Data: diciembre 25, 2013 | 21:48
El modelo agroforestal comunitario que el héroe acreano enarboló como bandera de lucha para defender el bosque amazónico, es hoy reconocido por la ONU como viable y sustentable...

A 25 años de su muerte Chico Mendes es Patrono del Medio Ambiente en la Amazonia

Sello postal conmemorativo por los 25 años de la muerte de Chico Mendes, emitido por el Estado de Acre, en la Amazonia brasileña.

Sello postal conmemorativo por los 25 años de la muerte de Chico Mendes, emitido por el Estado de Acre, en la Amazonia brasileña.

La última quincena de diciembre, en la región amazónica del Acre, está consagrada a rendir homenaje a la memoria de Chico Mendes, héroe popular en la defensa del bosque amazónico por cuya causa fue asesinado hace 25 años. Aquel legendario luchador que nació un 15 de diciembre de 1944 en Xapurí —territorio boliviano hasta antes de la Guerra del Acre— fue acribillado el 22 de diciembre de 1988 por órdenes de terratenientes agroindustriales y madereros que promovían la deforestación de la selva amazónica.  El gobierno del Brasil, mediante Ley, lo ha nombrado Patrono del Medio Ambiente; el Estado de Acre creó nuevos museos rememorando su obra y su lucha y varios municipios acreanos organizan concursos medioambientalistas, deportivos y culturales en su homenaje, mientras en escuelas, colegios y universidades, dentro y fuera del Brasil, se recuerda al mártir amazónico del siglo XX con eventos académicos y artísticos alusivos a la importancia de la Amazonia para el futuro del planeta…

© Redacción Sol de Pando

El 22 de diciembre de 1988 era asesinado en Xapurí, una pequeña ciudad de la Amazonía brasileña próxima a Bolivia, el siringuero —recolector de caucho— Francisco Alves Mendes Filho, “Chico Mendes”, acababa de cumplir 44 años cuando fue acribillado a manos de hacendados y ante su modesta casa de madera en Xapuri, pueblo del estado de Acre.

Su muerte se había sumado a los miles de asesinatos de dirigentes sindicales, abogados laboralistas, militantes de izquierdas, sacerdotes de la teología de la liberación, ecologistas e indígenas, registrados en los últimos años en la Amazonia brasileña y que hoy aún  siguen estando al orden del día.

Sin embargo, Chico Mendes había conseguido aglutinar a fuerzas tan dispares como partidos políticos, sindicatos de trabajadores del caucho, organizaciones ecologistas, la Iglesia, los grandes bancos y la comunidad internacional, alrededor de su proyecto de la defensa de la selva amazónica y de sus habitantes. El proceso que llevó a generar la atención de todo el planeta hacía la defensa de su principal pulmón, la selva amazónica, ha sido largo y es el mayor ejemplo de la continua destrucción llevada a cabo en el último siglo de la flora y la fauna de la Tierra y que a pesar de la toma de conciencia reciente sigue su camino de manera inexorable.

Chico Mendes organizaba cordones humanos en la selva amazónica para impedir que fuese devastada por hacendados. Con su liderazgo, Mendes dio voz a la lucha de los llamados “seringueiros” (los cosechadores de látex) por la preservación de su modo de vida en la Amazonía.

Las autoridades brasileñas lo homenajearon esta semana con una ley que lo nombra patrono del Medio Ambiente de Brasil.

“A mi padre nunca le gustaron los títulos. Por eso puedo decir que el título de héroe nacional y patrono del medio ambiente brasileño sólo tendrá valor de hecho cuando no haya más muertes por conflictos de tierras, cuando no haya más injusticias y amenazas contra aquellos que defienden el medio ambiente”, afirmó su hija Angela Mendes, en una sesión solemne en memoria de su padre esta semana en el Senado.

“No estoy preparada para decir que perdono (…) Lo que nos permite convivir con la pérdida es el legado que él dejó, la lucha que él comenzó”, afirmó su viuda, Ilzamar Mendes, en una entrevista publicada este domingo en el diario O Globo. Dos hijos sobrevivieron a Mendes.

Los dos responsables de su muerte, Darly Alves -instigador del asesinato- y su hijo Darcy -quien disparó-, fueron condenados a 19 años de cárcel en 1992.
“No sólo Brasil se levantó contra mí, sino el mundo entero”, afirmó Darly Alves, de 78 años en una reciente entrevista al diario O Estado de Sao Paulo, desde su cama en el hospital.

