Data: noviembre 16, 2012 | 13:13
Las poblaciones indígenas son las más vulnerables y a la vez portadoras de las únicas soluciones

La destrucción ambiental amenaza con una grave crisis alimentaria en la Amazonia

Los niños amazónicos son los más vulnerables ante las amenzas de crisis alimentaria provocada por la destrucción ambiental.

El cambio en las temperaturas y el incremento de procesos de extracción industrial de recursos naturales como la minería, están amenazando las fuentes de abastecimiento alimentario en el principal bosque tropical del mundo, según alertan científicos colombianos en un informe publicado en la víspera por El Espectador de Bogotá…

© Redacción Sol de Pando En los mesesen que regresa la lluvia y con ella la creciente del río, los indígenas de la Amazonia saben que es el momento de sembrar la yuca y los demás alimentos para acompañar el pescado o la carne de monte. Saben, además, el momento de hacer las quemas y preparar la tierra para las chagras (cultivos) o de lanzar la barca al río para pescar. Sin embargo, sus calendarios han empezado a desestabilizarse por cuenta del cambio climático, que sumado al incremento de procesos como la minería y la deforestación, están amenazando su alimentación.

En esta advertencia coinciden varias instituciones que trabajan en torno a la región de la Amazonia, como el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi y la Fundación Gaia Amazonas, fuentes citadas en el informe periodístico.

Los efectos de los drásticos cambios de temperatura son notorios en la Amazonia. Rodrigo Botero, investigador de temas amazónicos, señala que cada vez son más frecuentes los eventos extremos de lluvias, las inundaciones y las sequías acompañadas por incendios forestales en las áreas de colonización.

Algunos pueblos indígenas ya empezaron a padecer estos cambios, con secuelas como la disminución de peces y el agotamiento de suelos para sembrar. Durante las épocas de sequía, por ejemplo, como explica Botero, la movilidad por los principales ríos amazónicos es restringida, lo que impide que los indígenas puedan llevar a sus comunidades proteína animal.

La persistente resistencia indígena

Actualmente, según cifras de la Organización de los Pueblos y Autoridades Indígenas de la Amazonia Colombiana (Opiac), la zona tiene 56 pueblos indígenas con 200 mil habitantes, distribuidos en seis departamentos en 48 millones de hectáreas según informa el periódico colombiano.

Para Carol González, de la Opiac, uno de las desafíos frente a esta situación tiene que ver con la atención estatal: “Vaupés y Guainía están dentro del departamentos con mayor índice de muertes de niños por desnutrición en el país y uno de los problemas es que algunos programas del gobierno se han vuelto asistencialistas y los indígenas dejan de sembrar, esperando que el ICBF les dé todo y a veces las ayudas no llegan a tiempo”, dijo a El Espectador.

Según González, los programas de apoyo están orientados de manera equivocada, pues envían alimentos como leche, galletas o bienestarina, que no hacen parte de la alimentación tradicional indígena y llevan a que se pierda su cultura alimentaria.

Su posición la comparte el director de la Fundación Gaia Amazonas, Martin Von Hildebran: “Cuando empiezan a recibir alimentos desde afuera, no lo saben manejar de manera balanceada y se puede generar desnutrición”.

Efectos visibles del cambio climático

En cuanto a los efectos por el cambio climático, Luis Eduardo Acosta, del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi, señala que aunque puede afectar sus cultivos, los pueblos indígenas tienen un profundo conocimiento que les permite entender esos cambios. Para Acosta, lo que puede impactar drásticamente la alimentación son otros factores de orden social, como la llegada de nuevos oficios que llevan a los indígenas a dejar de cultivar, como la pesca comercial o la minería. Para que las chacras funcionen, los jóvenes tienen que tener una constante comunicación con los ancianos, pero si la reproducción de conocimientos tradicionales se pierde, el hambre puede ser una amenaza.

La situación es aún más compleja si se tiene en cuenta que entre los planes del gobierno está convertir 17 millones de hectáreas de la Amazonia y la Orinoquia en zonas de minería estratégica, lo que generaría cambios en la rutina de los indígenas.

Esta semana el CIAT y la Embajada Británica lanzaron dos proyectos para la Amazonia: el primero para afrontar el cambio climático en la región y el segundo con el fin garantizar la seguridad alimentaria de los pobladores amazónicos en los departamentos de Caquetá y Putumayo, y se extenderá por los próximos cuatro años.

Por otro lado, la Opiac está buscando que se mejoren las políticas de soberanía alimentaria de las comunidades indígenas. Así resume la situación Hildebran, de la Fundación Gaia: “Aún no hay hambre en la Amazonia, pero hay casos de desnutrición. No se trata de traer comida de afuera, sino de producir, recuperar los suelos y la agricultura y mantener los conocimientos tradicionales”.

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