Data: marzo 10, 2019 | 13:31
TH’URUCHAPITAS MIRÁNDOSE AL ESPEJO | La primera biblioteca boliviana de Literatura Infantil, que dirige la galardonada escritora cochabambina, fue postulada al Premio Astrid Lindgren de la academia sueca...

Gaby Vallejo o esa patria llamada infancia

Los niños en quienes la maestra escritora pensó al momento de gestar su narrativa infantil, están simbolizados por esos pequeños hijos de campesinos del valle y de las punas que tienen la carita curtida por el beso del viento y quemada por el sol altiplánico. | Fotomontaje Sol de Pando
© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando

No es casual que una de las novelas cumbre de Gaby Vallejo Canedo fuera adaptada por Paolo Agazzi para su película “Los Hermanos Cartagena”. La escritora y el cineasta confluyen en una recurrencia dentro su creación: la vida en la infancia.

La Academia Boliviana de Literatura Infantil ha registrado 23 libros de cuentos infantiles publicados por Gaby Vallejo entre 1995 y 2013, cifra récord que ningún escritor boliviano del género tiene en su haber. | Foto Archivo Sol de Pando

Y es que a partir de la memoria, Gaby Vallejo ha construído una obra literaria de múltiples memorias que se entrecruzan.

Niña, moza, mujer, maestra, madre. En esa dimensión comenzó a escribir prematuramente por amor, conjuró a la artera muerte escribiendo y su vida es escribir. Su narrativa abarca la globalidad de su ser ella: entre una infancia campesina (nació en los alrededores de Tarata en 1941) y una trayectoria profesional académica contribuyendo al desarrollo cultural de Cochabamba, destacándose entre las mujeres notables de la ciudad. Desde la militancia libertaria que toma cartas en novelas como “Los vulnerables” o “Hijo de opa”, hasta la sensualidad de su mirada femenina que transita por los parajes eróticos de su novela “Tatuaje mayor” o de sus desembozados cuentos en “Del placer y la muerte”, entre un conjunto de ocho obras narrativas de gran fuste. Sin embargo nada de ello la exime de su constante retorno al origen, rodedada de niños, una más entre ellos.

La fecunda trayectoria de una escritora boliviana | VIDEO

Pionera de la nueva Literatura Infantil boliviana

Los cuentos infantiles que escribe Gaby Vallejo están concebidos para ser leídos por niños del pueblo, esa mayoría poblacional en edad escolar con escaso acceso a las bibliotecas convencionales. | Foto Archivo Sol de Pando

¿Cómo se puede ser más y mejor en la vida, sino leyendo y escribiendo cada vez más y mejor?, se preguntará la maestra frente a sus alumnos.

¿Cómo puede un país considerarse culturalmente digno si su población infantil se desconecta de su raiz, y por tanto de su futuro, des-aprendiendo a leer su propia identidad con la Caperucita Roja, con Hansel y Gretel, con la Cenicienta, Pinocho y la Blanca Nieves?, se preguntará la escritora frente a su propia conciencia.

No era vana la cavilación. La galardonada novelista que expurgaba demonios con sus relatos críticos de la historia boliviana, ella que hacía fantásticas metáforas de la sexualidad femenina con su prosa mordaz, se sentía incompleta si no escribía cuentos para los niños de un país escencialmente indígena.

Y así fue cómo la escritora nacida en los alrededores de Tarata se convirtió en artífice y pionera del género infantil boliviano entre las décadas de que unen a los siglos XX y XXI. | Foto Archivo Sol de Pando

Fue así que Gaby Vallejo —potenciando los esbozos poéticos de Oscar Alfaro con mayor fuerza narrativa— se convirtió a la Literatura Infantil proponiéndose descolonizar a Bolivia de los Hermanos Grimm, mas sin ánimo de exclusión, pues en la estrategia inclusiva de su escritura para niños tomarán hegemonia todos los seres mágicos del submundo andino —del ayllu— como los achachilas, los ajayus, los tunupas, los cóndores y los atoj antonios, convivendo con los duendes, elfos y ninfas de la Literatura Universal. Y así fue cómo la escritora nacida en los alrededores de Tarata se convirtió en artífice y pionera del género infantil boliviano entre las décadas de que unen a los siglos XX y XXI.

La Academia Boliviana de Literatura Infantil ha registrado 23 libros de cuentos infantiles publicados por Gaby Vallejo entre 1995 y 2013, cifra récord que ningún escritor boliviano del género tiene en su haber. Figuran en el estante varios títulos reconocidos dentro y fuera de Bolvia como el entrañable “Amor de Colibrí”, un gran clásico del cuento infantil boliviano llevado a las tablas por prestigiosos grupos de Teatro; “Mi primo es mi papá” galardonado en la Feria de Bolonia, Italia, en 1990; “Con los ojos cerrados” que recibió el Premio Nacional de Literatura Juvenil en 1995; “Wara y el sudor del Sol” también adaptado para una exitosa pieza teatral; “Juvenal Nina”; “La K’alincha”; etcétera. Cada libro lleva ilustraciones de alto vuelo imaginativo por renombrados dibujantes del género.

Para que las caritas sucias se lean

Si la literatura es un espejo, la ausencia de quien se mire en ese espejo tornará estéril el esfuerzo literario. | Fotomontaje Sol de Pando

Si la literatura es un espejo, la ausencia de quien se mire en ese espejo tornará estéril el esfuerzo literario. Los cuentos infantiles que escribe Gaby Vallejo están concebidos para ser leídos por niños del pueblo, esa mayoría poblacional en edad escolar con escaso acceso a las bibliotecas convencionales.

