Data: septiembre 11, 2019 | 16:56
UN COCHABAMBINO EN MANOS DE PINOCHET | Se había refugiado en Chile huyendo de la dictadura de Banzer; pero tras la caída de Allende con el golpe del 11 de septiembre, Jorge Ríos Dalenz quedó en la mira del naciente Plan Cóndor. En 1998 García Mérida obtuvo testimonios reveladores de aquella tragedia...

RÍOS DALENZ, PRIMER MÁRTIR DEL PLAN CÓNDOR

Entre los torturados en el estadio de Santiago tras el golpe de Pinochet se hallaba el boliviano Jorge Ríos Dalenz, primera víctima del Plan Cóndor. | Fotomontaje Sol de Pando

© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando © Artículo publicado en Los Tiempos, Cochabamba, noviembre de 1998. Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor, Madrid, 31 de diciembre de 1998
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Jorge Ríos Dalenz fue uno de los fundadores del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) en la clandestinidad. | Foto archivo Sol de Pando

El 11 de septiembre de 1973 las nubes se tiñeron de sangre, el cielo se cubrió con un manto de terror y una furia desatada por fuerzas desprovistas de toda razón hizo llover muerte sobre las calles de Santiago.

El corto verano democrático-socialista que atraía las entusiastas miradas de un mundo desengañado por el totalitarismo soviético, se interrumpió violentamente ante la tormenta fascista más devastadora que se recuerda en la historia latinoamericana.

A diferencia del golpe de Banzer en Bolivia dos años antes, suscitado por una crisis de legitimidad que la desorientada Asamblea del Pueblo no pudo superar, el putsch de Pinochet buscaba aplastar un sistema democrático formal —con sus variantes electorales y parlamentarias— que se profundizaba bajo la conducción del presidente Salvador Allende hacia un modelo socialista sin romper los marcos constitucionales. El golpe de Pinochet fue inversamente proporcional a la magnitud del proyecto democrático y constitucional que se gestaba bajo el gobierno popular de Allende.

«El toque de queda comenzaba a las cinco de la tarde y terminaba a las diez de la mañana del día siguiente» —recuerda doña María Rosario Galindo de Ríos—. «El fluído eléctrico solía interrumpirse y habían noches en que los habitantes de Santiago quedábamos inmovilizados en nuestras casas, totalmente a oscuras».

Rosario Galindo era la esposa de Jorge Ríos Dalenz, uno de los líderes y fundadores más esclarecidos del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), quien había huído de la dictadura de Banzer tras el golpe de 1971 para buscar refugio, desterrado, en el Chile democrático de Allende. Los esposos Ríos Galindo llegaron a Santiago en octubre del 71 con sus hijos de ocho y nueve años.

Primera víctima de la operación Cóndor

Pinochet le propuso a Banzer el nombre de «Plan Cóndor» para el exterminio de militantes izquierdistas en Sudamérica. | Foto archivo Sol de Pando

No habían transcurrido ni 24 horas del sangriento golpe encabezado por Pinochet aquel 11 de septiembre, cuando, a las 10 de la mañana del día 12, decenas de soldados chilenos irrumpieron en el edificio donde Ríos Dalenz vivía con su familia.

Recuerda la esposa:

«Vimos llegar las patrullas por la calle Seminario. Vivíamos en el sexto piso de un edificio ubicado en esa zona. Jorge pensó que semejante despliegue militar tenía el fin de detener a personas que estaban directamente relacionadas con el gobierno de Allende, algunos de ellos eran nuestros vecinos. Ni se imaginó que el objetivo era nadie más que él».

Juan Mario Ríos Galindo era un niño de ocho años cuando vio por última vez a su padre en manos del ejército chileno:

«Mi hermano Jorge Eduardo y yo jugábamos fulbito en el pasillo de nuestro departamento cuando vimos llegar a los soldados. Subieron al piso y gritaban el nombre de mi padre buscándolo. Un militar me preguntó si yo sabía dónde estaban las armas que supuestamente mi papá escondía en la casa… Ese día nos visitaba Susy Requena, quien nos ocultó en nuestro dormitorio y nos leía un cuento mientras detenían a mi padre. Lo bajaron y lo pusieron en un jeep sin capot, yo lo miraba sentado desde una ventana y me hizo un gesto diciéndome chau con las manos. Fue la última vez que lo vi».

Juan Mario está convencido que la detención y el posterior asesinato de su padre fue resultado de una acción articulada entre las dictaduras de Banzer y Pinochet.

«Mi padre no hacía gran actividad militante en Chile. Estaba más dedicado a mantenernos y estudiar Ciencias Políticas en la FLACSO. Pero en Bolivia estaba fichado en una lista negra como fundador del MIR. Lo curioso es que dos días después de su detención, nuestro departamento fue allanado nuevamente por policías chilenos que buscaban a mi padre junto a otros dirigentes izquierdistas que vivían en el mismo edificio…».

