Data: septiembre 30, 2015 | 9:01
ENTREVISTA CON EDGAR CASTRO ZAPATA | “Mi bisabuelo fue un reformador social, libertario pero no anarquista, atacó al mal gobierno de la dictadura..." | "Sería ideal tender un puente entre las memorias revolucionarias de Bolivia y México..."

El bisnieto de Emiliano Zapata mira a Bolivia

"Estando frente a una fotografía del general Emiliano Zapata que tenía mi abuelito en la sala de su casa, yo, siendo niño, siempre le preguntaba quién era ese mariachi..." | Foto Sol de Pando

“Estando frente a una fotografía del general Emiliano Zapata que tenía mi abuelito en la sala de su casa, yo, siendo niño, siempre le preguntaba quién era ese mariachi…” | Foto Sol de Pando

SÍNTESIS BIOGRÁFICA Hijo de campesinos indígenas, Emiliano Zapata Salazar nació el 8 de agosto de 1879, en San Miguel Anenecuilco, del Distrito de Villa de Ayala en el estado de Morelos. Fue hijo de Cleofás Salazar y Gabriel Zapata. A los 17 años quedó huérfano de padre. Dedicado desde niño a las labores del campo, en su juventud se convirtió en un domador de caballos conocido en los pueblos y haciendas de su región natal. En 1909 fue elegido Presidente de la Junta de defensa de las tierras de Anenecuilco. En 1911, Zapata levantó en armas a numerosos campesinos de Anenecuilco en contra del gobierno porfirista, respondiendo así al llamado a la rebelión que hizo Francisco I. Madero en el Plan de San Luis, con el fin de restituir las tierras arrebatadas a los pueblos por los hacendados. Al triunfo de la rebelión maderista se negó a desarmar a sus hombres hasta no ver cumplidas sus demandas de restitución de las tierras. Mientras negociaba con los representantes de Madero, sus fuerzas fueron atacadas por las tropas federales, obligando a los campesinos rebeldes a refugiarse en las montañas, donde el 28 de noviembre de 1911 Zapata proclamó el Plan de Ayala, en el que exigía la devolución de las tierras de los pueblos y la dotación de ejidos a las poblaciones. Este programa se convirtió desde entonces en la bandera del agrarismo mexicano y en una de las demandas más importantes de la revolución. Al frente de los campesinos despojados resistió durante ocho años contra los gobiernos de Madero, Victoriano Huerta y Venustiano Carranza. A partir de la segunda mitad de 1914 y a lo largo de 1915 el estado de Morelos vivió en relativa paz, mientras los aliados de Zapata, los ejércitos villistas, combatían contra los constitucionalistas. Durante esos meses, Zapata repartió la tierra e impuso un régimen de justicia elemental que beneficiara a los campesinos. Tras la derrota de los villistas, nuevos ejércitos invadieron el campo de Morelos, sin lograr doblegar la resistencia guerrillera. El único medio fue la traición del coronel Jesús Guajardo, quien dirigía las operaciones gubernamentales contra Zapata, y que con el pretexto de un encuentro secreto lo atrajo a la hacienda de Chinameca donde le tenía preparada una emboscada. Allí fue asesinado, el 10 de abril de 1919.

SÍNTESIS BIOGRÁFICA
Hijo de campesinos indígenas, Emiliano Zapata Salazar nació el 8 de agosto de 1879, en San Miguel Anenecuilco, del Distrito de Villa de Ayala en el estado de Morelos.  A los 17 años quedó huérfano de padre. En 1909 fue elegido Presidente de la Junta de defensa de las tierras de Anenecuilco. En 1911 levantó en armas a numerosos campesinos de Anenecuilco en contra del gobierno porfirista, respondiendo así al llamado a la rebelión que hizo Francisco I. Madero en el Plan de San Luis, con el fin de restituir las tierras arrebatadas a los pueblos por los hacendados.
Al triunfo de la rebelión maderista se negó a desarmar a sus hombres hasta no ver cumplidas sus demandas de restitución de las tierras.

