Data: julio 13, 2020 | 22:38
TRES AÑOS DEL NARCO-ATRACO A EUROCHRONOS | Gonzalo Medina, entonces comandante de la Felcc, encubrió al brasileño Adão da Silva a quien conoció en Guayaramerín tres años antes del asalto. El ministro Carlos Romero avaló las mentiras de Medina para ocultar al policía que asesinó a Ana Lorena Tórres…

ROMERO Y MEDINA CAUSARON MUERTE DE ANA LORENA

Carlos Romero y Gonzalo Medina ocultaron los antecedentes del brasileño António Adão da Silva, lo trasladaron de Guayaramerín a Chonchocoro en vez de deportarlo al Brasil, posibilitando el asalto a la joyería y provocando la muerte de Ana Lorena Tórres. | Fotomontaje Sol de Pando

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© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando | Servicio Informativo Datos & Análisis

La mañana del 17 de julio de 2017, un grupo de asaltantes al mando del recluso brasileño António Adão da Silva Costa fue acribillado por efectivos policiales al mando del coronel Gonzalo Medina Sánchez tras un frustrado atraco a la joyería Eurochronos, en Santa Cruz; y en esa masacre murió víctima de un disparo policial la joven Ana Lorena Tórres Torrico, administradora de la joyería que cayó como rehén de los ladrones y era usada como escudo.

Tras la tragedia, el ministro de Gobierno Carlos Romero Bonifaz y el entonces comandante de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (Felcc) de Santa Cruz, Gonzalo Medina, convocaron a una conferencia de prensa para informar que Adão da Silva y su banda eran “emisarios” del Primeiro Comando Capital (PCC) y que da Silva era un prófugo de la justicia brasileña por haber asesinado a un policía en ese país. Ambos datos propalados por Romero y Medina resultaron totalmente falsos, sospechosamente falsos.

De Guayaramerín a Chonchocoro

La redacción de Sol de Pando —entonces desterrada en Brasilia— tomó contacto con fuentes de la Policía Federal del Brasil para acceder a los antecedentes de Adão da Silva, conocido por su alias de “Xingú”, estableciendo que el delincuente había estado recluido el año 2014 en la carceleta de Guayaramerín, exactamente el mismo año en que Gonzalo Medina había organizado un grupo policías narcotraficantes en esa misma localidad, junto a su hijastro Robin Justiniano Meruvia.

La periodista Daniela Romero, del periódico Página Siete, reveló que en diciembre del mismo año 2014 se descubrió una avioneta, con matrícula mexicana, que estaba varada en el aeropuerto de Guayaramerín durante por lo menos 20 días. No obstante, la Dirección General de Aeronáutica Civil (Dgac) no reportó ningún plan de vuelo del piloto y de un momento a otro la aeronave “desapareció” del lugar. La Información de investigadores policiales obtenida por Daniela Romero señala que la avioneta llevaba 40 kilos de cocaína y que los tripulantes eran mexicanos. “Medina viajó hasta allá (Guayaramerín) en una línea conocida, recogió a los extranjeros y los mandó fuera del país. De esto nadie conoció, pero así los protegió. Nunca se supo qué pasó con la avioneta, por eso se dice que ‘desapareció’”, reveló a la periodista un oficial que conoció el caso de cerca.

Adão da Silva no era, en absoluto, miembro del PCC. Según los expedientes de la Policía Federal brasileña a los que accedió Sol de Pando en el exilio, se trataba de un ladronzuelo de poca monta que había protagonizado un asalto frustrado a una compañía aurífera en el Estado de Pará, matando accidentalmente al piloto que conducía la avioneta de la empresa minera. Entonces huyó al Estado de Rondonia, junto a dos de sus familiares que eran parte de su banda, ingresando a Guayaramerín, Bolivia, en septiembre del año 2013.

Establecidos en Guayaramerín, Adão da Silva, su hermano Luiz da Silva Costa y su primo Raimundo Nonato da Costa Almeida tomaron contacto con la banda de Gonzalo Medina a través del subteniente Celier Ferrufino Gonzáles. Con el dinero que habían obtenido en el asalto a la empresa aurífera de Pará, los brasileños compraron a esa banda de policías corruptos varios kilos de cocaína y armas presuntamente sustraídas del Ejército. Al cruzar la frontera, António Adão fue capturado con las manos en la masa por efectivos de la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico (Felcc) y recluído en la carceleta de Guayaramerín.

