UNA RIQUEZA AURÍFERA DESPOJADA AL PUEBLO DE BAURES | Aquí operó durante más de 17 años la trasnacional colombo-canadiense Eaglecrest, subsidiaria del Grupo Soros. Mineros vinculados a Juan Ramón Quintana son sus actuales concesionarios…

EL SAQUEO DEL CERRO RICO DE SAN SIMÓN

Una vista aérea de San Simón, en el cantón Mategua del municipio de Baures, provincia Iténez del departamento del Beni. La serranía colinda con yacimientos del Brasil y mantiene un límite conflictivo con el municipio cruceño de San Ignacio de Velazco. Durante 17 años, junto a cooperativistas y mineros informales, Eaglecrest desarrolló aquí, casi en secreto, la minería aurífera subterránea más sofisticada de Bolivia. Las imágenes insertas en el montaje gráfico corresponden a un pozo aluvional y una de las bocaminas que Eaglecrest perforó en la prodigiosa veta “Doña Amelia”. | Fotomontaje Sol de Pando

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© Wilson García Mérida | Servicio Informativo Datos & Análisis

© Reproducción de la investigación publicada el 18 de septiembre de 2013

La serranía de San Simón es un mega-yacimiento de oro y piedras preciosas sólo comparable con la mina de plata de San Cristóbal en Potosí y el gran yacimiento de hierro en el Mutún.

Aquí operó durante más de 17 años (1996-2013) la trasnacional colombo-canadiense Eaglecrest, subsidiaria del Grupo Soros que cotiza en la Bolsa de Valores de Toronto.

Eaglecrest realizó extensas perforaciones en el Cerro San Simón, en la provincia Iténez del Beni, y se dio modos para exportar los valiosos minerales evadiendo impuestos y regalías desde los tiempos de Sánchez de Lozada, mediante un turbio contrato de “exploración” ratificado por el actual Gobierno, que negó a Sol de Pando acceso a la información oficial sobre el tema.

Bajo control de Juan Ramón Quintana, la zona fue militarizada por Ademaf en octubre del 2010; y sin embargo nadie fiscalizó los negocios de esta trasnacional.

Hans Rasmussen, Gerente de Eaglecrest, analizando el mineral a cielo abierto. | Foto Eaglecrest

Una herencia de Sánchez de Lozada

El 2 de enero de 2013, la empresa canadiense Eaglecrest Explorations que cumplía desde 1996 un contrato de exploración en la serranía de San Simón, en el departamento amazónico del Beni —provincia Iténez— confirmó la venta de sus activos en Bolivia a la corporación Steinmar, la cual pagará a la filial colombiana de Eaglecrest (Colombia Crest Gold) $us 5  millones en diez cuotas anuales, precio abismalmente inferior a la inversión realizada por la empresa vendedora en más de 17 años de supuestos trabajos exploratorios.

En un informe especial que publicamos parcialmente en la edición impresa de Sol de Pando el 6 de agosto de 2013, se advirtió que «la operación de venta de la mina de oro de San Simón tiene similitudes con las crisis que depreciaron ficticiamente los valores bursátiles de la mina de plata en el proyecto San Cristóbal de Potosí y del proyecto siderúrgico del Mutún en Santa Cruz».

Según nuestra investigación preliminar publicada en agosto, Steinmar es una empresa especializada en la producción y exportación de joyas, conocida por ser la principal comercializadora mundial de “La Bolivianita”, una gema de aleaciones nativas. Posee actualmente una concesión de 2.000 hectáreas para la explotación de piedras preciosas en La Gaiba, provincia Ángel Sandoval de Santa Cruz.

La venta de las “pertenencias” de exploración aurífera de Eaglecrest a una empresa especializada en comerciar piedras preciosas, confirma que la serranía de San Simón no es solamente un prodigioso yacimiento que guarda reservas incalculables de oro y manganeso. Esta montaña —enclavada en el escudo amazónico del Precámbrico— también guarda en sus entrañas variedades de cuarzo como la amatista y el citrino, componentes de “La Bolivianita”, entre otros minerales cristalizados de alto valor comercial en el mercado de las joyas.

