Claudio Ferrufino o el tiempo de las obras completas
La bruma de aquellos anocheceres febriles de la UTCH, emérito antro de chicha a la vuelta de la UMSS, ya no es bruma sino brisa de vida que se respira desde la memoria y se vive conjurando el olvido. Estamos ebrios de juventud; somos cosacos, cangaceiros, bolcheviques, mencheviques, zapatistas y kataristas, todo eso en uno y mucho más. Somos la ironía, la paradoja, el ser-no-ser y el devenir. Bakunin nuestro ídolo iconoclasta y Cesáreo Capriles nuestro ícono después de la extirpación idolátrica. Marxistas por Groucho, leninistas por Lennon. Odiamos a Stalin con inclaudicable fervor. La chichería nuestro cuartel general con su banderita blanca siempre belicosa en el umbral, nuestra institución tutelar según el impecable concepto del Yoyo Komadina. Nuestras armas aspiran a ser innecesarias; pero queremos sentirnos cándidos imprescindibles, la historia nos llama con sus cantos de sirena. Cantamos el Bella Ciao y bailamos La Caraqueña. Papel de Plata, plumita de oro, Huérfana Virginia. Ellas: La Kenia Samur y la Magda Thames estrellas en el firmamento; la Gloria Romeu, la Flaca Landaeta, la Maricruz Aramayo, la Pulguita Balderrama, la Pilar y la Cinthya Lizárraga, la Elenita Sigg, nuestras guerreras danzantes. Nos: el Chino Navarro entonando Malena y profiriendo Cambalache, reviviendo al gran Discépolo y a Sosa Venturini. El Cuca Cossío con su luminoso enigma en la mirada oculta bajo el ala de un hermoso y eterno chapéu. El Chaly Crespo barbado profeta del Tata Santiago. El Negro Peñaranda, el Hugo, con su inapelable humor. El Carlitos Balderrama Mariscal, la transparente nobleza hecha camarada, lúcido y generosamente jovial. El Diego Cuadros y el Alejo Almaraz, la Jota en mayúsculas; y el Jesús Rodríguez un gesto libertario en Mao. El Fer Mayorga con la tesis fresca para la UNAM a la sombra incandescente de Carlos Montenegro, tramando Quimera; el Coco su hermano tramando El Grito antes de atar a la rata al son de una Bossa. Los que ya se fueron: El Álvaro Antezana Juárez, la estética apasionada, cine, poesía y música. El Jorge Cardozo, el Potoco, esa inmortal sonrisa de Gramsci tras las rejas. El Miguel Montero —El Flaco—, alma bendita, mi guardián y mi consejero estratégico. Y entre todos los carnales el carnal mayor, el Claudio Ferrufino-Coqueugniot, el que nos sintetiza declamando a voz en cuello versos de Rimbaud y Baudelaire; Claudio el que nos descubre el camino holístico del éxodo no como fuga sino como una forma inequívoca de llegar. Saliendo al mundo desde la convulsa entraña de la Madre Llacta. Y llegamos, y nacemos. Es la generación que somos.
La revelación poética del novelista
¿Poeta? Si. Mas no del poemario stricto sensu con el verso de vates fundamentales como Antonio Terán, Jorge Campero, Humberto Quino, Igor Quiroga, Roxana Sélum, Fernando Rosso, Eduardo Kunstek o Gustavo Cárdenas. La obra poética de Claudio Ferrufino-Coqueugniot es narrativa. Es uno de los novelistas contemporáneos más importantes de Bolivia; pero sigue siendo esencialmente poeta. Poéticamente, su métrica del relato tiene el ritmo de los tiempos alternados, yuxtapuestos, algo sincopados como el jazz. Nos recuerda a las prosas vertiginosas y crueles de Boris Vian y Bukowski, poetas también.
De hecho, su reciente novela aún inédita que será publicada por Editorial 3600 este año, como bien advierte Guillermo Ruiz Plaza en el prólogo, lleva por título un verso del terrible poeta austríaco Georg Traki: “El oro de las estrellas extinguidas”.
En la última estrofa de su poema Elis, el genio incestuoso que se suicidó con una premeditada sobredosis de cocaína cuando combatía en la Primera Guerra Mundial, escribió: “Tu cuerpo es un jacinto | donde un monje sumerge sus dedos de cera. | Y una cueva sombría es nuestro silencio | de la que a veces surge un apacible animal. | Deja caer lento los pesados párpados. | Sobre tus sienes gotea un oscuro rocío, | el último oro de las estrellas extinguidas”.
Junto con “El oro de las estrellas extinguidas” (que según Ruiz Plaza —Premio Nacional de Novela 2018— es un libro singular que “puede leerse como un diario de viajes por la geografía del mundo, pero también por el espacio inquieto y deslumbrante de la memoria”), Claudio Ferrufino prepara también el lanzamiento de “Ecléctica”, cuyo enigma de si es novela o es poemario, o ambos, nos lo develará el autor en una futura entrevista pactada con Sol de Pando.
La noticia destacable aquí es la buena nueva de que Editorial 3600, dirigido por Willy Camacho, lanzará los próximos libros inéditos de Ferrufino como parte de una antología con las obras completas del escritor cochabambino. Este acontecimento significa que Claudio Ferrufino-Coqueugniot es un nombre grabado ya con letras de molde en la Literatura boliviana, latinoamericana y universal.




















