Data: abril 16, 2016 | 20:09
COLUMNISTA INVITADO | Según los autores del libro comentado aquí, indianismo y katarismo son corrientes diferentes, aunque ambas influyeron decisivamente para constituir a los indígenas como sujetos políticos...

Jorge Komadina Rimassa | EL INDIANISMO KATARISTA

Indianismo Katarista

El katarismo siguió una estrategia política basada en alianzas con sectores progresistas de la izquierda y de la iglesia; su discurso enfatizó las diferencias económicas y culturales entre los bolivianos. En cambio, el indianismo denunció radicalmente el racismo y los “privilegios de casta” tanto de la derecha como de la izquierda. Los primeros apostaron a los “cambios graduales”, y los otros a los cambios radicales, a la revolución india…

© Artículo publicado originalmente en La Razón, 7 de abril, 2016 | Bajar el libro en formato PDF

EL AUTOR | Jorge Komadina Rimassa (Cochabamba, 1959) es sociólogo y analista político. Es responsable de la línea temática “Transparencia” del Centro de Estudios Aplicados a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CEADESC). Komadina trabaja asimismo como docente e investigador de la Carrera de Sociología de la UMSS. Ha publicado diversos trabajos sobre temáticas políticas y culturales, entre ellos “El Poder del Movimiento Político” (PIEB, 2007) y “Informe de Transparencia Presupuestaria sobre la Prefectura de Cochabamba” (CEADESC, 2008). Forma parte de la “Red Departamental de Transparencia de Cochabamba”. Escribe habitualmente en la prensa local y en revistas especializadas.

EL AUTOR
| Jorge Komadina Rimassa (Cochabamba, 1959) es sociólogo y analista político. Es responsable de la línea temática “Transparencia” del Centro de Estudios Aplicados a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CEADESC). Komadina trabaja asimismo como docente e investigador de la Carrera de Sociología de la UMSS. Ha publicado diversos trabajos sobre temáticas políticas y culturales, entre ellos “El Poder del Movimiento Político” (PIEB, 2007) y “Informe de Transparencia Presupuestaria sobre la Prefectura de Cochabamba” (CEADESC, 2008). Forma parte de la “Red Departamental de Transparencia de Cochabamba”. Escribe habitualmente en la prensa local y en revistas especializadas.

Acabo de leer “El Indianismo Katarista” (FES, 2016) de Pedro Portugal y Carlos Macusaya, un libro que desmenuza hábilmente la trayectoria política del movimiento indianista en Bolivia desde la fundación del Partido Agrario Nacional, en 1960, hasta los gobiernos de Evo Morales. Lejos de los estereotipos actualmente dominantes, que amalgaman a los pueblos indígenas con la “reserva moral de la humanidad”, los autores muestran una historia altamente conflictiva, sinuosa, marcada por la feroz lucha de facciones y por la presencia de caudillos perentorios y enigmáticos.

Se trata en verdad de una historia poca conocida, semi-sumergida en el tiempo, pues si bien se ha escrito bastante sobre el movimiento katarista (los trabajos de S. Rivera, J. Hurtado y X. Albó han hecho escuela), se ha estudiado poco al indianismo, en sentido estricto. En efecto, según los autores, indianismo y katarismo son corrientes diferentes, aunque ambas influyeron decisivamente para constituir a los indígenas como sujetos políticos.

El katarismo siguió una estrategia política basada en alianzas con sectores progresistas de la izquierda y de la iglesia; su discurso enfatizó las diferencias económicas y culturales entre los bolivianos. En cambio, el indianismo denunció radicalmente el racismo y los “privilegios de casta” tanto de la derecha como de la izquierda. Los primeros apostaron a los “cambios graduales”, y los otros a los cambios radicales, a la revolución india.

El indianismo forjó nuevas categorías políticas —raza, indio, q’ara, indígena— que resquebrajaron las ideas que dominaron la segunda mitad del siglo XX: nación mestizaje, clase, revolución social, democracia. Esta innovación lingüística permitió pensar la política boliviana de una nueva manera. Por ejemplo, la idea de raza fue privilegiada por los intelectuales indianistas para mostrar la “racialización” de la estructura social boliviana. La categoría Raza no está obviamente asociada con marcadores biológicos, ella es empleada como una (contra) noción política que alude a un sistema de dominación. Reconocerse como “indios” o como “raza india”, por tanto, implicaba no solo la inversión de un estigma, era una estrategia para posicionar el problema de la dominación racial.

Pero la historia siempre avanza por caminos oblicuos. La actual “moda pachamamista” ha encapsulado esas categorías subversivas; paradójicamente, el actual proceso político ha “jibarizado” el indianismo y lo ha confinado al espectáculo neo-folklórico, a la búsqueda de “saberes ancestrales” y a la “contemplación de la naturaleza”. El indio “legítimo” no es nuestro contemporáneo, es un “ser ajeno a la modernidad”, dicen Portugal y Macusaya, que ha dejado de cuestionar las estructuras raciales del poder. Un libro polémico, un libro necesario.

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