Data: enero 19, 2014 | 21:58
En Santa Cruz, la fecunda tierra de Gladys Moreno, la educación musical viene alcanzando niveles de excelencia que dan lugar a un movimiento jazzístico de fusión sin precedentes...

Jazz con tarka o la fusión al estilo de Erick Cuevas

Ahora la posta está en Santa Cruz. Como muestra un botón: Erick Cuevas y el vasto entorno de sus talentosos colegas cambas.

Ahora la posta de la fusión jazzística del país está en Santa Cruz, con Erick Cuevas y el vasto entorno de sus talentosos colegas cambas. | Foto Gustavo Castro

El jazz boliviano del siglo XXI no es sólo andino. Es también amazónico, chiquitano, mojeño y chaqueño. Plantea una mirada originaria para plasmarse con eficacia en la escena mestizo-urbana que reclama esa raíz india como requisito ineludible para expandirse en el universo musical; porque el jazz es cósmico o no es jazz, y al ser cósmico es holístico, pachamámico. Tal es el fundamento de la fusión que proyecta al jazz boliviano de hoy entre los mejores del mundo contemporáneo…

© Wilson García Mérida | Fotos Marcelo Guardia, Beto Ibañez & Natalia Ortiz

Recibí en mi correo hace algunos días unas grabaciones de Erick Cuevas en soporte digital del SoundCloud; y lo que escuché me dejó maravillado. Se trata de un artista que ha llegado a una madurez suprema.

Cuevas es un exponente de la nueva generación de jazzistas bolivianos que han elevado este género musical a una categoría de patrimonio nacional, fusionando ritmos nativos con las escalas sincopadas del jazz y del blues, evolucionando una escuela magistral que surgió en el país entre la década de los sesenta y los setenta del siglo pasado.

El maestro Johnny Gonzáles, uno de los legendarios pioneros del jazz boliviano que introdujo por primera vez en la historia instrumentos como la zampoña, la quena y el charango en los ensambles jazzísticos, llegó a Santa Cruz en agosto del pasado año para ofrecer un recital en el Centro Patiño; y en una entrevista que publicó el diario El Sol de la capital cruceña, mencionó a Cuevas entre los nuevos exponentes de esta escuela, afirmando lo siguiente:

“Después de iniciar el jazz en La Paz, creé La Cueva del Jazz, un lugar al cual le puse el nombre para hacer una rememoración de los inicios del jazz, que nació en los sótanos después de la guerra mundial“.  —dijo Gonzáles— “En Bolivia tengo seguidores a los que respeto mucho: René Saavedra, Álvaro Córdova, Fernando de Sanjinez,  Erick Cuevas, Luis Mejía y otros…”.

Este movimiento halló en Santa Cruz un campo fértil con un nivel de fusión —dentro la cultura chiquitana y en perfecta armonía con ritmos como la chovena y el taquirari— que tiene en la trompeta y los arreglos de Erick Cuevas su representante más lúcido.

Esuchemos esta composición de Erick, en la cual el artista luce no solamente su maestría de trompetista sino también su voz bien templada, cantando una chovena-jazz que da gusto bailar y brinda un gran placer al oído que sólo el buen jazz puede otorgar:

Una trayectoria sobre la geografía nacional

Quienes recuerdan a Cartel Afónico, una banda blusera que andó en Cochabamba a principios de este siglo, no se olvidarán de Erick Cuevas, el cuate de la trompeta. Después de don Florentino Rojas que pasó de los kaluyos y cuecas orquestadas al Tunari Jazz en los 60, y del gran Nelson Peñaranda Bach —que nos dejó una memorable estela creativa entre cine y jazz desde su Visión Panorámica del Celuloide en la Radio Centro de los 70, además de sus solos de antología en las bandas que armaron con Drazen Stahuljak— no hubo otro trompetista nacional de jazz digno de crédito como es hoy Cuevas.

Entrando a la segunda década del siglo XXI, se va consolidando en Bolivia una onda jazzística que tiene profundas raíces en la cultura nativa del país, no en el mero folklore precisamente —también en él empero—, sino fundamentalmente en la lírica poética y los ritmos de tierra adentro que anclan el mestizaje en su profunda entraña indígena.

