CRÓNICA DE UN EXTERMINIO CONSUMADO | El gobierno del Estado Plurinacional permitió finalmente la extinción de esta etnia amazónica representativa de Pando, consolidando mediante un ilegal "saneamiento" forestal un proceso de despojo territorial iniciado hace varias décadas durante la dictadura militar de Banzer...
Murió Busi Yacu, la última heroína Pacahuara, desterrada de su bosque natal

Con la muerte de Busi Yacu se consumó la extinción de los Pacahuara. | Foto: Archivo Sol de Pando
Busi era la última y única indígena boliviana amazónica que todavía conservaba parte del atuendo ancestral de los pueblos en aislamiento voluntario, luciendo en su rostro un septo nasal con una fina caña de tacuara atravesada por una pluma roja de tucán; y arreglaba su pelo a la antigua usanza pacahuara con un cerquillo en la frente. Se distinguía por su infaltable collar de perlas rosadas de plástico que, decía, había heredado de su madre. Junto con su esposo-primo-hermano Buca Yacu (los Pacahuara eran una etnia endogámica), Busi conservaba su lengua materna de raíz Pano y solía narrar cantando en ese idioma la historia de su pueblo, incluyendo el episodio del asesinato de su padre y de las matanzas que presenció en los años sesenta y setenta en su territorio despojado de Pando…
© Wilson García Mérida
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Sol de Pando ha confirmado el fallecimiento de la última indígena originaria Pacahuara, Busi Yacu, acaecido el pasado mes de diciembre en la comunidad de Puerto Tujuré, jurisdicción del municipio de Riberalta, Beni, lejos de su territorio originario en el departamento de Pando. Según nos informan los comunarios del puerto indígena a orillas de Riberalata (departamento del Beni), falleció de una abrupta insuficiencia cardiaca.
Con la muerte de Busi Yacu en el injusto destierro, el idioma Pacahuara está desapareciendo de la faz de la tierra, junto con las historias que contaba y cantaba esta heroína indígena que sobrellevó con dignidad y estoicismo el inminente exterminio de su pueblo.
SOL DE PANDO IMPRESO | La historia de un etnocidio
La primera publicación de Sol de Pando referida a los Pacahuara, lanzada en octubre del 2010.
Un Estado constitutivo que viola su Constitución
Familia Pacahuara
Bose y Buca Yacu intentaron infructuosamente retornar con su familia-nación a su territorio de Pando en el 2009.
En octubre del 2009, Bose y Buca Yacu se adscribieron a una demanda judicial interpuesta en un juzgado de Cobija por la Central Indígena de Pueblos Originarios de la Amazonía de Pando (Cipoap), demandando al Instituto Nacional de Reforma Agraria (Inra) y a la Autoridad de Fiscalización de Bosques y Tierras (ABT) se restituya el territorio originario Pacahuara en este departamento, actualmente saneado como una concesión maderera detentada por la empresa Mabet.
El juicio no prosperó debido a intereses de unos supuestos loteadores no indígenas que pretendían beneficiase de los recortes impuestos por el Gobierno a la concesión maderera para introducir en ella asentamientos campesinos agrarios, pese a que las concesiones forestales son tierras fiscales no disponibles para la agricultura. Tales intereses agrarios se cruzaron con la aspiración territorial manifiesta de los sobrevivientes Pacahuara para retornar a su bosque originario en Pando.
En el confuso proceso judicial de octubre del 2009 no estuvo claro si la reivindicación territorial debía suponer el retorno de los Pacahuara desterrados en Puerto Tujuré, Alto Ivón y Cachuelita; o permitir el asentamiento de una supuesta parcialidad nómada dispersa en Pando que, al parecer, en realidad no existe.
En todo caso, el juez falló a favor de la empresa maderera, la cual además tuvo el apoyo directo del Inra y la ABT, las mismas que arguyeron, con cierta razón, que detrás del reclamo de los indígenas para ocupar las tierras cedidas a la empresa maderera se hallaba un grupo de “loteadores” que no eran en realidad indígenas, dizque Tacanas. Aquello sólo perjudicó a los verdaderos Pacahuara, ocupantes originarios de las riberas del Río Negro, que en algún momento de su larga agonía étnica fueron desplazados hacia la provincia Vaca Diez del Beni, en tierras de sus parientes Chacobos, engañados por misioneros norteamericanos que comenzaron a vestirlos con poleras usadas que importaron de Miami.