© Wilson García Mérida | Servicio Informativo Datos & Análisis

Historiador egresado de La Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, en sus manos guarda un tesoro de la humanidad: la memoria de su bisabuelo, el general Emiliano Zapata Salazar. El año 2007, cuando falleció su abuelo materno Mateo Zapata, Edgar Castro Zapata asumió la presidencia de la Fundación “Zapata y los Herederos de la Revolución” y del “Instituto Pro-veteranos de la Revolución del Sur” que el hijo menor del General —Mateo—, mantuvo en actividad permanente durante más de 30 años protegiendo a los beneméritos zapatistas, viudas y sus descendientes con leyes sociales en su beneficio.

El bisnieto de Emiliano Zapata está absolutamente consciente del peso que conlleva su responsabilidad como heredero y custodio de una memoria histórica tan densa que no termina de ser plenamente descubierta. A ello, cual “agravante”, se suma una herencia genética que lo confunde con su heroico y mítico ancestro. Los viejos zapatistas que lo ven en cada acto de recordación a donde asiste, creen que Zapata se reencarnó en este su joven descendiente de Morelos. Tiene la misma mirada en esos idénticos ojos algo rasgados, la tez un tanto cobriza propia del campesino sureño y los mismos mostachones bien cuidados, a lo mero Zapata.

Dentro su misión para preservar el legado ético e ideológico del gran insurrecto, Edgar Castro Zapata se ha propuesto expandir su tarea más allá de las fronteras de México y unos de  sus mayores deseos es conocer Bolivia. Nos ha honrado delegándonos en el país con la representación de la institución zapatista que preside.

En esta entrevista exclusiva, el bisnieto de Emiliano Zapata habla sobre su singular herencia y su deseo de conocer Bolivia.

Entrevista publicada originalmente en la revista OH!-Los Tiempos, septiembre 28, 2015
Fotografía tomada en 12 de diciembre de 1889 en el atrio de la iglesia de Anenecuilco, Villa de Ayala. Morelos, México. En la imagen aparece el niño Emiliano (1) junto a su padre don Gabriel Zapata (5) y su hermano mayor Eufemio (2). | Foto ©Fundación Zapata y los Herederos de la Revolución

Fotografía tomada en 12 de diciembre de 1889 en el atrio de la iglesia de Anenecuilco, Villa de Ayala. Morelos, México. En la imagen aparece el niño Emiliano (1) junto a su padre don Gabriel Zapata (5) y su hermano mayor Eufemio (2). | Foto ©Fundación Zapata y los Herederos de la Revolución

—¿Cuál es la línea consanguínea que lo vincula familiarmente con el general Emiliano Zapata? | —Soy su bisnieto por  línea materna. Soy hijo de Vicente Castro y de Imelda Leticia Zapata Espinoza; ella es  hija de  Mateo Emiliano Zapata Pérez y Eloisa Espinoza. Mi abuelo Mateo fue el hijo menor del general Emiliano Zapata Salazar con María de Jesús Pérez Caballero.

—¿En qué momento de su vida usted tomó conciencia de ser uno de los descendientes de un ícono histórico como Zapata? ¿Qué sentimientos o sensaciones experimentó y de qué manera esa conciencia marcó su destino personal? | —Desde muy pequeño, al estar muy cerca de mi abuelo Mateo, siempre escuché y miré historias y personas que llegaban con él, hablaban siempre de “sus viejos tiempos”. Recuerdo una anécdota familiar: estando frente a una fotografía del general Emiliano Zapata que tenía mi abuelito en la sala de su casa, yo siempre le preguntaba quién era ese mariachi, mi abuelo siempre se reía mucho ante mi inocente pregunta, y siempre respondía que era nuestro pariente, que era su papá. Ya más adelante, ante el trabajo realizado por don Mateo y la necesidad de continuar trabajando para lograr su objetivos, fue que ya me involucré con mayor fuerza y el momento en que tomé conciencia de ello fue cuando él murió en el año del 2007, yo con 26 años, reflexioné si este acontecimiento tan doloroso dentro de mi familia iba a dar fin a todo el trabajo social que emprendió mi abuelo a favor de las familias campesinas de origen zapatista en el Estado de Morelos. La muerte del último hijo de Emiliano Zapata implicaba además la desaparición del Instituto Pro-veteranos de la Revolución del Sur que por más de 30 años veló por los intereses sociales de los sobrevivientes veteranos y viudas de la Revolución Zapatista. Mi abuelo también había creado su organización campesina denominada Movimiento Nacional “Plan de Ayala” que en los años setenta fue una de las organizaciones que peleó tenazmente por preservar los derechos del campesinado mexicano conquistados por la Revolución. Con este panorama, me pregunté: ¿quién sería el continuador de Mateo Zapata? Y me di cuenta entonces que su colaborador más estrecho era yo. Así que tomé la posta alentado además por mi señora madre.