El crimen del 22 de diciembre

El 22 de diciembre de 1988 Darly Alves da Silva y su hijo Darcy, miembros de la Unión Demócrata Ruralista (UDR) asesinaron a Chico Mendes en la puerta de su casa de Xapurí. Francisco Alves Mendes fue asesinado a pocos metros de su mujer e hijos. Este trágico hecho pudo ser conocido en todo el mundo gracias a la gran presión internacional de numerosas entidades sindicales, religiosas, ambientalistas y defensoras de los Derechos Humanos.
La presión hizo que por primera vez un crimen así no quedara impune y se capturara y juzgara a los dos culpables que fueron encarcelados. Los asesinos, padre e hijo, dos poderosos terratenientes enriquecidos con la destrucción de la selva y la explotación de trabajadores del caucho, habían salido ya impunes de otros asesinatos. Aunque la repercusión mediática y la presión del comité “Chico Mendes” hizo que esta vez, la policía actuara. Curiosamente pudieron escapar de la cárcel 2 años después. Y una vez más, la fuerte presión internacional hizo que tras otros tres años de búsqueda, fueran nuevamente capturados. Sin embargo, muchas otras personas también fueron asesinadas por defender la selva, pasando rápidamente al olvido.
Tal y como había advertido el activista brasilero, no era el primer crimen que cometían los terratenientes, por lo que más de 30 entidades sindicales, religiosas, políticas y de defensa de los derechos humanos y medioambientales, crearon el Comité Chico Mendes para que los asesinos no salieran impunes esta vez. Dos años después de haberlo matado, en 1990, los Alves da Silva fueron condenados a 19 años de cárcel por el asesinato del activista.
Los asesinos materiales fueron el terrateniente Darly Alves de Silva y uno de sus 21 hijos, Darcy Alves Pereira, que fueron juzgados y condenados, pero escaparon en 1993 sin muchos problemas de la cárcel de Río Branco, capital del estado de Acre, siendo nuevamente apresados tres años más tarde.
«A Chico le gustaba mucho jugar al dominó. Llevaba jugando desde las cuatro de la tarde. A las seis y media le pedí que parase, para servir la cena. Entonces se levantó de la mesa, dijo que iba a ducharse y me preguntó si podía usar la toalla que le había regalado por su cumpleaños. Le dije que sí, tomó la toalla y se dirigió hacia la puerta. Abrió una rendija, vio que estaba oscuro y volvió. Tomó una linterna , abrió la puerta y entonces le dispararon».
Ilzamar Gadelha, esposa de Chico Mendes, que entonces tenía 24 años, recuerda con estas palabras los últimos momentos de su marido, a quien el día 22 de diciembre un tiro de escopeta disparado por Darcy Alves le segó la vida. Darly y Darcy eran de la Unión Democrática Ruralista, latifundistas brasileños con una larga lista de asesinatos en su haber, reitera la viuda de Chico.
El asesinato de Mendes, de no ser por la repercusión que tuvo en Brasil y en otros países, habría quedado tan impune como los más de 1.000 crímenes de dirigentes sindicales, militantes de izquierda, abogados, sacerdotes de la teología de la liberación e indígenas registrados en los últimos años en la Amazonia brasileña. Tras la muerte de Mendes los asesinatos se han seguido produciendo, aunque a una escala menor, pero con la misma impunidad. El 26 de marzo de 1998, 10 años después, fueron asesinados 2 líderes del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en Parauapebas, en Pará, uno de los municipios donde la lucha por la tierra es más violenta. En Pará han sido asesinados más de 500 campesinos pobres en la última década. Los conflictos por la tierra y la destrucción del bosque tropical son las dos caras de la política de ocupación de la Amazonia.
El 9 de diciembre de 1988, 13 días antes de ser asesinado, Chico Mendes en una entrevista con Edilson Martins, del diario Jornal do Brasil, afirmó que estaba amenazado por los propietarios de la fazenda Paraná, Darly Alves y Alvarino Alves. Desde 1973, esos dos terratenientes tenían orden de prisión en Paraná (en el sur de Brasil), pero el delegado de la Policía Federal de Acre, Mauro Spósito, retuvo esa orden de prisión.
Un mes antes de la muerte de Chico, el abogado y terrateniente Joao Branco, presidente de la UDR de Acre, estuvo en la hacienda de Darly Alves discutiendo el asesinato de Chico Mendes, según Genesio Ferreira de Silva, un muchacho que por entonces tenía 14 años y era empleado de Darly. Para muchos Joao Branco fue el verdadero instigador de la muerte de Chico Mendes y otros líderes sindicales en Acre, y el auténtico dirigente de un escuadrón de la muerte en la región, encaminado a suprimir toda oposición a la expropiación y deforestación de la selva. Joao Branco declaró como testigo en el juicio, pero nunca fue juzgado, y tras pasar varios meses fuera, esperando a que se calmase la situación, regresó a Acre, dimitiendo como presidente de la UDR.
La UDR de Acre, según Chico Mendes, «es el núcleo de un auténtico escuadrón de la muerte, responsable de numerosos asesinatos». Sus principales integrantes en la época en que Mendes fue asesinado eran Joao Branco; Rubem Branquinho, que fue candidato a gobernador del estado; el ex alcalde de Río Branco, Adalberto Aragao; el diputado por el partido Frente liberal, Joao Tezza; los terratenientes Benedito Rosa Gastao Mota; el ex alcalde Xapuri, Vanderlei Viana, y el que era concejal de Brasileia, Luis Assém.
«CUANDO LOS ÁNGELES LLORAN» | Una canción de Maná para Chico Mendes