La resolución del juez que rechazó la demanda de los Pacahuara para retornar a su territorio original entre los ríos Negro y Pacahuara, es insólita:
“No se ha demostrado que las etnias que están asentadas en el territorio indicado, como son Tacana La Selva o Pacahuara, estén reconocidos por el Estado o que hayan nacido a la vida jurídica a través de una OTB o una Resolución Prefectural”.
En otras palabras, los Pacahuara fueron declarados ilegales.
Con visibles características de una extorsión muy al estilo oficial, la empresa Mabet fue obligada a ceder como un forzoso “recorte” aproximadamente 69.500 hectáreas, de las 293.975 inicialmente concesionadas, reduciéndose la concesión a una superficie de 224.504 hectáreas. Las áreas recortadas beneficiaron con títulos agrarios a ocho comunidades de campesinos colonos vinculados políticamente con el Gobierno. Varias de esas comunidades están constituidas por campesinos evangelistas provenientes del occidente del país y que conforman una leal masa electoral manejada personalmente por el Ministro de la Presidencia.
Los sobrevivientes Pacahuara de Alto Ivón —encabezados por Busi y Buca Yacu— intentaron acceder a un recorte en Mabet a fin de retornar, después de casi 40 años, a su territorio originario en Pando. Curiosamente el Gobierno, a pesar de la voluntad positiva de Mabet, no consideró la posibilidad de salvar del mestizaje y la extinción etno-cultural a los Pacahuara desterrados en la reservación Chacoba del Beni, al considerarlos excesivamente minoritarios y con nula importancia electoral, con lo cual se consumó el inminente exterminio desatado por la dictadura de Banzer.
Lo más alarmante del caso es que la política gubernamental dirigida por el ministro Quintana con respecto a los derechos territoriales indígenas en la amazonia boliviana, en ningún momento aplicó el precepto constitucional de priorizar esos derechos ante todo, tal cual establece el artículo 31 de la Constitución Política del Estado Plurinacional:
- Las naciones y pueblos indígena originarios en peligro de extinción, en situación de aislamiento voluntario y no contactados, serán protegidos y respetados en sus formas de vida individual y colectiva.
- Las naciones y pueblos indígenas en aislamiento y no contactados gozan del derecho a mantenerse en esa condición, a la delimitación y consolidación legal del territorio que ocupan y habitan.
La aplicación simple y llana de este precepto constitucional habría implicado el desarrollo de una política de protección a uno de los pueblos indígenas más vulnerables de Bolivia y en peligro inminente de extinción, con el establecimiento de un Santuario Pacahuara dentro un razonable recorte en la misma concesión Mabet, tal como sugirió la dirección de Sol de Pando al ministro Quintana en el 2009, lo que habría posibilitado revertir eficazmente y muy a tiempo el etnocidio desatado por Banzer. En Brasil y Perú, si bien no existe una Constitución indigenista tan avanzada como la de Bolivia, los pueblos amazónicos en aislamiento voluntario y los que se hallan en vías de extinción son protegidos por el Estado mediante parques nacionales y santuarios de biodiversidad que garantizan el repoblamiento de pueblos disminuidos en su lucha por sobrevivir. La etnia de pescadores Enawene Nawe originaria del Mato Grosso brasileño tenía una población de tan sólo 97 individuos en 1974, a consecuencia del avasallamiento empresarial, pero la delimitación de un área de intangibilidad para su protección permitió que ese pueblo amazónico incremente su población a 500 habitantes que continúan reproduciendo su cultura y su estilo de vida sin perder ninguna esperanza de continuar siendo una nación con territorio propio, autónoma e intangible respecto al Estado «civilizado».
Mapas oficialmente contradictorios
¿PANDO CON PACAHUARAS?
El Gobierno de Evo Morales todavía difunde mapas de la población indígena de Bolivia señalando como territorio Pacahuara a la provincia Federico Román de Pando. Este mapa fue elaborado por la Dirección de Gestión Territorial Indígena del Viceministerio de Tierras en el año 2007, durante la gestión de Alejandro Alamaraz. En el 2008, tras la masacre de Tahuamanu perpetrada por sicarios ahora ligados a Quintana, el Ministerio de la Presidencia publicó asimismo un mapa similar afirmando que los Pacahuara “habitan la región comprendida por los ríos Acre, Abuná y Madera, desde su confluencia con el Itenez, pasando por la desembocadura del Madre de Dios…”.
¿PANDO SIN PACAHUARAS?
