Data: junio 12, 2022 | 1:24
DESAPARECIDOS EN LA AMAZONIA | Hallan restos de sangre en la lancha de un narcotraficante detenido como sospechoso en la desaparición del antropólogo brasileño y el periodista inglés. El objetivo era Bruno Araujo Pereira. Bolsonaro perderá votos de confirmarse el posible crimen…

SE TEME SECUESTRO CON MUERTE DE BRUNO PEREIRA Y DOM PHILLIPS

La desaparición de Araujo y Phillips, el domingo 5 de junio, se produjo en la zona más conflictiva y rica en biodiversidad de la Amazonia brasileña, sobre la triple frontera con Perú y Colombia. En el Territorio Indígena del Javari habita la mayor cantidad de pueblos en aislamiento voluntario del mundo. | Infografía Sol de Pando

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© Redacción Sol de Pando | Agencias

La esperanza de ser hallados con vida se va esfumando cada hora que pasa. La versión de que el antropólogo brasileño Bruno Araujo Pereira, ex funcionario de la Fundación Nacional Indígena (Funai), y el periodista británico Dom Phillips, corresponsal de The Guardian de Londres, han sido emboscados y secuestrados, posiblemente asesinados incluso, va tomando cuerpo entrando al séptimo día desde que ambos desaparecieron en una región remota de la Amazonia donde reina el crimen organizado, sobre la temible triple frontera con Perú y Colombia.

Dos hallazgos estremecedores en las últimas jornadas dan indicios de que la desaparición de Araujo y Phillips estuvo rodeada de violencia y sangre. Tras la detención de un importante sospechoso el pasado jueves (un pescador ilegal vinculado al narcotráfico), fueron hallados en la barca del individuo rastros de sangre humana que están siendo contrastados con otros restos orgánicos —se presume de los cuerpos del brasileño y el inglés— hallados el viernes en la zona ribereña por donde transitaron los desaparecidos. Aquellos vestigios biológicos también están siendo sometidos a un análisis de ADN en laboratorios del Instituto Nacional de Criminalística de la capital Manaos.

Adicionalmente, se alertó sobre indicios de enterramiento en un área de tierra apisonada a orillas del río Itaquaí, donde los infortunados fueron vistos por última vez. Al cierre de esta edición de Sol de Pando, la Policía Federal anunció el desplazamiento de equipos de excavación para inspeccionar la zona.

El domingo de la semana pasada, a las seis de la mañana, el antropólogo y el periodista se embarcaron en el Lago Jubaru, a 15 minutos de la comunidad de San Rafael, con destino a la ciudad de Atalaya del Norte, en proximidades del Territorio Indígena del Valle de Javari, sobre la frontera con Perú en el Estado de Amazonas. El viaje fluvial entre San Rafael y Atalaya no dura más de dos horas; pero Bruno Araujo y Dom Phillips nunca llegaron. Ambos trabajaban entrevistando a líderes de la Unión de Pueblos Indígenas del Valle de Javari (Univaja), organización asesorada por Araujo.

El experto brasileño y el periodista británico en un puerto del Valle de Javari, antes de su desaparición. | Foto Gary Carlton

El objetivo era Bruno Araujo Pereira

El martes 7 de junio, el portal Amazonia Real informó que según testimonios brindados a ese medio por habitantes del lugar, una lancha de 60 caballos de fuerza —inusual en los ríos de la zona— merodeaba el Lago Jubaru un día antes de la desaparición, el sábado 4 de junio, cuando la canoa de unos indígenas de Univaja que iban tras la barca de Araujo, se cruzó con la mencionada lancha que transportaba a un grupo de personas armadas, entre ellos el pescador y narcotraficante Amarildo da Costa de Oliveira, alias “Pelado”, hoy detenido.

Ese grupo que se cruzó con los indígenas hizo gestos mostrándoles que estaban armados, con el afán de intimidarlos”, reportó Amazonia Real. Alertados y preocupados con la situación, los indígenas le pidieron a Bruno Araujo que desista del viaje a Atalaya o pida seguridad a las autoridades, a lo que Bruno habría respondido que para eludir a los probables agresores partiría hacia Atalaya a las seis de la madrugada del domingo, junto al periodista inglés. “Les voy a tomar de sorpresa”, dijo Bruno según los testigos. Araujo en persona tripulaba la embarcación.

El perseguidor, Amarildo, ya había sido denunciado en abril ante el Ministerio Público por acosar y amenazar a los miembros de la Univaja y su asesor. Amarildo dirige un grupo de pescadores ilegales que invaden los ríos del Territorio Indígena depredando la fauna piscícola, y al mismo tiempo se dedican al tráfico de cocaína, según denunció formalmente Univaja a la Policía Federal.