LETRA DE LA CANCIÓN

A Chico Mendes lo mataron
Era un defensor y un ángel
De toda la Amazonía
Él murió a sangre fría
Lo sabía Color de Melo
Y también la policía

Cuando los ángeles lloran
Lluvia cae sobre la aldea
Lluvia sobre el campanario

Pues alguien murió
Un ángel cayó
Un ángel murió
Un ángel se fue
Y no volverá

Cuando el asesino huía
Chico Mendes se moría
La selva se ahogaba en llanto
El dejó dos lindos críos
Una esposa valerosa
Y una selva en agonía

Cuando los ángeles lloran
Es por cada árbol que muere
Cada estrella que se apaga

Un ángel cayó
Un ángel murió
Un ángel se fue
Y no volverá
Un ángel cayó
Un ángel murió
Un ángel se fue

Se fue volando en madrugada
Cuando los ángeles lloran
Cuando los ángeles lloran, lloverá
Cuando los ángeles lloran
Cuando los ángeles lloran, lloverá

Lucha a muerte por el bosque amazónico

Aunque la destrucción de la selva amazónica tuvo su origen con anterioridad, todo comenzó en 1965. Cuando el gobierno brasileño puso en marcha un programa de expropiación de tierras, que sirvió para que los grandes terratenientes se adueñaran de seis millones de hectáreas en la región de Acre. No importó si los territorios pertenecían a las comunidades indígenas o si estaban habitados desde hacía décadas por familias de recolectores. Con total impunidad, usaron métodos muy violentos para amedrentar a los verdaderos propietarios, especialmente contra aquellos que mostraron resistencia.

Mataron su ganado, quemaron sus casas, violaron a sus mujeres e hijas y en muchos casos asesinaron a quien se oponía a la expropiación forzosa. Una vez adueñados de los grandes latifundios, los poderosos terratenientes de Acre tuvieron vía libre para deforestar la zona a su antojo. Usando a  las comunidades pobres de la zona, para trabajar en la recolección del caucho bajo condiciones infrahumanas. Una gran parte de aquellos trabajadores, era mano de obra infantil.

Diez años después del inicio de la expropiación, el resultado ya era devastador. Aumentó considerablemente la pobreza, los casos de suicidio o la exclusión social de los trabajadores del caucho, frente a unos pocos latifundistas de cada vez más ricos…y gigantescas extensiones de terreno quedaron arrasadas: 180.000 árboles de caucho y 80.000 castaños fueron quemados o talados. Para la quema de los bosques, los terratenientes no dudaron en utilizar “napalm” que trajo numerosas enfermedades a los trabajadores del caucho y sus familias. Debido a la deforestación y erosión de suelo, también aparecieron grandes nubes de mosquitos que multiplicaron los casos de malaria y otras enfermedades mortales. Debido a ello, también se disparó la mortalidad infantil en la zona.

