LA DIOSA KAWILLACA, HOY VIRGEN DE URKUPIÑA

En el mismo lugar de su adoración alrededor del cerro de Cota, aquella diosa indígena fue suplantada por la imagen católica de la Asunción en el marco de la extirpación de idolatrías, a fines del siglo XVI. | Fotomontaje Sol de Pando
Para lectura en móvil usar pantalla horizontal |
© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando
© Servicio Informativo Datos & Análisis
La adoración indígena a la Virgen de la Asunción es en los hechos el mismo culto que se rendía en tiempos del incario a una deidad puquina-aimara de la fertilidad llamada Kawillaca.
En el mismo lugar de su adoración, alrededor del cerro de Cota, aquella diosa indígena fue suplantada por la imagen católica de la virgen de Asunción con la construcción del templo de San Idelfonso a fines del siglo XVI.
El culto a aquella diosa puquina-aimara de la fertilidad se celebraba en el momento agrícola de los preparativos para la siembra, que en el calendario gregoriano corresponde a mediados del mes de agosto. En el santoral católico, es la fiesta de la Asunción.
La investigación que iniciamos el año 2001, se basa en los relatos del manuscrito de Huarochiri que el sacerdote Francisco de Ávila recopiló a inicios de siglo XVII, describiendo los ritos precolombinos especialmente en la región del Collasuyo (hoy Bolivia). Entre esos relatos se halla la leyenda de la diosa Kawillaca, que hoy subsiste bajo la forma sincretizada de la Virgen de Urkupiña.
También sustentaron nuestro hallazgo estudios realizados en el siglo XX por el padre Federico Aguiló, y en los recientes años diversas fuentes de historia oral han ratificado la persistencia actual de mitos ancestrales que se remontan al Tiahuanaco.
El propósito evangelizador de suplantar la diosa Kawillaca con la imagen de la Virgen María, en el marco colonial de la extirpación de idolatrías, derivó en un fenómeno de sincretismo religioso que —en este siglo XXI— es transversal en la cultura de las festividades patronales donde la presencia de la identidad indígena es activa y protagónica. En la memoria de los pueblos indígenas, sus antiguas creencias conservan una fuerza histórica viva y latente.
En Bolivia, como en la mayoría de los países con visible población indígena —México, Guatemala, Perú, Ecuador y Brasil por ejemplo—, la ritualidad vinculada a la fertilidad de la tierra se ha sincretizado con un intenso fervor por la Virgen María. Ello explica por qué el catolicismo latinoamericano es esencialmente mariano.
La fiesta de Urkupiña debe ser declarada por la UNESCO patrimonio cultural intangible de la Humanidad, no por su vistosidad folklórica sino por el singular sincretismo que representa. Esta celebración surgió de una fusión religiosa: entre el antiguo culto a una diosa puquina-aimara del Tahuanaco y la veneración moderna a una Virgen de Asunción que, por extraño milagro —he ahí una prueba irrefutable de este sincretismo— es la única en el mundo que asciende a los cielos llevando al niño Jesús en sus brazos.
MARÍA NO ASCENDIÓ CARGANDO AL NIÑO JESÚS
De acuerdo al santoral católico, la Virgen de Asunción no lleva un niño en brazos. La imagen oficial del ícono santo representa a la Madre de Jesús ascendiendo a los cielos tras su “durmición” (la Madre de Cristo tuvo una muerte sublime y poética, inmaculada, muchos años después de la crucifixión).
Cuando tuvo que suplantar a la diosa Kawillaka, la Iglesia se vio forzada a poner un niño en brazos de la Virgen de Asunción, único modo en que los devotos indígenas podrán asociarla con aquella diosa de la fertilidad cuya leyenda, según se lee en el manuscrito de Huarochiri, se vincula con un niño que concibió para el dios Huiracocha.

Kawillaca era una deidad de la fertilidad vinculada a la semilla. Está representada por una doncella que concibió un hijo para el dios Cuniraya Huiracocha. | Fotomontaje Sol de Pando
LA LEYENDA DE KAWILLACA Y HUIRACOCHA
Durante los reinados imperiales de los incas Túpac Yupanki y Huyna Cápac, el culto a la diosa Kawillaca se celebraba en el momento agrícola de los preparativos para la siembra, que en el calendario gregoriano corresponde a mediados del mes de agosto.
Kawillaca era una deidad de la fertilidad vinculada a la semilla. Está representada por una doncella que concibió un hijo para el dios Cuniraya Huiracocha sin experimentar contacto carnal. La doncella se había petrificado y deificado en el cerro de Cota, con su hijo en brazos, al descubrir que el padre del niño andaba entre los ayllus como un mendigo andrajoso poniendo a prueba la calidad humana de las personas.
Cuando los evangelizadores de la Conquista española llegaron a la “llacta” de Cochabamba, extirparon el culto a Kawillaca prohibiendo una competencia ceremonial de llamas cerreras en la colina de Cota e impusieron en su lugar la entronización de la Virgen de la Asunción, que el santoral católico fija como día de su fiesta patronal el 15 de agosto.
En 1585 comenzó a construirse el templo de San Idelfonso, junto al cerro de Cota, con la misma estructura arquitectónica de la iglesia que habían edificado los jesuitas en la ciudad castellana de Toledo. Se desconoce cómo y cuándo se introdujo la imagen de la Virgen de Asunción en esta iglesia, adoptando el nombre de Urkupiña, palabra que significa “ya llegó al cerro”, en referencia a la antigua competencia de llamas cerreras en su honor.
Según en padre Federico Aguiló, cuando la llama sacrificial más fuerte y veloz alcanzaba la cúspide del cerro, los llameros de Arque y Tapacarí exclamaban: “¡Orko piña kayku, orko piña kayku!”.