Los mismos habitantes de San Rafael aseguran que al poco tiempo de partir la lancha de Bruno y el periodista inglés (un motor de 40 HP de la Funai), la otra lancha de 60 HP conducida por Amarildo da Costa fue tras ellos. Ambas embarcaciones —la de Araujo por última vez— fueron vistas en el puerto de San Gabriel, a orillas del río Itaquaí, sobre la ruta a Atalaya del Norte.

Indudablemente el objetivo era Bruno Araujo Pereira, quien como funcionario de la Funai ya había enfrentado desde años anteriores roces con empresas mineras y madereras, además grupos de narcotraficantes encubiertos como pescadores, que han invadido el Territorio Indígena del Valle del Jarvari, un territorio ancestral de las naciones Kanamarí, Matis, Kulin, Matsés y Korubo que comparten casi 8,5 millones de hectáreas de bosque con vasta biodiversidad.

El Territorio Indígena del Javari tiene una población estimada de 6.300 indígenas; y de los 26 grupos diferentes 19 son pueblos en aislamiento voluntario, constituyendo la mayor concentración de pueblos no contactados del mundo.

El Valle del Jarvari es actualmente un escenario atravesado por las actividades clandestinas del garimpo aurífero y la extracción incontrolada de madera. Y para colmo, a inicios de este siglo la zona se convirtió en campo de batalla entre las principales facciones del narcotráfico brasileño: el Primeiro Comando Capital de São Paulo y el Comando Vermelho de Rio de Janeiro, en guerra por el control de las rutas fluviales del tráfico de cocaína proveniente de Perú y Colombia con destino final a los puertos de Europa desde la costa atlántica brasileña. Es el escenario en el que durante más de dos décadas Bruno Araujo desempeñaba su labor como funcionario de la Funai y luego como consultor privado en defensa de los indígenas de la zona, impartiendo a los indígenas conocimientos como el uso de las redes sociales y sistemas informáticos para socializar sus demandas y ejercer control de su territorio.

Según BBC-Brasil, antes de su desaparición, Araujo Pereira se desempeñaba como coordinador técnico del proyecto “Monitoramiento Ambiental y Territorial del Territorio Indígena del Valle del Jarvari”, entrenando a los indígenas para el uso de drones, mapas computarizados de georreferenciamiento y equipamientos de radiofonía.

El proyecto a cargo de Bruno buscaba capacitar la vigilancia indígena —que venía siendo organizada por las propias comunidades locales desde hace tres años, mediante la Univaja— para el monitoreamiento local y remoto de actividades depredadoras y criminales dentro el Territorio Indígena, aplicando tecnología digital.

En 2019, informó la revista Veja, Araujo había prestado asesoramiento a la Policía Federal en un exitoso plan destinado a destruir 60 dragas garimpeiras que destilan mercurio para la obtención de oro en los montes y ríos de la Amazonia. Era la denominada «Operación Korubo», nombre de uno de los 19 pueblos en aislamiento voluntario cuyo territorio en el Valle del Jarvari está siendo avasallado por garimpeiros, madereros y narcotraficantes encubiertos  como pescadores.  Aquello pudo haber causado que Bruno se convirtiese en uno de los hombres más odiados por los garimpeiros y saqueadores del lugar, según la publicación. El gobierno de Bolsonaro, que se declaró partidario de los empresarios auríferos, destituyó de la Funai a Bruno Araujo Pereira  a cosecuencia de aquella exitosa operación en defensa del Territorio Indígena.

Entre 2014 y 2019 Bruno Araujo realizó más de cincuenta viajes como funcionario de la Funai, 12 de los cuales fueron al municipio de Atalaya del Norte, detalló Veja.

Amarildo da Costa de Oliveira, alias “Pelado”, detenido el pasado jueves en el puerto San Gabriel del río Itaquaí. | Foto Amazonia Real

Huellas de sangre en la sospechosa lancha

Amarildo da Costa de Oliveira, alias “Pelado”, fue visto el domingo conduciendo la lancha de 60 HP que fue tras la embarcación de los dos desaparecidos. Fue detenido el jueves en Puerto San Gabriel y guarda detención preventiva; se le incautó armas, munición y drogas ilegales, junto a la lancha donde fueron hallados vestigios de sangre humana.

El viernes, el Comité de Gestión de Crisis, creado por la Policía Federal del Brasil para coordinar la búsqueda e investigaciones, informó que los equipos «localizaron en el río próximo al puerto de Atalaya del Norte, material orgánico aparentemente humano que está siendo enviado para análisis de pericia por parte del Instituto Nacional de Criminalística».

Tanto la sangre hallada en la lancha de Amarildo como la materia orgánica recogida en el Río Iaquaí (Puerto San Gabriel) serán sometidas a un análisis comparativo con materiales genéticos de referencia, es decir muestras de ADN, que la Policía Federal viene colectando en la ciudad de Recife (Estado de Pernambuco) donde nació y radicaba Bruno Araujo, y en Salvador de Bahía donde residía el periodista británico, según informó el Comité de la Policía Federal.