El jazz boliviano —ya sea andino, amazónico, chiquitano, mojeño o chaqueño— exige una mirada originaria para plasmarse con eficacia en la escena mestizo-urbana que reclama esa raíz india como requisito ineludible para expandirse en el universo musical; porque el jazz es cósmico o no es jazz, y al ser cósmico es holístico, pachamámico. Tal es el fundamento de la fusión que proyecta al jazz boliviano del siglo XXI entre los mejores del mundo contemporáneo. Y esto no empezó ayer. Ahí están los pioneros de este patrimonio inmaterial de los bolivianos: en la Cueva del Jazz de Johnny Gonzáles y sus boys en La Paz, o en las sesiones del Centro Boliviano Americano con Tunari Jazz en Cochabamba, donde esos maestros que aplicaban las primeras notas sincopadas a temas como “Nevando Está”, “Cunumicita” u “Oh Cochabamba Querida”, fundaban el futuro promisorio del jazz  “made in Bolivie”. Fue cuando se incorporaron por primera vez el charango, la zampoña y la quena ensamblándose con el saxo, el piano, el bajo y la batería.

Siguieron esa huella a fines del siglo pasado los integrantes de Bolivian Jazz, toda una escuela. Y enriquecieron el movimiento de la fusión —con sus peculiares estilos— Parafonista y Danilo Rojas en La Paz; o los habitúes del “Satchmo” en Cochabamba (la Cueva nuestra), donde no faltó quien le cambió el apodo a Louis Amstrong llamándolo “balcón-jeta” (una libre traducción quechuañizada de “satchmo”).

El jazz chiquitano desde Santa Cruz

Ahora la posta está en Santa Cruz. Como muestra un botón: Erick Cuevas y el vasto entorno de sus talentosos colegas cambas.

No es casual que de los 10 grupos finalistas para el Primer Concurso Nacional de Orquestas Juveniles del pasado año, siete sinfónicas fueron de Santa Cruz, lo cual indica que en la tierra de Gladys Moreno la educación musical viene alcanzando niveles de excelencia sin precedentes.

Músicos, entre muchos otros, como Silvana Vargas Vilches, Jobim Jara, Boris Vásquez, Cayo Rivera, Ricardo Cortés o Humberto Ibañez —cuya productora es una de las principales impulsoras de materiales discográficos y audiovisuales que genera el fecundo jazz cruceño— protagonizan un movimiento estético que fortalece las vanguardias del nuevo jazz nacional.

Durante el Festijazz 2013 de Santa Cruz, Erick Cuevas compartió el escenario con el tecladista francés Pablo Kilombo y el percusionista cubano Carlos Rosell. El multifacético Cuevas aportó al trío con la prestancia de su trompeta y los vientos autóctonos de zampoña, quena y tarka…

Jazz con tarka

Es raro escuchar una composición de jazz armonizada con la tarka, un instrumento de viento de muy difícil ejecución que, sin embargo, Erick Cuevas ha logrado introducir en un tema estilo Bebop titulado El Aguilucho. Escuchémoslo:
Por ahí va la cosa. Very Good. Sumaj. Del carajo.

Música con espíritu libertario

Cuevas nos hizo llegar otra composición suya en tono de Bossa Nova, concebida en los años 90, a propósito del llamado “Descubrimiento de América”.

La letra, escrita y cantada por el propio Erick, contiene un incuestionable espíritu crítico y libertario:

Un día en mi tierra echaron sus redes, esos señores los mercaderes
Venían de parte de sus monarcas, y sólo querían llenar sus arcas
Desde la costa hasta la cumbre alta, desparramaron toda su sarna
Y así los años fueron pasando, como la sangre se fue mezclando…
Y van y vienen… los mercaderes…
Y van y vienen los mercaderes, cobrando saldos que otros les deben
Siguen vendiendo las añoranzas, dando en ofertas las esperanzas
De los cobardes que ya no pueden, o de valientes hombres sin suerte
Nunca descansan los mercaderes, pues cuando faltan van sus mujeres
Y van y vienen… los mercaderes…
Y van y vienen… los mercaderes…
(solo de trompeta)
Esta es la historia de un continente, y de la gente que lo defiende
No somos muchos, somos muy pocos, el resto vive haciéndose al loco…
Y van y vienen… los mercaderes…
Y van y vienen los mercaderes, cobrando saldos que otros les deben
Siguen vendiendo las añoranzas, dando en ofertas las esperanzas
De los cobardes que ya no pueden, o de valientes hombres sin suerte
Nunca descansan los mercaderes, pues cuando faltan van sus mujeres
Y van y vienen… los mercaderes…
Y van y vienen… los mercaderes…

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