Aunque las pocas opciones de protesta eran duramente reprimidas, surgieron algunos líderes que denunciaron la destrucción de la selva y la explotación de los trabajadores. Tal es el caso de Francisco Mendes, que comenzó a trabajar a los 9 años en la recolección de caucho. Sin poder ir a la escuela o llevar la vida que debería tener cualquier niño del mundo. Aprendió a leer con 24 años, en una incansable lucha por alzar la voz y defender los derechos más básicos de los trabajadores del caucho y la selva amazónica.

Luchador nato, desde joven desarrolló una infatigable labor en defensa de los seringueiros  de los pueblos de la floresta (indios, recolectores de caucho y habitantes de las riberas de los ríos, entre otros), oponiéndose a la deforestación que afectaba Acre lo que le dio una gran proyección internacional, recibiendo, un año antes de su muerte, el premio Global 500 por la ONU y la Medalla por el medio ambiente de la organización Better World Society.  Como sindicalista participó en la creación de la Central Única de Trabajadores y del Partido de los Trabajadores de Brasil.

El 10 de marzo de 1976 los seringueiros del Acre organizaron el primer empate (acción no violenta para impedir la tala de un «seringal», área de selva explotada sosteniblemente por los recolectores de caucho) en Brasiléia, municipio próximo a Xapuri, en Acre. Entre 1976 y 1988 Chico Mendes y otros como Wilson Pinheiro (asesinado el 21 de julio de 1980) organizaron 45 empates, con un saldo de 400 detenidos, 40 torturados y varios muertos, pero lograron impedir la deforestación de 1,2 millones de hectáreas de selva. Estas acciones siempre chocaron con los intereses de los grandes latifundistas.

A medida que iba recibiendo premios y reconocimiento internacional en los ámbitos del Medio Ambiente y los Derechos Humanos, iba creciendo el odio hacia él y su causa en Brasil, por parte de los terratenientes de Acre. Ya habían formado escuadrones de la muerte que asesinaban impunemente líderes o activistas de la región, y comenzaron las amenazas. Chico nunca utilizó métodos violentos, aunque sus enemigos sí. Temía que le mataran y así lo llegó a confesar antes de su muerte, pero no podía dejar de defender los abusos contra la selva y sus trabajadores. La policía estaba del lado de los destructores de la Amazonía, una minoría muy poderosa, e ignoraba a los defensores del pulmón del mundo. Un hecho desagraciadamente habitual en muchas regiones, que algunos valientes como “Chico” se atrevieron a denunciar.

Pocos días antes de morir, Chico Mendes declaró: «Si descendiese un enviado de los cielos y me garantizase que mi muerte facilitaría nuestra lucha, hasta valdría la pena. Pero la experiencia me enseña lo contrario. Las manifestaciones o los entierros no salvarán la Amazonia. Quiero vivir.»

La muerte de Chico Mendes atrajo la atención internacional sobre la destrucción de la Amazonia y la violación de los derechos humanos, acabó con la impunidad absoluta y sobre todo posibilitó la creación de las llamadas reservas extrativistas.

El proyecto agroforestal comunitario de Mendes

CachoeiraChico Mendes propuso la conservación de los bosques como un medio para solucionar conflictos sociales, particularmente en el Amazonas, subraya la organización.

«La categoría de área protegida brasileña «Reservas Extractivistas» ha resultado de la alianza de sindicatos locales y habitantes de los bosques con movimientos sociales y ambientales de Brasil y de todo el mundo. Con ella, el Gobierno brasileño declara la tierra pública y la cede para su gestión a las comunidades locales con el compromiso de mantener el bosque y promover su uso sostenible», explica Claudio Maretti, el líder de la Iniciativa Amazonía Viva de WWF.

El modelo de «reservas extractivistas» ganó reconocimiento en 1992, durante el tercer Congreso Mundial de Parques Nacionales y otras áreas protegidas celebrado en Caracas. En 1994, durante una Asamblea Global de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza en Buenos Aires, obtuvo el reconocimiento de categoría internacional de área protegida (categoría VI), entendida como la conservación a través del uso sostenible de los ecosistemas por parte de las comunidades locales.

Dicha categoría de protección se ha convertido hasta el momento en uno de los más importantes elementos de conservación de la Amazonía. Y se asocia normalmente con territorios indígenas y con áreas estrictamente protegidas.

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