Peritos forenses de la Policía Federal del Brasil toman muestras de unos rastros de sangre hallados en la lancha de Amarildo da Costa. | Foto Cícero Pedrosa Neto – Amazonia Real

En la conciencia de Bolsonaro

De confirmarse el secuestro y asesinato de los dos defensores de la Amazonia hasta hoy desaparecidos, el Gobierno brasileño podría enfrentar una severa crisis que pondrá en el limbo al presidente Jair Bolsonaro y, sin duda alguna, podría restarle fuerza a su campaña para la reelección en los comicios presidenciales del próximo 2 de octubre.

La posible victimación del periodista de The Guardian, quien tenía el proyecto de publicar un libro sobre la resistencia indígena a las invasiones predadoras, ha puesto a Bolsonaro en la mira de la opinión pública internacional y de los grandes medios mundiales, que exigen esperanzados el pronto retorno con vida de los desaparecidos. Pero el peor escenario se torna más probable.

Se trataría de un crimen político enmarcado en una gestión de gobierno, considerada depredadora y anti-indígena, impuesta por Bolsonaro para beneficiar a las oligarquías del agro-negocio, a empresas garimpeiras y grandes consorcios madereros, cuya arremetida en alianza delictiva con el narcotráfico para despojar a los indígenas de territorios demarcados y protegidos por la Constitución de 1988, ha desatado una ola de campañas de odio y asesinatos contra líderes indígenas y activistas del sector, crímenes avalados y promovidos abiertamente por el propio Bolsonaro.

El martes pasado, Bolsonaro habló sobre la desaparición de Araujo y Phillips calificando como “una aventura” de los desaparecidos la causa de su tragedia, dando por hecho que han sido ejecutados.  “Dos personas solas en un barco, en una región como aquella, completamente salvaje, es una aventura no recomendable; todo puede suceder. Puede ser accidente, o puede ser que ellos hayan sido ejecutados. Esperamos y pedimos a Dios que sean encontrados pronto”, dijo el Presidente brasileño.

Tras aquella declaración presidencial, surgieron voces que responsabilizan a Bolsonaro de la ola de violencia y muertes que asola a los pueblos amazónicos, siendo la desaparición de Araujo Pereira y Phillips un episodio más.

El periodista Matheus Leitão denunció que en 2019 Bruno Araujo fue destituido por el gobierno de Bolsonaro de su cargo en la Funai como Coordinador General de Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario, bajo presión de empresarios mineros y madereros, siendo sustituido por un pastor evangélico fundamentalista llamado Ricardo Lopes Dias, miembro de la organización norteamericana Nuevas Tribus cuya misión es la desaparición definitiva de los pueblos no contactados del bosque amazónico, con la única alternativa de su asimilación en la vida sedentaria del agro-negocio y el extractivismo.

La Presidencia actual de la Funai está en manos de un ex comisario de la Policía Federal y amigo personal de Bolsonaro, Marcelo Xavier, quien se encargó de desmantelar y cercenar las atribuciones que la Fundación gubernamental ejercía en pro de los derechos indígenas, recortando presupuestos, reduciendo personal y apartando de la institución a profesionales con amplia experiencia en manejo sostenible del bosque como Bruno Araujo. Siguiendo la línea difamatoria de Bolsonaro, Xavier acusó a Araujo de ser el causante de su desaparición porque “no solicitó autorización de la Funai’’ para internarse en el territorio indígena del Valle del Javari.

Marcelo Xavier miente” —protestó Matheus Leitão en su columna de Veja publicada el 9 de junio—. En los hechos, la desaparición de Araujo y Phillips se produjo fuera del Territorio Indígena en sí, en el lado de un campamento de la Univaja. Según el periodista, Araujo fue quien promovió hace varios años el control de la Funai para incursiones de ajenos en los territorios indígenas, y que su llegada al Valle del Javari, junto al periodista inglés, era de conocimiento de las autoridades locales de la Fundación que no sólo dieron permiso sino incluso apoyaron el desplazamiento de Araujo y Phillips, proporcionándoles una lancha propiedad de la misma Funai.

Leitão destacó que Bruno Araujo Pereira “siempre garantizó a los pueblos indígenas el acceso a los derechos sociales de toda ciudadanía —como salud, educación y seguridad social—, observando las particularidades de sus costumbres, lenguas, creencias y tradiciones. Era un servidor de la Funai altamente capacitado, sea para gestionar políticas públicas de la Fundación, como para el trabajo de campo, ya que es un eximio conocedor de los dialectos indígenas y de la geografía de la región amazónica, especialmente del Valle del Javari, donde desapareció”.

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