Contradictoriamente, el mismo Viceministerio de Tierras, también bajo la gestión de Almaraz, mediante su misma Unidad de Gestión Territorial Indígena, publicó este otro mapa en el año 2009 eliminando a la etnia Pacahuara del territorio de Pando y del país mismo. La paradoja es que el mapa detalla a los pueblos indígenas más vulnerables de Bolivia, identificando como tales sólo a etnias donde algunas ONG’s ejecutan proyectos “sustentables” financiados con recursos de Europa y Estados Unidos. Este mapa fue diseñado bajo el criterio de que los pacahuaras no existen ni como un problema para la burocracia “proyectista” de las ONG’s.
PANDO CON CONCESIONES MADERERAS EN TERRITORIOS INDÍGENAS
A fines del 2010, el Inra elaboró y publicó este mapa que refleja la estructura de concesiones forestales en la franja fronteriza de Pando hacia el lado brasileño, mostrando con claridad que la zona que hasta antes de la dictadura de Banzer era territorio indígena Pacahuara, es hoy un área de explotación maderera concesionada a varias empresas forestales, algunas de las cuales exportan productos maderables especialmente al mercado norteamericano. Un total de 19 concesiones han sido saneadas por el Viceministerio de Tierras, el Inra y la ABT entre el 2008 y el 2009, sobre una superficie total de 1’568.149 hectáreas. Las áreas amarillas del mapa son los «recortes» destinados, dentro las concesiones forestales, a comunidades campesinas «interculturales» leales al Ministro de la Presidencia.
La memoria larga del exterminio
A mediados de la década de los setenta, durante la dictadura militar de Banzer, la familia de Bose Yacu fue “relocalizada” de la provincia Federico Román de Pando hacia una reservación Chacoba situada en la provincia Vaca Diez del Beni, en medio de un genocidio perpetrado contra este pueblo pandino por parte de avasalladores bolivianos, brasileños y norteamericanos que terminaron apropiándose del territorio Pacahuara para la extracción intensiva de madera, oro y castaña, entre otras riquezas pródigas en ese paraíso de la biodiversidad pandina, en el extremo noreste de la provincia Federico Román. Actualmente en ese territorio “desindigenizado” existe una concesión maderera, sobre una extensión de casi 250.000 hectáreas, “saneada” por el Gobierno “plurinacional” que preside Evo Moraes.
La persecución y asesinatos cometidos contra los líderes pacahuaras por sicarios brasileños y paramilitares bolivianos, ante la complacencia de las autoridades gubernamentales de esa época, fue el pretexto aprovechado por los evangelistas norteamericanos para “reducir” a los Pacahuara, después de varios siglos en los que esa nación había resistido y evadido exitosamente los fallidos intentos cristianizadores de misioneros jesuitas y franciscanos.
Entre los siglos XVII, XVIII y XIX curas españoles como los frailes Francisco Xavier Negrete, fray Martín Pueyo y el padre Nicolás Armentia, libraron batallas de astucia y perseverancia con los irreductibles Pacahuara que se negaban a renegar contra sus propios dioses animistas, a cubrir su natural desnudez como pueblo nómada en aislamiento voluntario, a hablar un idioma diferente al suyo y a adoptar nombres y apellidos castellanizados en detrimento de su identidad colectiva e individual.
Los jesuitas y franciscanos en la época de la Colonia y en el primer siglo republicano, crearon las llamadas “reducciones” donde los indígenas de distintas etnias de la Amazonia, tentados por abalorios y chucherías con que alucinaban a los inocentes “infieles”, eran obligados a vestir ropas “decentes” y bautizados a la fuerza. Son célebres las misiones de Cavinas, Exaltación, Ixiamas y Reyes, entre otras, donde los curas intentaron “uniformizar” religiosa, lingüística y culturalmente a etnias como los Tacana, Moxos, Baures, Movimas, Etirumas, Tapacuras, Itonamas, Huarayos, Canichanas, Bolepas, Hericecobonos, Rotoroños, Pechuyos, Coticiaras, Meques, Mures, Sapis, Cayubabas, Canacures, Ocoronos, Chumannos, Mayacamas, Tibois, Nayras, Norris, Pacahuaras, Pacanabos, Sinabos, Cuyzaras y Cabinas, que son algunos de los grupos étnicos citados por el cosmógrafo Cosme Bueno en 1773. Muchas de estas etnias, pertenecientes a las matrices lingüísticas Pano y Tupiguaraní, ya no existen en nuestros días.