El 17 de marzo de 2014, Luiz da Silva y Raimundo Nonato —el hermano y el primo de Adão da Silva— irrumpieron armados en la carceleta de Guayaramerín pretendiendo liberar a su líder. Hirieron al sargento Milton Peredo Lafuente y en respuesta fueron acribillados por efectivos de la guarnición boliviana.

El delegado Julio Mitsuo Fujiki, jefe de la Policía Federal en Guajará-Mirim (municipio en el Estado de Rondonia), fue la autoridad brasileña que se apersonó oficialmente en el lado boliviano para confirmar la identidad de los asaltantes fallecidos además de repatriar los cadáveres, así como para entregar a las autoridades de Bolivia toda la información sobre los antecedentes de esta banda en su país de origen. “El colega Julio Mitsuo tomó incluso fotografías de los dos cuerpos acribillados y del propio Adão que todavía estaba semi encapuchado en su intento de fuga”, informó a Sol de Pando una fuente de Inteligencia de la Policía Federal en Brasilia.

El delegado Julio Mitsuo no logró su objetivo de llevarse a Adão da Silva al Brasil, donde le esperaba una sentencia por el asalto a la empresa aurífera y por la muerte del piloto. La Policía boliviana se negó a deportarlo. Según nuestras fuentes, por órdenes de Medina, el subteniente Celier Ferrufino Gonzáles interfirió en el caso alegando que da Silva Costa tenía “asuntos pendientes” con la justicia boliviana. Fue entonces que Medina ejerció todas sus influencias para trasladar al brasileño al penal de Chonchocoro, donde se mantuvo a buen recaudo hasta el momento del asalto a Eurochronos propiciado por la misma banda de Gonzalo Medina.

El subteniente Celier Ferrufino Gonzáles fue asesinado en Guayaramerín el 2 de abril de 2019 en medio de la investigación oficial que se había iniciado sobre los nexos del mismo Gonzalo Medina, del capitán Fernando Moreira y otros policías de alto rango con el nuevo capo del narcotráfico boliviano Pedro Montenegro Paz, investigación que se había iniciado a mediados de 2018.

Es alta la sospecha de que Medina ordenó el asesinato de Ferrufino. El caso quedó irresuelto.

Carlos Romero y el asalto a Eurochronos

El 23 de junio de 2017, durante una ilegal audiencia de medidas sustitutivas a la que no asistió ningún representante del Ministerio Público, António Adão da Silva Costa fue excarcelado de Chonchocoro por órdenes del juez Fernando Rivadeneira, vinculado a Gonzalo Medina. La esposa del juez Rivadeneira era una alta funcionaria de la Dirección de Migración que trabajó bajo las órdenes del ministro Carlos Romero. El abogado del brasileño que logró su excarcelación de Chonchocoro, Iván Perales, también era hombre de confianza de Romero y Medina. El Ministerio de Gobierno a cargo de Carlos Romero avaló la excarcelación del brasileño, quien fue beneficiado con detención domiciliaria en una casa de Santa Cruz cercana a la joyería Eurochronos.

Simultáneamente fue liberado del penal de Palmasola, en la misma ciudad de Santa Cruz donde radicaría Adão da Silva, el reo Rony Suárez Masavi, un ladronzuelo beniano que se hallaba recluido acusado por robo agravado y asociación delictuosa. Suárez convocó a un paisano suyo, Erick Landívar, quien a su vez sumó a la banda a su primo Camilo Maldonado, alias “Bahiano”, todos ellos oriundos del Beni. Son los que perpetraron el asalto a Eurochornos, un día como hoy, el 13 de julio de 2017.

Pese a que esa banda recién formada estaba integrada por bolivianos, con excepción de “Xingú” que era el único brasileño, Carlos Romero y Gonzalo Medina desinformaron deliberadamente al país asegurando que se trataba de “una avanzada del PCC brasileño en territorio boliviano”. Y, lo más grave, Romero y Medina ocultaron con absoluta mala fe el antecedente de Guayaramerín en el caso de Adão da Silva.

