedó con 190.000 kilómetros cuadrados en la otra orilla del río Acre.

Federico Román y Bruno Racua

“Amanece el 11 de octubre y desde muy temprano los civiles y militares bolivianos, acompañados por los flecheros, se ubicaron en un lugar estratégico, acercándose lo más pronto posible al contingente invasor”, narró Adonay Dorado, agregando que “el capitán Federico Román, cumpliendo órdenes de Nicolás Suárez, instruyó a Bruno Racua que se prepare y apunte sus flechas hacia el techo del galpón, con tan buena puntería que una saeta dio en el blanco, causando el terror entre sus ocupantes”.

Según el historiador Floren Sanabria, mientras los integrantes de la Columna “Porvenir” se encontraban protegidos por la maraña de la selva, los enemigos estaban refugiados en galpones de madera cubiertos de palmas. “Surgió entonces la idea de lanzar flechas incendiarias sobre los galpones enemigos. La tarea fue encomendada a los soldados indígenas que provenían de Ixiamas, expertos en el manejo de flechas de caza. El héroe de esta jornada fue el tacana Bruno Racua, ya que cuando su dardo cayó en uno de los galpones provocó un gran incendio, como consecuencia, los enemigos abandonaron sus refugios replegándose hasta la población de Xapurí, en una fuga veloz”.

Adonay Dorado confirma ese dato histórico: “Eran las 12 del día de aquel 11 de octubre, cuando los brasileños tuvieron que huir presas del pánico y cruzar a nado el río Acre, siendo perseguidos por los bolivianos hasta el lugar conocido como Xapurí”.

El Acre en la sangre

Héroes de la Distancia, del Acre al Chaco

El 6 de agosto de 136, aquellos jóvenes que marcharon voluntariamente y por cuenta propia miles de kilómetros desde el Acre hasta el Chaco, sin ser convocados, para defender su alejada patria en la nueva conflagración, vuelven de la guerra para entregar la bandera que hicieron flamear frente a las tropas paraguayas. Son los bien llamados Héroes de la Distancia.  Tal, la generosidad patriótica de un pueblo que no se pregunta qué le da su país, sino qué puede darle a su país: su sangre y su vida.
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