—¿Existe, al menos en su conocimiento, algún registro o nivel de contacto que permita establecer y cuantificar a los actuales descendientes de Emiliano Zapata  dentro y fuera del territorio mexicano? | —Es una pregunta muy difícil de responder. Sabemos que el general Emiliano Zapata se caracterizó de enamorado; se sabe oficialmente que tuvo 15  hijos con diferentes mujeres. Actualmente existen 50 nietos y un centenar de bisnietos y tataranietos, la mayoría viven actualmente en el Estado de Morelos así como en la ciudad de México, en Puebla y en Monterrey. Fuera del país, en Estados Unidos, están en San Francisco, Washington y Texas. También hay descendientes en Nicaragua y en París, Francia.

—¿Qué reliquias personales del general Zapata puede usted destacar entre las pertenencias que se conserva en su familia o en algunos de los tantos museos dedicados a la memoria de su bisabuelo? | —En vida mi abuelo Mateo Zapata donó algunos objetos personales de su padre; por ejemplo al Museo Casa de Morelos en Cuautla obsequió la máquina de escribir donde se realizaron las primeras copias al carbón del Plan de Ayala, al Museo Cuartel General en Tlaltizapan donó una botonadura de plata que estuvo unos días expuestos y desapareció. Actualmente tengo en mi resguardo una de las primeras fotografías del general Zapata de 1911, un joyero que perteneció  a la hermana mayor María de Jesús. Pero la reliquia que puedo destacar por su valor histórico es el sable del general Emiliano Zapata.

PensamientoLibertario—Usted, como historiador, ¿qué grado de singularidad le asigna al Ejército Campesino del que Zapata fue su General?  ¿Hay antecedente similar de un ejército de pobres en la historia latinoamericana con posterioridad a la Guerra de la Independencia de la corona española? | —El Ejército Libertador del Sur ha sido reconocido como unos de los movimientos sociales más importantes en la historia reciente de nuestro país, México. En los territorios dominados por el zapatismo, fueron capaces los zapatistas de realizar uno de los experimentos más radicales de  reformas sociales que haya tenido lugar en la historia; fue el único de los movimientos populares revolucionarios que llevó a cabo una reforma agraria eliminando totalmente —al menos temporalmente— a la oligarquía terrateniente y transfirió la propiedad de la tierra, aguas y bosques a los pueblos, familias e individuos para que decidieran libremente cómo trabajarlas con sus propias manos. Al mismo tiempo, estableció un gobierno y una administración en la región bajo su control en la cual se aplicó una práctica que buscó resolver las necesidades de los pueblos surianos y restituirles sus libertades a través de un proceso impulsado, sancionado y vigilado por el Cuartel General Zapatista y por instancias y disposiciones que expresaban una  de las primeras muestras de un Estado benefactor, al servicio de la mayoría de la población campesina. En ese contexto histórico, los pueblos surianos eran los herederos de una larga lucha milenaria por la tierra y libertad. La revolución de Emiliano Zapata logró demoler el régimen colonial de propiedad agraria que implantó el conquistador Hernán Cortés en Morelos, la hacienda. La zafra de 1912-1913 fue la última que se hizo en Morelos bajo ese régimen agrario colonial. Además, hay que tener en cuenta que el zapatismo implantó, en la Convención Revolucionaria de México de 1915, otras medidas como la abolición del presidencialismo;  una política sobre la tierra que incluía agricultura, minería y petróleo; reconocimiento del derecho obrero para organizar sindicatos, huelga, boicot y sabotaje; el reconocimiento del derecho a la emancipación de la mujer, empezando por reconocerle su derecho al divorcio.