Los niños en quienes la maestra escritora pensó al momento de gestar su narrativa infantil, están simbolizados por esos pequeños hijos de campesinos del valle y de las punas que tienen la carita curtida por el beso del viento y quemada por el sol altiplánico. Sus mejillas “chapositas” llevan un rosado color barro que intensifica la mirada inocente de sus ojos negros. En lengua quechua se los llama “th’uruchapitas”, algo así como “mejillitas embarradas”. Esas tiernas mejillas de barro, según explica la maestra en sus propias palabras, “es lo que tienen los niños pobres en la cara, resultado del viento, la tierra, el frío, el sol del altiplano, que se no lava con nada”.

Esa carita embarrada será, pues, el ícono del niño boliviano leyendo cuentos y poemas.

A partir de 1992, con la colaboración de otras maestras y escritoras, la biblioteca codificaría en sus registros más de 10.000 títulos dedicados al público infantil. | Foto Archivo Sol de Pando

A fines de los años ochenta fueron abriéndose las puertas de una biblioteca infantil —la primera en Bolivia dentro esa especialidad— denominada “Th’uruchapitas”, gestada al influjo de un Taller de Experiencias Pedagógicas.

Las primeras obras que poblaban sus modestos estantes, por supuesto, serían los cuentos para niños que escribía Gaby Vallejo; pero fue sólo el comienzo. A partir de 1992, con la colaboración de otras maestras y escritoras como Casilda Sempertegui, Olga Núñez y Rosy Montaño, la biblioteca codificaría en sus registros más de 10.000 títulos dedicados al público infantil; los lotes fueron obtenidos mediante donaciones y un amplio respaldo de organizaciones internacionales que fomentan la lectura infantil con sentido crítico y analítico, como fundamental pilar educativo.

En este espacio donde los niños podían reflejarse leyendo historias fantásticas de su mundo inmediato, Gaby Vallejo desarrolló un singular laboratorio pedagógico descubriendo e inventando métodos que inculcan en la niñez cochabambina el gusto y la pasión por la lectura, aplicando programas que llevan nombres como “Lectura silenciosa sostenida”, “Canastos de lecturas”, “Talleres permanentes”, etcétera, además de organizar concursos y festivales móviles que llegan a los más lejanos barrios de la ciudad. Gaby Vallejo también auspició la apertura de bibliotecas similares en municípios rurales del valle.

El espíritu de Astrid Lindgren

El galardón mundial para la Literatura Infantil lleva su nombre en homenaje a la escritora sueca Astrid Lindgren, nacida el 14 de noviembre de 1907 en Vimerby, Suecia. | Foto Archivo Sol de Pando

Durante la última década, el prestigio de la Biblioteca Th’uruchapitas ha trascendido las fronteras de Bolivia recibiendo galardones y reconocimientos de instituciones mundiales como la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY) con sede en Alemania y la Comisión de Bibliotecas e Información Científica de Estados Unidos. En octubre del pasado año fue galardonada con el Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Hormiguita Viajera que concede la Biblioteca Popular Madre Teresa de Buenos Aires, Argentina.

Este año, la Biblioteca Th’uruchapitas ha sido nominada para postular al Premio Astrid Lindgren Memorial, uno de los galardones más importantes del mundo para la literatura infantil y juvenil. El premio Astrid Lindgren (ALMA, por su sigla en inglés: “Astrid Lindgren Memorial Award”) es otorgado por el gobierno de Suecia, de modo anual, a un autor de literatura infantil y juvenil, a un ilustrador o a un promotor de la lectura, de cualquier país del mundo. En su versión de este año registra 250 candidaturas de 64 países en los cinco continentes, cuyo ganador se conocerá en el mes de abril.

Este galardón mundial lleva su nombre en homenaje a la escritora sueca Astrid Anna Emilia Ericsson Lindgren, nacida el 14 de noviembre de 1907 en Vimerby, Suecia; fallecida a sus 95 años en Estocolmo, el 28 de enero de 2002.

Dos mujeres, obras paralelas

La niña «Pippi Calzaslargas», personaje clásico de Astrid Lindgren que fue llevado al cine y la televisión. | Fotomontaje Sol de Pando

La historia literaria de Astrid Lindgren es muy similar a la de la escritora boliviana Gaby Vallejo. Aunque que en tiempos históricos distintos, ambas escritoras, madres, construyeron su obra a partir de sus vivencias íntimas y de su particular percepción del entorno social y cultural que contextualiza su producción narrativa.

En los años 40 la segunda hija de Astrid, Karin, enfermó de neumonía y le pidió a su madre que le relatara las historias de Pippi Calzaslargas, un personaje inventado por la escritora para entretener a la niña. Las aventuras de Pippi que Astrid narraba a su hija dieron origen a una serie de cuentos que han convertido al personaje en un clásico de la literatura infantil adaptado por el cine y la televisión.

También escribió libros relevantes en torno a personajes como “Lotta”, “Karlsson en el tejado”, “Miguel el travieso”, etcétera. Sus tres obras más tardías también llevadas al cine sueco: “Mio, mi hijo Mio”, “Los Hermanos Corazón de León” y “Ronja, la hija del bandolero”, si bien son consideradas como literatura infantil, contienen reflexiones profundas sobre la relación entre niños y adultos, así como la aceptación de los propios miedos y la muerte.

Gaby Vallejo y Astrid Lindgren son compatriotas innatas en esa patria tan suya llamada Literatura Infantil.

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