Durante los reinados imperiales de los incas Túpac Yupanki y Huyna Cápac, el culto a la diosa Kawillaca se celebraba en el momento agrícola de los preparativos para la siembra. | Fotomontaje Sol de Pando
LA RELIGIÓN DE LA FERTILIDAD
El culto a las deidades femeninas de la fertilidad Kawillaca y Chaupiñamca, así como a los dioses uránicos y agrícolas Cuniraya Wiracocha, Pariacaca, Macahuisa, Pachacámac, etcétera, comenzó a generalizarse en el Tahuantinsuyo durante el reinados del inca Túpac Yupanqui, una vez que el soberano había pactado con los señoríos puquina-aimaras del Collasuyo la política de fomentar, desde el Estado imperial, los ritos politeístas que habían entrado en conflicto con el proyecto monoteísta solar del dios quechua Inti. Durante su campaña de conquista henoteísta a las deidades del Collasuyo, Túpac Yupanqui pasó por Cochabamba en 1470.
Wayna Cápac, hijo de Túpac Yupanqui, consolidó el proyecto civilizatorio de su padre desplazando hacia Cochabamba poblaciones mitimaes que llegaron desde Quito y Cuzco para unificar la religión emergente en el Tahuantinsuyo. Sin un sustrato religioso hegemónico, base de todo consenso, era inviable para el Inca desarrollar su gestión expansiva en lo económico y lo militar. En ese marco, Huayna Cápac llegó a Cochabamba alrededor del año 1500 para repartir tierras a los mitimaes y administrar personalmente la construcción de esta “llacta” como un centro productivo, ceremonial y castrense fundamental para la expansión del imperio hacia el trópico de Moxos.
Deidades como Kawillaca o Cuniraya Huiracocha eran veneradas en una extensa territorialidad que abarcaba desde la costa peruana hasta el altiplano boliviano, cruzando el Titicaca desde el Cuzco hasta las estribaciones del Poopó y las costas de Atacama, pasando por el valle de Cochabamba. Esa territorialidad sacral es correlativa al modelo económico incaico que John Murra definió como “control vertical de un máximo de pisos ecológicos”, es decir un desplazamiento poblacional desde un origen étnico común hacia una diversidad geográfica en pos de la complementariedad productiva. En este caso, los mitimaes de Huayna Cápac eran los portadores andantes de esa economía y esa religión hegemónicas.
LA LLAJTA DE COCHABAMBA, UN REINO DEL SINCRETISMO
En el espacio sacral de la “llacta” de Cochabamba, hay muchas otras expresiones de sincretismo religioso tan contundentes como la de Urkupiña con la Virgen de Asunción tomando el lugar de la diosa Kawillaca.
En Tapacarí, por ejemplo, aún está presente la leyenda del dios agrícola Cuniraya Wiracocha que reapareció en 1918 bajo la forma de un Cristo mendigo, para anunciar la inundación del río Huateca que dio fin con el esplendor señorial de aquel pueblo.
__________
Con fragmentos del libro, inédito, “Huiracocha y Kawillaca: Dualidad y sincretismo en el horizonte utópico”. Investigación antropológica del periodista Wilson García Mérida.
LINKS RELACIONADOS
- URKUPIÑA: UNA DIOSA AIMARA DE LA FERTILIDAD
- EL DÍA EN QUE JESUCRISTO INUNDÓ TAPACARÍ
- EL HOMBRE DE JAIHUAYCO: UN VIAJERO DEL TIEMPO
- ¿POR QUÉ COCHABAMBA ES UNA “LLAJTA”?
- EL IMPERIO DE TIAHUANACO FUE TAMBIÉN AMAZÓNICO
- LA OBSTINADA FALACIA ESTATAL DEL AÑO NUEVO AYMARA
- LA PALABRA “MAMÁ” ES AFRICANA, SE REPITE EN 84 IDIOMAS
- LA CAIDA DE ATAHUALPA: CUANDO EL SOL DEJÓ DE SER DIOS
- LA EVOLUCIÓN FESTIVA DEL CULTO A LA MUERTE






