En 1795, comisionado por el Gobernador de Moxos Miguel Zamora Treviño, el padre Francisco Javier Negrete llegó a este “país pacaguara” que contaba con miles de habitantes “caripunas” ocupando más de la mitad del territorio dentro el actual norte amazónico de Bolivia.
El sabio d’Orbigny alcanzó a verlos en su travesía sin fin, vagando nómadas con el septo nasal atravesado por tacuaras y plumas y tembetas en los labios; los contó por millares, dispersos a lo largo y ancho de la selva lindante con los llanos de Mojos, en la confluencia de los ríos Negro, Beni y Mamoré.

Resistiendo al cristianismo colonial
Los Pacahuara fueron los más indóciles e irreductibles entre todas las etnias originarias de la selva boliviana, en virtud a su fortaleza numérica y cultural que dominaba en todo el norte amazónico del país. Ya en 1764 se tienen referencias de la violencia etnocida que provocaba la existencia libertaria y nómada de los Pacahuara dueños del vasto bosque, cuando el jesuita Eusebio Mejía, prefecto de la reducción de Ixiamas, “llega a cortar las orejas y a matar a unos indios indóciles (pacahuaras) que no quieren obedecerle”.
En octubre 1796, el padre Negrete había logrado introducir a 43 pacahuaras en la reducción de Exaltación donde coexistían bajo el signo de la cruz cristiana indígenas de otras etnias como los Cavineños, Itonamas, Esse Ejjas y Tacanas. Negrete bautizó a los pacahuaras “reducidos” cambiándoles sus nombres; a un indígena originalmente llamado Yona lo nombró Timoteo, a otro de nombre Coya lo llamó José, y un tal Buca comenzó a llamarse Rafael. Entre las mujeres pacahuaras bautizadas, Yuca se llamó Isabel, Naba se hizo Manuela y a Bari la llamó Josefa. Los apellidos les serían dados por sus futuros patrones en las haciendas feudales: Suárez, Soria, Gómez, etcétera.

El modo de vida cristiano de aquellos pacahuaras “reducidos” sería muy efímero. No eran indios para vivir entre cuatro paredes. Cedían a las tentaciones de los curas sólo para obtener utensilios y herramientas que atraían su interés práctico y luego huían furtivamente de las reducciones cristianas multiétnicas para desvestirse nuevamente y vagar libres y a sus anchas en el infinito bosque mezclándose con la demás fauna sin más pretensión que ser tan intangibles como la naturaleza pura.
La República Exterminadora

Bosé, niña, tras el asesinato de sus padres durante la dictadura militar,cuando fue llevada de su bosque originario de Pando a una reservación chacoba en Riberalta, donde murió olvidada y desterrada hace menos de un año. | Archivo Sol de Pando
El advenimiento de la República y sus secuelas bélicas especialmente tras las guerras del Acre y del Chaco, sustituyó la presencia “civilizatoria” de la cruz católica en la Amazonia indígena con las armas de un ejército creado para imponer los intereses del capital depredador. En la era del caucho, potentados como Nicolás Suárez expandieron su emporio extractivo en las áreas más pródigas del bosque amazónico, cuyo centro era nada menos que el territorio indígena Pacahuara en el extremo norte de Pando. En la provincia Federico Román, el cantón Manoa por donde atraviesan los ríos Negro y Pacahuara colinda con Cachuela Esperanza, ya en el municipio beniano de Guayaramerín, donde el imperio cauchero de Nicolás Suárez tenía su principal base de operaciones, chocando violentamente con los indígenas Pacahuara a quienes Suárez pretendía, además de cristianizarlos, incorporarlos como pongos (siervos) de sus haciendas gomeras.

Bosé durante su destierro en Puerto Tujuré, a miles de kilómetros de su territorio originario en Pando, hoy convertido en el más grande emporio maderero privado de Bolivia.
