Data: agosto 9, 2012 | 1:35

Un libro imprescindible sobre la historia Pacahuara

El libro transcribe, analiza e interpreta las crónicas de viaje, iniciadas en 1795, por el misionero Francisco Xavier Negrete hacia el norte amazónico boliviano, donde halló que una etnia dominante, la nación Pacahuara, ejercía una presencia determinante en los bosques selváticos de Bolivia…
© Wilson García Mérida
En noviembre del año 2009, el Instituto Latinoamericano de Misionología de la Universidad Católica Boliviana (UCB) publicó un libro fundamental para conocer la raiz histórica del drama Pacahuara.
“La reducción imposible: Las expediciones del padre Negrete a los Pacaguaras (1795-1800)” es el título de aquella obra que forma parte de una brillante trilogía en la colección “Scripta Atochtona” editada por el referido instituto de la UCB.
Los autores son tres antropólogos de prestigio internacional: los profesores argentinos Diego Villar y Lorena Córdova, y la académica francesa Isabelle Combés.
El libro transcribe, analiza e interpreta las crónicas de viaje, iniciadas en 1795, por el misionero Francisco Xavier Negrete hacia el norte amazónico boliviano, donde halló que una etnia dominante, la nación Pacahuara, ejercía una presencia determinante en los bosques selváticos de Bolivia, desarrollando una activa vecindad intercultural y multiétnica con los pueblos reducidos de Moxos y Cavinas durante la Colonia, habiendo indicios inobjetables de fluidos contactos pacahuaras precolombinos con los pueblos quechuas y aymaras del incario, pues otros misioneros franciscanos posteriores a Negrete (por ejemplo Martín Pueyo casi un siglo después, en 1847) constataron que los Pacahuara conocían el masticado de la coca.
“Hasta entonces irreductibles, estos indígenas disfrutaban todavía a fines del siglo 18 de una total independencia, y ocupaban un inmenso territorio que correspondía a prácticamente la mitad del norte de la actual Bolivia. Dos siglos más tarde, los últimos pacahuaras, o al menos los últimos amerindios así llamados,  no son más que un puñado de sobrevivientes”, escribió en el prólogo del libro el investigador académico Philippe Erikson, de la Universidad de París X-Nanterre, Francia.

La avanzada evangelizadora

Según los documentos coloniales analizados en el libro, además del Diario de Viajes de Negrete, el 8 de septiembre de 1795 el Gobernador de Mojos, Miguel Zamora, le encomendó «la tarea de reducir a los pacaguaras que habitaban al noroeste de Mojos, en los rápidos del bajo Mamoré».
Los autores contextualizan que a partir de 1768, año en el cual se pone en ejecución el decreto de expulsión de los jesuitas de la región de Mojos, el gobierno temporal y espiritual de sus misiones recae en manos de los curas seculares según lo previsto en el «plan Herboso», así llamado por el Obispo de Santa Cruz, Francisco Ramón de Herboso. «Esta situación motiva múltiples abusos hacia los indígenas, así como también una decadencia generalizada de los pueblos de la zona».
En vista de ello, el gobernador de Mojos, Lázaro de Ribera, comienza a denunciar los abusos a la audiencia de Charcas durante los años 1787-1788, y propone un nuevo plan de gobierno; se trata, en la práctica, de retirar del gobierno temporal de los pueblos a los curas y confiárselo a los administradores regionales. Este «plan Ribera» comienza a aplicarse en Mojos a partir del gobierno del sucesor de Ribera, Miguel Zamora, con quien se da inicio a la llamada «época de los gobernadores», dentro de la cual tiene lugar la expedición de Negrete.

Un escenario multiétnico

Todos los documentos relativos a las expediciones para contactar a los Pacahuara muestran que Negrete se encuentra bajo el mando directo del Gobernador Zamora, quien quiere que el cura viaje a «las naciones infieles que habitan las márgenes del Mamoré, más abajo del pueblo de la Exaltación, en las Cachuelas». 
Zamora escoge a Negrete por sus cualidades humanas («dulzura y humildad»); pero sobre todo «por poseer las lenguas calixciana, cayubaba y algún conocimiento de la pacaguara, que son las de los bárbaros con quienes tiene que tratar».
Es decir, el Gobernador conoce perfectamente tanto la composición multiétnica de los grupos indígenas de la zona, como también la necesidad de intérpretes que hablen las lenguas de los diferentes pueblos «salvajes».

Los primeros contactos

En su primera expedición que parte el 16 de octubre de 1765, Negrete logra tomar contacto con algunas parcialidades pacahuaras dentro el territorio cayuvava. Atraviesa la confluencia del Mamoré y el Iténez y registra algunos toponímicos cuyo sufijo «-bo» podría indicar un origen pano, que es la lengua Pacahuara: Corobo, Gilbedabo (zanjones) Maidegibobo, Gibo (arroyos) y Pacanobos. Al octavo día se topa con bárbaros «del mismo idioma» que los intérpretes, fundamentalmente cayuvavas, canichanas y reyesanos. Sin embargo huyen, y negrete destaca una veintena de hombres para explorar la zona, que pronto encuentran a tres «que eran de la misma nación de los intérpretes pacaguaras reyesanos». Los exploradores vuelven al campamento con diecisiete pacaguaras; Negrete los colma de regalos y se quedan a dormir hasta el día siguiente, «cuando se retiran con el pretexto de ir a una fiesta». Negerte les devolvería la visita e intenta convencer a los jefes pacahuaras ser bautizados, a cambio de más regalos, en especial utensilios y herramientas que fascinan a los indígenas. Pero una vez que reciben los regalos, ellos vuelven a la selva para aislarse nuevamente, para cazar y pescar totalmente desnudos, sin importarles que han sido bautizados.
En las siguientes dos expediciones Negrete intentará vestirlos, vanamente.
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