Zapata—“El poder pudre la sangre y enturbia el pensamiento”, es una célebre frase que Zapata plasmó en Anenecuilco, denotando un carácter libertario de su pensamiento. En los hechos, Zapata se negó a posesionarse en la silla presidencial cuando llegó al DF junto a Pancho Villa.  ¿Podría considerarse a Zapata como una expresión bakuniana en la política latinoamericana contemporánea? | —Yo digo que no, para Bakunin el anarquismo supone una liberación social, sin necesidad de gobierno ni autoridades oficiales cuyo centro de gravedad se sitúa en el trabajo, el factor de producción, sus medios y distribución. La sociedad debería organizarse mediante la federación de productores y consumidores (a nivel de base) coordinados entre sí mediante las confederaciones. No habría necesidad, pues, de gobiernos, sistemas legislativos o poderes ejecutivos que monopolizaran la violencia. En cambio mi bisabuelo fue un reformador social, libertario pero no anarquista, atacó al mal gobierno que representaba el dictador Porfirio Díaz y después a Francisco I Madero por no hacer cumplir las demandas de restitución de las tierras a las comunidades campesinas, y por ello proclama Emiliano Zapata el Plan de Ayala que postulaba reforma, libertad, justicia. La Ley que surgió del Plan Ayala es la prueba más notable de que el Ejército Campesino Zapatista no era anárquico y proponía una nueva política de organización comunal en la cuestión del reparto de tierras. Sí desconocía al Presidente en turno, pero tras el triunfo de la Revolución del Sur surgiría un nuevo Gobierno no corrupto ni esclavista emanado del pueblo para el pueblo.

El general Emiliano Zapata junto con su Estado Mayor en Tlaltizapan, Morelos, 15 de mayo de 1915. | Foto Fundación Zapata y los Herederos de la Revolución

FaceWGM—Siendo usted el descendiente más visible de Zapata en la actualidad, ¿mantuvo o mantiene algún nivel de contacto con el subcomandante Marcos? ¿Qué opina usted del EZLN? | —En lo personal no he tenido contacto con el subcomandante Marcos pero mis tíos abuelos, Diego y Ana María Zapata, tuvieron en su momento contacto con él, cuando recibieron a la Caravana Zapatista en Anenecuilco, Morelos, en el 2001. En lo referente al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, es de admirar su valentía al revelarse contra al Gobierno mexicano en el año 1994, por ello despertó al México profundo, al  mundo de los indígenas olvidados y sin justicia. El neo-zapatismo no es otra cosa que la manifestación de sed de justicia que han necesitado los pueblos originarios desde hace cinco siglos, el EZLN es otro eslabón en la defensa de los derechos que todo ser vivo merece. 

—En el reciente aniversario del asesinato de Zapata usted manifestó su deseo de visitar Bolivia. ¿Cuál es la mirada que tiene acerca de la historia y la coyuntura de nuestro país y cuál es el potencial de un intercambio cultural para promover el pensamiento zapatista en esta parte de Sudamérica? | —Sabemos de la tradición libertaria del pueblo boliviano y el cariño de tu pueblo hacia el general Emiliano Zapata, por lo que estamos agendando una visita a Bolivia en la perspectiva de un intercambio para sentar  las bases de un archivo  histórico común latinoamericano y designar nuestro representante de la Fundación Zapata en estas tierras. Tengo entendido que en Bolivia además de existir valioso material  sobre la  Revolución Nacional del 52 y el rol del proletariado minero en ese proceso, existe también una historiografía abundante sobre la presencia y muerte del Che Guevara en Ñancahuazú a través de una entidad que según me informé dirige el periodista e historiador Carlos Soria Galvarro. Sería pues ideal tender un puente entre las memorias revolucionarias de Bolivia y México.

Los funerales de un hombre del pueblo | VIDEO

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