En 1906, finalizada la guerra del Acre que favoreció a Suárez gracias al heroísmo de flecheros indígenas tacanas que expulsaron a los brasileños de sus barracas gomeras de Porvenir, el explorador Percy Fawcett registró testimonios acerca de que los ríos Abuná y Acre, en el actual territorio de Pando, se hallaban “infestados de pacahuaras” y que en Cachuela Esperanza, base de los hermanos Suárez, se veían canoas con pacahuaras “enteramente vestidos con sus pinturas de guerra”. En los años 20, el hermano de Nicolás Suárez, Gregorio, fue atrapado por unos guerreros pacahuaras que lo mataron en un acto de guerra territorial. En represalia, para vengar la muerte de su hermano, Nicolás Suárez organizó tropas del Ejército que le debía su existencia en esta región tras la guerra del Acre, y con apoyo de sicarios brasileños y paramilitares nativos, ese Ejército feudal desató una despiadada persecución contra los indígenas panos, en una frontal guerra de exterminio que duró todo el siglo XX y se prolongó hasta nuestros días incluso.
Exterminio Pacahuara por obra de Banzer

El dictador Banzer durante una de sus frecuentes “visitas” a Pando, a mediados de los setenta.
Bose y Buca Yacu son descendientes directos de aquellos guerreros indomables que resistieron cinco siglos de un coloniaje que se salió con la suya al fin, a pesar del rimbombante discurso descolonizador del actual régimen populista boliviano. A estos últimos indígenas Pacahuara les tocó enfrentar la batalla final de la guerra de exterminio desatada contra ellos por la “civilización” moderna, traicionados y burlados por un “Estado Plurinacional” que los exhibe como una de las 36 naciones y lenguas originarias reconocidas por la actual Constitución Política, sin impedir en absoluto su anunciada extinción.
Aunque no está debidamente certificado y esclarecido el momento preciso en que los últimos pacahuaras fueron desterrados de Pando con “ayuda” de las ONG’s vinculadas al ILV y la CIA —evidencias fotográficas indican que fue en 1973–, se sabe que los misioneros evangélicos norteamericanos Guy East y Gilbert Prost fueron quienes inicialmente “redujeron” a los indígenas Chácobo (parientes lingüísticos de los Pacahuara) en una aldea de Puerto Tujuré que se irá poblando, entre 1955 y 1980, con varias parcialidades indígenas dispersas.
Aquellos pacahuaras “contactados” por East y Prost eran, evidentemente, el padre de Buca Yacu y sus dos esposas, una de ellas madre de Bose. Una de las hermanas casada con Papa Yacu es la madre de Buca y la otra hermana de esa relación polígama es la madre de Bosé que al enviudar se casó con el cuñado. El padre de Bose, hermano de Papa Yacu, murió asesinado en los bosques de Pando.
De acuerdo al relato de Villar, Córdoba y Combés, los esposos Gilbert y Marian Prost, misioneros norteamericanos del ILV, habían logrado reducir desde 1955 a varios grupos dispersos y nómadas de indígenas Chacobo, logrando constituir hasta mediados de los setenta “dos grandes concentraciones de chacobos”, una sobre el rio Yata y otra sobre el río Benicito, cerca a Riberalta. “Pronto”, afirman los investigadores, “se suma más al norte, el Puerto Tujuré, un pequeño grupo de pacaguaras —un hombre casado con sus dos hermanas y sus respectivos hijos— al borde de la extinción, debido a las epidemias y los conflictos con los caucheros, que son contactados en la margen izquierda del rìo Negro (Pando, nr) por el misionero Guy East, el mismo Prost y los chacobos Paë Durán y Caco Morán”.
La periodista Gisela López Rivas, ganadora en el año 2005 del Premio de Reportaje sobre Biodiversidad por su trabajo «Etnias en Extinción» publicado en El Deber, entrevistó en agosto del 2004 al chacobo Caco Morán, quien recordó que el “hospedaje” a los sobrevivientes Pacahuara en Puerto Tujuré fue gestionado por los misioneros norteamericanos. “Esa vez, los Chacobo se pusieron de acuerdo con los gringos para aceptarlos a los Pacahuara”, recordó el anciano chacobo, Morán.
El “hombre casado con sus dos hermanas y sus respectivos hijos” era el padre de Buca Yacu, aquel sobreviviente Pacahuara que intentó volver en el 2009 de Puerto Tujuré a su territorio originario sobre el Río Negro de Pando, actualmente ocupado por una empresa maderera que detenta una concesión de más de 220.000 hectáreas. Remberto Terrazas informó que Buca Yacu relataba las circunstancias en que mataron al padre de su esposa Bose (o Busi) y a todos los de su pueblo: “Mi padre murió aquí, nosotros llegamos pequeños a este lugar. A su padre de Busi lo mataron”.
Bosé Yacu
Este rostro es el ícono de una nación originaria abandonada por el "Estado plurinacional" de Bolivia.