Eso muestra que habrían dos niveles de inteligencia en la represión, uno externo y otro interno. El primero correspondía a lo que se conocería luego como la «Operación Cóndor» (un pacto de dictadores para aniquilar el «extremismo internacional»), cuya primera víctima fue este cochabambino asesinado en Chile.

«No nos permitieron repatriar sus restos»

El Estadio Nacional de Chile se convirtió en un campo de concentración donde se torturó y asesinó tras el golpe del 11 de septiembre. | Foto archivo Sol de Pando

Juan Mario Ríos Galindo:

«Cuando fuimos mi madre, mi hermano y yo a buscar a mi papá en el estadio de Santiago; nos confundimos con una multitud que intentaba ver a sus familiares presos. No nos dejaban entrar. Todo el estadio estaba cercado por un regimiento militar y miles de policías. Dentro estaban los prisioneros de Pinochet. Parecía que allí había un gran partido de fútbol. La gente rebalsaba. No pudimos dar con él…

Muchísimos años después conversé largamente con un arquitecto boliviano, de apellido Cardozo creo, quien vendía salteñas en Santiago y fue detenido bajo sospecha de colaborar con la izquierda. Fue llevado a un coliseo como el de la Coronilla, no al estadio, y allí se encontró con mi padre al atardecer del 13 de septiembre. Estuvieron sentados juntos en las graderías y luego los separaron. A las dos de la mañana del 14 de septiembre, el arquitecto, con otros presos, fue obligado a permanecer boca abajo en las puertas de un camarín y llegó a ver a mi padre que era conducido hacia ese sótano. Poco después, un prisionero chileno se acercó al arquitecto y le reveló que su amigo boliviano, mi padre, estaba muerto. Es la única versión que tenemos acerca de las últimas horas con vida de mi padre. Creemos, en base a ese testimonio, que murió el 14 de septiembre de 1973, dos días después de su detención».

Rosario Galindo de Ríos:

«Era domingo, unos cuatro días después de la desaparición de mi esposo. Mis hijos y yo fuimos invitados a almorzar por un familiar y convenimos vernos con él en un parque próximo a nuestro departamento. Cuando nos disponíamos a salir vino Carmen Pereira trayéndonos la noticia. Tonchy Marincovic le había comunicado que un médico chileno, amigo suyo, vio el cadáver de Jorge en el Instituto Médico Legal. Me apresuré en dejar a mis hijos con una amiga y fui presurosa a la morgue. Estaba a punto de desvanecerme.

En el Instituto Médico Legal habían miles de cadáveres amontonados en varias habitaciones. Miles. Habían jóvenes, ancianos, mujeres. Hallé a mi esposo entre ese montón de muertos con la cara amoratada, aunque era reconocible. Tenía la misma ropa del día en que se lo llevaron, una camisa blanca toda teñida de sangre. Tenía una clavícula fracturada y las rodilleras del pantalón desgarradas, con las rodillas descubiertas.

Doña Neiza Landívar de Arze, la suegra de Toño Araníbar, me ayudó en los trámites para recuperar el cuerpo de Jorge. Lo cremamos para facilitar su repatriación y tenía sus cenizas guardadas en una latita todo el tiempo en mis manos.

Esos días el gobierno del general Banzer mandó una ayuda de víveres a Pinochet en un avión que llegó de La Paz. Algunos amigos presionaron para que mis hijos y yo pudiésemos retornar a Bolivia en ese avión. Nos prohibieron traer cartas o encomiendas. Subimos casi sin equipaje. En el aeropuerto, un militar de apellido Quiroga Terán impidió que suba al avión las cenizas de mi esposo, me decía que por órdenes superiores. Un tío mío, Don Alfredo Galindo Quiroga, se encargó algún tiempo después de hacer llegar los restos a Cochabamba…».

Su única arma era la honestidad

El golpe del 11 de septiembre fue uno de los más violentos y sanguinarios en la historia latinoamericana. | Foto archivo Sol de Pando

Jorge Ríos Dalenz tenía un carisma innato. Quienes lo conocieron coinciden en describir a un joven con gran fortaleza física y moral. Sus actividades abarcan escenarios donde derrochaba energía a caudales y creaba ámbitos agradables y positivos.

Nació en Cochabamba el 25 de julio de 1941, estudió en el Colegio La Salle donde se destacó como un gran deportista, era un campeón del basketbol. Estudió Odontología en la Universidad de San Simón, y aunque egresó con las mejores notas la pasión política y los ideales del cambio social lo atraparon como a miles de jóvenes de su generación.

Don Mario Mercado Rocabado fue uno de sus mejores amigos:

«Fui mayor que él con un par de años y lo conocí cuando hacía sus primeros cursos de Odontología, yo formaba parte del FRUC, el frente universitario de los jóvenes demócrata-cristianos cuya guia era entonces el padre Lorenzo Pérez».

Junto con Antonio Araníbar, Alfonso Ferrufino, Alfonso Camacho y otros universitarios católicos, Ríos Dalenz convirtió al FRUC en una punta de lanza de jóvenes que se rebelaron contra sus dirigentes del Partido Demócrata Cristiano y formaron el PDC-Revolucionario.

