Data: julio 20, 2026 | 12:48
SEMBLANZA | Arquitecto de los palíndromos. Nació y se formó entre las cuatro paredes donde Adela Zamudio, su tía bisabuela, escribió los poemas laureados. El primer Turi, Rodolfo Torrico Zamudio, su abuelo, fue el primer fotógrafo moderno que plasmó en imágenes la historia y geografía de Bolivia entre los años 30 y 50 del siglo pasado…
UN LIBERTARIO LLAMADO EL TURI TORRICO

Le parecía inaudito que la palabra “libertario” comience a cargarse de un significado diametralmente opuesto a su valor semántico original. | Foto Gaspar Nuñez
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© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando | Servicio Informativo Datos & Análisis
Hubo un tiempo en que la palabra “libertario” denotaba culto a lo humano, venerar la vida. Fundamentos de la moral libertaria eran la ética del trabajo —la ética en general— y el desarrollo armónico de la razón y la pasión. Exigía una rigurosa disciplina de honestidad. El pensamiento libertario era un pensamiento estético, fecundaba ideas de equilibrio universal desde la ruptura cuántica. Tenía la voz de Bakunin: sin dioses en el cielo ni amos en la tierra; la del príncipe Kropotkin predicando que mientras existan miserables el lujo es un crimen; tenía a Emiliano Zapata viendo que el poder pudre la sangre y enturbia el pensamiento; o a Cesáreo Capriles abofeteando curas pederastas en las calles de Cochabamba porque, decía, ante la estupidez de los poderosos hasta los dioses son impotentes.
En el oscurantismo del siglo XXI, el verbo se ha corrompido, es fakenews, la palabra ha sido secuestrada y sodomizada. Hoy, “libertario” significa ser argentino de apellido italiano asesinando impunemente en las calles de Buenos Aires a albañiles bolivianos con tez de bronce. Ahora, “libertario” es Donald Trump santificando los crímenes de lesa humanidad a manos del ICE. Esta transversión del mundo con tan monstruosa mutación de las palabras, comenzó cuando el siniestro neo-estalinismo pervirtió el ideal socialista, glorificó la pedofilia como una virtud revolucionaria y, babeando la impostura de sus privilegios burgueses, abrió las puertas de estas cavernas.
La última vez que conversé con Eduardo Torrico Laserna —fue en abril de 2016— hablamos de todo aquello. Le parecía inaudito que la palabra “libertario” comience a cargarse de un significado diametralmente opuesto a su valor semántico original.
El Turi era un guardián de las palabras, trabajaba y convivía con ellas todos los días. Batió récords llenando crucigramas; cada domingo lo veíamos en El Prado lidiando con el temible Laragrama junto a una salteña, cazando los insondables vocablos ocultos en ese erudito crucigrama del Grupo Canelas. Su maestría con las palabras también fue plasmada en sus célebres palíndromos.

“Se apasionaba con todo lo que se comprometía” —recuerda José Torrico, su hermano firme y acaso su amigo más leal—. “Y lo genial que era conversar con él…”. | Foto archivo Sol de Pando
HEREDEROS DE CESÁREO CAPRILES
Nunca más lo volví a ver. En mayo de 2016 partí a mi exilio en Brasil y él murió en agosto, acababa de cumplir 63 años. Lo evoqué como el genuino libertario que era, acaso entre los últimos libertarios cochabambinos junto con Jorge Zabala Suárez, Luis Mérida Coimbra, Miguel “Flaco” Montero y Hugo Peñaranda Llanos, también ausentes ya.
Gracias a Eduardo Torrico descubrí la legendaria vida de Cesáreo Capriles. Una noche, en los noventa, conversando en una mesa del “Satchmo” (donde nos reuníamos para gozar la colección de conciertos de jazz del gran Chumpi) Eduardo Torrico y Jorge Komadina hablaban de “Arte y Trabajo”, revista que dirigió Capriles en la época dorada de los años 20; me sugirieron desempolvar los ejemplares que conserva el Archivo Histórico de la Biblioteca Municipal y así escribí un importante capítulo de mi libro “Un Siglo en Cochabamba”, dedicado a ese legado libertario.
LO LIBERTARIO COCHABAMBINO
En Cochabamba, lo libertario de viejo cuño —desde Juan de la Rosa y el Tambor Vargas— se identificaba básicamente con el infinito fervor por la gastronomía valluna, el buen humor afilado por un fino sarcasmo, un amor lúdico por las bellas artes junto al culto a la palabra bien escrita, el sentido musical de la vida, el respeto a la justicia social y una inclinación casi adictiva por el conocimiento científico. Eduardo Torrico encarnaba todo aquello.
“Se apasionaba con todo lo que se comprometía” —recuerda José Torrico, su hermano firme y acaso su amigo más leal—. “Además de tener una sensibilidad sensorial privilegiada: el gusto por la comida, los aromas, los sonidos, los colores. Y lo genial que era conversar con él…”.
Turi Torrico nació y se formó entre las cuatro paredes donde Adela Zamudio, su tía bisabuela, escribió los poemas laureados. El primer Turi, Rodolfo Torrico Zamudio, el Turista, su abuelo, es el primer fotógrafo moderno que plasmó en imágenes la historia y geografía de Bolivia entre los años 30 y 50 del siglo pasado.

