Una visita al Museo Histórico de Cobija

Reliquias de la Guerra del Acre

Un ajetreado fusil Winchester calibre 44 que sirvió durante las batallas de la Guerra del Acre en 1902.

© Silvia Antelo Aguilar
Tras  su fallecimiento el 7 de diciembre del 2002, la Sociedad de Escritores y Poetas de Pando promovió un merecido homenaje al patricio Alberto Lavadenz Rivera, poniendo su nombre a un apacible espacio museístico situado en una rotonda vecina al paseo del Carretón de Cobija.
Este museo histórico de Pando, dependiente de la Municipalidad y a cargo de Eduardo García Suárez, es uno de los más visitados especialmente por estudiantes de la materia.
Una de sus encargadas, Lindsay Landívar, nos atiende con cordial esmero y nos explica el origen de cada una de las piezas, que, si bien no son numerosas ocupando un ambiente relativamente pequeño pero acogedor, tienen un valor histórico incalculable.
Aquí están las reliquias de un pasado mágico y febril, donde las fantasmas de la Guerra del Acre conviven con los bártulos de la Casa Suárez, aquella en cuyas barracas Bolivia vivió la era del caucho que figura en la memoria nacional entre los episodios más dramáticos y sangrientos de nuestra atormentada Historia republicana.

Piano negro alemán que perteneció a la maestra Rogelia Menacho, cuyo nombre lleva hoy un colegio de Cobija.

Máquinas de acero macizo que llegaron con la revolución industrial.

Máquina “planillera” que usaban los contadores de la Casa Suárez.

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