El plan consistía en obtener dinero fresco mediante el asalto a la joyería, para que Adão da Silva y su nueva banda pudiesen “monetizar” una importante carga de cocaína acumulada e inmovilizada en la zona de Yapacaní por falta de compradores. La banda, en los hechos dirigida por Medina y sus cómplices dentro la Policía, se encargaría de llevar la droga hacia Brasil vía Guayaramerín o San Matías, con la debida protección del Estado Plurinacional presidido por Evo Morales.

El plan fracasó trágicamente por la impericia de los asaltantes. Al momento de irrumpir en la joyería, Adão da Silva cometió el error de reducir violentamente al guardia de seguridad que resguardaba el atrio del establecimiento comercial, precipitando una alerta que movilizó a la policía de Santa Cruz, y por tanto a los hombres de Gonzalo Medina.

Rompiendo todo protocolo de negociación en casos similares con toma de rehenes, un grupo de francotiradores policiales al mando del capitán Fernando Moreira —mano derecha de Medina— abrió fuego a mansalva contra los asaltantes con la clara finalidad de exterminarlos. En ese afán dispararon contra el cuerpo de Ana Lorena Tórres Torrico, una de las rehenes, que estaba siendo usada como escudo por el “Bahiano”. El principal sospechoso de haber disparado contra Ana Lorena es precisamente el capitán Moreira.

Después de la tragedia, Carlos Romero y Gonzalo Medina se negaron tajantemente a investigar el origen del disparo que mató a Ana Lorena Tórres, cerrándose obstinadamente en la versión “oficial” de que la infortunada joven habría sido asesinada por los mismos asaltantes.

Medina llegó al extremo de insinuar que Ana Lorena era una “informante” de los asaltantes y por tanto integrante de esa banda. Movió todo su poder y sus influencias, coaccionando a jueces y fiscales, para bloquear la investigación dirigida a su grupo policial que intervino en la masacre.

La madre de Ana Lorena, Roxana Torrico, se enfrentó valientemente a Romero y Medina sin quitarles el dedo acusador por la muerte injusta de su hija.

“Ya hemos investigado, qué más quieren”, había declarado el arrogante ministro Carlos Romero, intentando descalificar reclamos de la familia doliente por la abierta obstaculización policial al esclarecimiento judicial sobre quién mató a la joven. Esa habitual displiscencia de Romero tropezó con una respuesta lapidaria de la madre: “Oiga” —le respondió Roxana Torrico a Romero—, “quiero que encuentre al criminal de mi hija, y además que también usted aclare cuál es su responsabilidad en esto…”.

La indolencia del abogado Jorge Santistevan

Sol de Pando tomó contacto con el abogado de la familia de Ana Lorena Tórres, el doctor Jorge Santistevan, a quien transmitimos toda la información que habíamos obtenido durante nuestro destierro en Brasil.

Pedimos al abogado Santistevan se gestione ante la Cancilleria boliviana el trámite pertinente para requerir oficialmente la documentación que cursa en registros de la Policía Federal y la Policía Civil del Brasil, sobre los verdaderos antecedentes de António Adão da Silva que desmienten categóricamente las falacias persistentes de Romero y Medina.

Le sugerimos asimismo reabrir el caso acontecido en Guayaramerín en marzo de 2014, para establecer el irregular traslado del brasileño a Chonchocoro (antesala de Eurochronos) en vez su deportación al Brasil que habría hecho improbable la muerte de Ana Lorena.

Asimismo, habíamos solicitado al doctor Santistevan se nos permita el acceso al expediente judicial del caso para establecer con exactitud las circunstancias por las cuales António Adão da Silva fue excarcelado de Chonchocoro y beneficiado con detención domiciliaria en Santa Cruz, 20 días antes del atraco a Eurochronos.

Lamentablemente no hemos contado con ese apoyo por parte del doctor Santistevan, quien recibió nuestra información con desdén e indolencia. Al contrario, el abogado de la familia minimizó la información de Sol de Pando y en sus reiteradas declaraciones ante los medios de comunicación evita mencionar los datos del caso generados en Brasil, ocultando también él esa información. Y el crimen sigue sin resolverse en la dilatada justicia boliviana.

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