Las vetas descubiertas por Eaglecrest

En rigor de verdad, San Simón no es un cerro sino una serranía, es decir una pequeña cordillera o sistema montañoso donde las vetas de los complejos minerales se hallan en distintas estribaciones con concentrados de oro, manganeso y cuarzo. El oro se encuentra aluvionalmente, en manantiales que fluyen por las filtraciones del río Iténez, y en filones subterráneos con concentraciones de alta ley. Para cada caso se realizan perforaciones de pozos aluvionales y bocaminas.

Al iniciar su contrato de exploración en 1996, Eaglecrest había realizado prospecciones en diez áreas potencialmente factibles de explotación comercial, que se expandían sobre una superficie de 300 kilómetros cuadrados concedidos por el gobierno de Sánchez de Lozada dentro la franja de 50 kilómetros sobre la frontera con el Brasil.

Las diez concesiones exploradas fueron “Doña Ángela”, “Marco María”, “Las Rosas”, “Manganeso”, “Mina Vieja”, «Manantial», “San Simón”, “San Francisco”, “Buriti” y “Paitití”.

Posteriormente, a partir del 2003, cinco áreas fueron descartadas y quedaron como vetas factibles las áreas de “Doña Amelia”, “Marco María”, “Doña Ángela”, “Buriti” y Paitití”, abarcando una superficie de 52,5 kilómetros cuadrados.

La mina “Doña Amelia” resultó ser la más pródiga, con filones de alta ley en el subsuelo y aluviones a flor de tierra. En esta área Eaglecrest instaló su campamento equipado con ingenios, laboratorios y una red de ferrovías conectadas con bocaminas y pozos aluvionales, activos que cuestan mucho más de los $us 5 millones con que la mina fue vendida en enero del año 2013.

El Cerro Rico de San Simón

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La serranía de San Simón vista desde la zona de Tiquín, Baures. | Foto Archivo SdP

Negocios que no cuadran

“Hemos transformado el proyecto San Simón en un activo, es un hito importante; nuestro modelo de negocio consiste en la exploración y la monetización de los activos”, declaró en Canadá —donde se conoció la noticia del acuerdo con Steinmar— Hans Rasmussen, ejecutivo de la empresa exploradora.

Los activos de Eaglecrest en San Simón no son poca cosa. En los 17 años de su contrato de exploración, que rescindió unilateralmente bajo el padrinazgo de Quintana, la compañía canadiense realizó más de 500 perforaciones hasta el 2012, abrió bocaminas con túneles por más de dos kilómetros de longitud en especial a lo largo de la veta “Doña Amelia”, además de infraestructura habitacional y administrativa.

Instaló laboratorios de lixiviación con tecnología digital para procesar 150 toneladas de roca al día, sistemas de transporte ferroviario que conectan los socavones con ingenios de concentración, y posee una sala computarizada con el paquete Geosoft para prospecciones geodésicas desde el satélite. Todo eso pasa a Steinmar por la bicoca de $us 5 millones pagaderos en 10 años.

Sólo en el 2002, Eaglecrest realizó una inversión de $us 15 millones para ampliar sus operaciones de exploración con nuevos estudios de geología, en el marco de un contrato por diez años firmado con el gobierno de Sánchez de Lozada en 1996.

En el 2007 el contrato fue renovado por el gobierno de Evo Morales, en negociaciones llevadas a cabo por un equipo interministerial encabezado por el Ministro de la Presidencia, cuya injerencia personal y directa en el tema fue motivo de protestas en el Ministerio de Minería, en especial del entonces Viceministro de Desarrollo Productivo y Metalúrgico que cuestionó abiertamente la renovación de aquel contrato con la trasnacional canadiense, según fuentes de alta confianza con las que Sol de Pando tomó contacto en dicho Ministerio.

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