“Fue un multifacético artista y un hombre de bien” —dice Melita del Carpio—, “ingenioso y lleno de buen humor”. | Foto archivo Sol de Pando
SENTADO EN EL TRONO CON MELITA DEL CARPIO
A medidos a los setenta, el Turi fue alumno de Mario Leyes en la Academia de Danza de Cochabamba. Había co-protagonizando con Melita del Carpio “Las bodas de Aurora”, el famoso ballet de Tchaikovsky.
“Yo era la reina y Turi era el rey” —recuerda la actriz y escritora cochabambina—. “En esa obra nos tocaba estar sentados en el trono mientras toda la corte bailaba y el Turi me hacía reír de principio a fin con sus observaciones irónicas y sus historias graciosas, en plena obra. Hemos debido ser los reyes más risueños de ese ballet”.
“Fue un multifacético artista y un hombre de bien” —dice Melita—, “ingenioso y lleno de buen humor”.
En la película “Los Hermanos Cartagena”, de Paolo Agazzi, aparece actuando de paramilitar, junto a Ernesto Ferrante, al mando de Edwin “Moto” Morales.
UN MAGO ILUMINISTA
Desde su profesión como arquitecto, desarrolló un talento matemático para las artes visuales, aplicando la geometría óptica al campo lumínico. Tomó a su cargo la iluminación escenográfica en el Estudio de Danza Moderna de Melo Tomsich (fallecida el pasado 31 de mayo).
Lo que vi en el Teatro Achá me dejó perplejo: El elenco de Melo danzaba detrás de un enorme ecran de gasa transparente, mientras el Turi proyectaba desde un reflector RGB rayos multicolores de luz que al mezclarse sobre la gasa producían un efecto de sombras caleidoscópicas bailando. La escena parecía una foto pixelada en movimiento, y a ratos un cuadro al óleo animado.
Al finalizar una pieza, un danzante lanza a su pareja al aire y antes de caer las luces se apagan abruptamente, la bailarina queda suspendida y desaparece tragada por la voraz oscuridad. Esas cosas hacía el Turi.

Eduardo Torrico, es hoy considerado uno de los palindromistas más importantes de habla hispana. | Foto archivo Sol de Pando
PALINDROMÍA EN LA CIUDAD
No hay quien se sentó en una mesa con Eduardo Torrico, que no haya recibido su frase palíndroma en una hoja cualquiera. Quien haya conservado esa ofrenda amistosa del Turi, tiene un tesoro invaluable en sus manos.
Se dice, no sin razón, que el Turi regalaba palíndromos a sus contertulios como quien anda invitando caramelos a medio mundo, lo cual me consta.
Un día, en el Carajillo, me miraba fijamente como para dibujarme un retrato, mientras escribía algo en una servilleta. Me había dedicado un palíndromo, mencionando mi nombre, en menos de cinco minutos.
Había llegado a escribir unos cuentos breves que se podían leer igual de corrido que al revés, obviando, como dictan las reglas palíndromas, signos de puntuación, acentos y espacios.
Varios de sus palíndromos reflejan una notable carga poética e intenso juego lírico:
DESEARTE TRAE SED
Otros, conectan armoniosamente el juego gramatical con el significado de las palabras:
AMAR DARÁ DRAMA
Un palíndromo con un fuerte arraigo a las ricas tradiciones culinarias:
LO REPORTO A OTRO PEROL
Con sentido social:
ES AL CAER COMO CREA CLASE
También criticó al autócrata cocalero:
EVO NO VE
En 2013, Editorial El País publicó el libro de Eduardo Torrico, al que los editores calificaron como una joya literaria en su haber. El Turi puso en la dedicatoria del libro, obviamente, un palíndromo:
A MAMÁ Y A PAPÁ Y A MAMÁ
Eduardo Torrico, es hoy considerado uno de los palindromistas más importantes de habla hispana.
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