En 1969 Ríos Dalenz fue presidente de la Confederación Universitaria Boliviana (CUB) y desde esa palestra fue el artífice, junto con Araníbar, para articular lo que sería pronto el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR).

«Creo que el auténtico líder que tuvo el MIR fue Jorge Ríos Dalenz, era él quien estaba destinado a ser el jefe nato de ese partido y creo sinceramente que lo habría hecho mejor que Jaime Paz», opina el doctor Fernando Peña, un condiscípulo lasallista de Ríos y compañero de equipo en las lides del basket.

Según Mario Mercado, fue Ríos Dalenz quien invitó a Jaime Paz a integrarse al MIR. «Hay un grupo interesante de marxistas independientes, encabezados por un ex seminarista, que desean sumarse al proyecto, me informó una vez Jorge. Yo no estuve de acuerdo con ese ingreso. Jaime Paz me daba mala espina», revela Mercado.

A pesar de su pasión por la política, Ríos Dalenz jamás perdió el sentido del humor. «Era un gran cuequero» —recuerda su esposa— «Todas las chicas se morían por bailar con él».

«Cuando llegó Pelé con el Santos para jugar contra Strongest, mi padre movió cielo y tierra, convenciendo a Jorge Gumucio para que mi hermano y yo entremos a la cancha como mascotas del 31 de Octubre, que jugaba en preliminar, y de ese modo pudimos ver, saludar y tocar al Rey Pelé. Esas alegrías solía darnos Jorge Ríos Dalenz, nuestro padre».

Testimonos de una calidad humana

Fernando Peña:

«Fuimos amigos desde el colegio, somos bachilleres del 59, y compartimos tiempos que jamás olvidaré especialmente en memorables jornadas de basket.

Jorge Ríos Dalenz era una persona que reunía los más nobles atributos humanos y era muy inteligente. Fue el abanderado del colegio junto con otros destacados lasallistas de nuestra generación como lo fueron Ricardo Mitre, un médico que actualmente radica en Pitsburg, y el ingeniero Gonzalo Claure, uno de los mayores expertos agrónomos del país en materia de tubérculos.

Tenía un gran sentido del humor. Poseía tal talento que imitaba espectacularmente a los Glober Troters, esos negros que maravillaban con el balón de basket. Hacía las delicias de las chicas que iban a vernos jugar en el colegio. Fuera de la cancha y de las lides políticas, bailaba rock and roll y cueca como nadie».

Mario Mercado Rocabado:

«Era un dirigente nato y un gran polemista. Le gustaba empaparse del pensamiento político moderno y ello le llevó a buscar una opción política de trabajo por los pobres en base a la fe cristiana y los instrumentos que brindaba el marxismo científico.

Como dirigente universitario se destacó porque sus gestiones trascendían la politización y fortalecían los aspectos académicos.

Cuando llegó a La Paz como dirigente de la CUB y comenzó a gestar la fundación del MIR, se enfrentó contra periodistas consevadores como Daniel Alvéstegui, quien criticaba a Jorge de promover el comunismo entre la juventud. Los enemigos de las ideas que Jorge postulaba invocaban la participación del ejército para restituir los principios de ‘Dios, Patria y Hogar’. Y esos principios se convirtieron en golpes de estado y en regímenes como los de Pinochet que terminaron con la vida de Jorge».

Guido Ovando:

«Jorge Ríos Dalenz era la estrella del Club Andino, el equipo de basket con el que fuimos campeones varias veces. Hacíamos un gran equipo con Fernando Peña, Jorge Torrico, Oscar Avila y Chino Navarro, quien murió en Teoponte. Nuestro grupo se movía bajo la tutela de don Yesir Aramburo, todavía en las épocas de una gran rivalidad entre el Andino y el Club Salamanca.

El era un auténtico líder. Cierta noche, cuando perdimos un partido en la cancha municipal, salimos terriblemente iracundos y se nos ocurrió romper un cartel en la calle y la policía nos sorprendió. Lo primero que hicieron los guardias fue inmovilizar a Jorge, debido a su estatura.

Era una persona que se desenvolvía con soltura y suavidad en cualquier ambiente. Tenía un carisma muy especial».

Remo di Natale:

«Era un muchacho dinámico, inquieto, muy creativo. Lo conocí durante una reunión del Partido Demócrata en Potosí, donde la fracción a la que él pertenecía junto con Adalberto Kuajara y Antonio Araníbar cuestionaba nuestra línea.

Estos jóvenes estaban muy influídos por la experiencia guerrillera del Che Guevara y fueron muy duras las polémicos que entablamos con ellos en el PDC.

Su muerte fue uno de los grandes crímenes cometidos por la dictaduram tanto más excecrable contra un líder joven lleno de ilusiones.

Jorge Ríos Dalenz fue asesinado en un país que no era el suyo. Mal puede entonces el ex dictador Pinochet plantear el tema de la extraterritorialidad en el juicio que le espera, si su gobierno mató en su país gente extranjera sin ningún derecho a defensa, como fue el caso de Ríos Dalenz…”.

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