Data: enero 24, 2016 | 13:38
"POESÍA REUNIDA" | Todos los poemarios del escritor paceño en un sólo libro...

Vuelve Jaime Saenz en una antología completa de sus poemas que editó Plural

García Mérida junto a la tumba de Jaime Saenz en el Cementerio General de La Paz. | Foto Silvia Antelo Aguilar

García Mérida junto a la tumba del poeta en el Cementerio General de La Paz. | Foto Silvia Antelo Aguilar

Saenz en los años ochenta, en la plenitud de su fulgor intelectual influido por las fuerzas telúricas del Illimani. | Foto archivo

Saenz en los años ochenta, en la plenitud de su fulgor intelectual influido por las fuerzas telúricas del Illimani. | Foto archivo

© Wilson García Mérida

“La fiebre exantemática es la cosa más rara; lleva a la tumba, pero no mata” decía Santiago de Machaca en el cuento homónimo de Jaime Saenz. Poe diría que era la Muerte Escarlata después del gran festín señorial: “Santiago de Machaca sabe muy bien que está muerto; y por idéntica razón, le causa terror sentirse vivo”.

Vaga por las calles de La Paz bañado en polvos de oro y llenando las noches de alcohol con su duda existencial. Alguien decía que el muerto viviente era un rufián y profanador de tumbas en las tierras de sus hermanos Andrés y Jesús a orillas del Titicaca. Lo bueno de vivir muerto es que el hambre se va. “En la tumba nadie tiene hambre. Parece que el horror es un alimento. Parece que el frío y la inmovilidad son alimentos. Parece que la muerte es un alimento. Hay muchos misterios que no se explican así nomás, y por eso yo soy enemigo de la ciencia, porque la ciencia trata de explicar lo inexplicable. Como iba diciendo, en la tumba no tengo hambre; pero me levanto con hambre; y por lo general, me gusta comer pan y chancaca. Aquí en la picantería de la señora Domitila no hay chancaca, y tengo que contentarme con el pan. Pero ahora voy a comer una papa”.

“Santiago de Machaca” es una de las tantas piezas narrativas que Jaime Saenz dejó inéditas a su fallecimiento en 1986, publicada póstumamente tras una década. Se suma a una vasta producción que vino dispersándose entre las brumas de la persistente memoria hasta diluirse en lo mítico y lo inalcanzable. Desde 1955, cuando lanzó “El Escalpelo” (su primera obra de prosa poética), Saenz escribió y publicó una decena de poemarios (“Muerte por tacto”, “El Frío”, “Recorrer esta distancia”, “Al pasar un cometa”, “La noche”, entre los que pude disfrutar) y una obra narrativa coronada con su novela cumbre “Felipe Delgado” (1979), además de sus cuentos y crónicas en “Imágenes paceñas”. “Los cuartos”  o “Vidas y muertes”.

Después de su muerte, los seguidores y estudiosos de su compleja obra como Blanca Wiethüchter, Leonardo García Pabón, Rubén Vargas o Vilma Tapia Anaya se dedicaron a recopilar la obra inédita de Saenz, incluyendo algunos textos que publicó en los principales suplementos literarios de La Paz. En virtud a ello ha sido posible conocer “La Piedra imán” publicada en 1989, “Los papeles de Narciso Lima Achá” en 1991 y otras obras poéticas y narrativas, entre ellas “Santiago de Machaca”, que fueron publicándose entre 1996 y 2008.

El periodista Martín Zelaya Sánchez, editor literario en Página Siete, acaba de informar que Editorial Plural lanzó hace algunos meses —entre lo mejor que aconteció en el 2015— una edición compilada de toda o casi toda la escritura poética de Jaime Saenz. El libro se llama “Poesía reunida”.

“La trascendencia de este libro —una cuidada edición de 352 páginas que incluye todos los poemarios publicados por el autor además de nueve piezas sueltas recopiladas de revistas y, de yapa, ilustraciones de Saenz y las portadas originales de los libros—, se asienta en dos puntos: la ausencia hasta ahora casi total de sus 11 poemarios en librerías del país y el exterior (salvo una compilación editada hace algunos años en México, prácticamente inhallable) y a la casi generalizada certeza entre académicos y lectores de que en la altamente pareja producción saenzeana, destaca, con picos a momentos muy elevados, su poética”, comenta Zelaya.

Texto publicado originalmente en la edición impresa Los Tiempos, 17 de enero, 2016
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