Data: septiembre 13, 2015 | 5:43
COLUMNA VERTEBRAL | Tributo a la poetisa y editora boliviana Blanca Wiethüchter

Carlos D. Mesa Gisbert | BLANCA: MADERA VIVA

Blanca Wiethüchter nació en La Paz en 1947 y falleció en Cochabamba el 16 de octubre de 2004. Es una de las voces femeninas emblemáticas de la poesía boliviana de fines del siglo XX e inicios del siglo XXI. Su escritura abarca tres décadas, desde mediados de los años 70 hasta el año de su fallecimiento. Fue editora del suplemento cultural "La Hormiga Eléctrica" (La Razón), de las revistas literarias "Hipótesis" y "Piedra Imán", directora de las editoriales "Hombrecito sentado" y "Mujercita Sentada"; redactora; co-fundadora el espacio culturalPuraduralubia (1993) ;docente de la Universidad Católica Boliviana, docente también del Taller de Escritura Creativa de laUniversidad Mayor de San Andrés, de la que luego fue directora; crítica literaria, ensayista, y poetisa. | Foto Los Tiempos

Blanca Wiethüchter nació en La Paz en 1947 y falleció en Cochabamba el 16 de octubre de 2004. Es una de las voces femeninas emblemáticas de la poesía boliviana de fines del siglo XX e inicios del siglo XXI. Su escritura abarca tres décadas, desde mediados de los años 70 hasta el año de su fallecimiento. Fue editora del suplemento cultural «La Hormiga Eléctrica» (La Razón), de las revistas literarias «Hipótesis» y «Piedra Imán», directora de las editoriales «Hombrecito Sentado» y «Mujercita Sentada»; co-fundadora del Espacio Cultural Puraduralubia (1993); docente de la Universidad Católica Boliviana, docente también del Taller de Escritura Creativa de la Universidad Mayor de San Andrés, de la que luego fue Directora; crítica literaria, ensayista, y poetisa. | Foto Los Tiempos

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© Ilustraciones: Alex Pelayo, del poemario Itaca (Blanca Wiethüchter)

Releo un texto que le dediqué a Blanca Wiethüchter poco antes de su muerte. Me doy cuenta, después de haber vuelto a su poesía, que Blanca es algo así como una raíz profunda y definitiva de nuestras letras. Un sonido que estremece, que agita, que acompasa. Una voz completa.

Escojo romper el encantamiento de tu voz y de tu escritura para hablar de lo que representas y has representado siempre: la vida “enamorada de los fuegos que arden bajo mi lámpara”.

Blanca Wiethuchter Itaca Alex Pelayo1Cuando se viene del oscuro túnel de la política, encontrarse otra vez con la esencia de las cosas es reconfortante. Ciertamente tú has estado y estarás en la esencia de las cosas. Por eso dices en Itaca “Esperar es oír/ Oír las huellas que deja la noche a su paso oscurecido/ Esperar es padecer la mirada de las cosas que disimulan muertes intensas/ Es tocar el verso y reverso del tiempo en el tejido: punto por punto”.

Tu voz y tu poesía tocan aquello que importa, lo que tiene que ver con uno y lo que tiene que ver con los demás. Creo que tu camino de construcción literaria ha sido siempre un encuentro de ti misma en ti misma y, después, un encuentro con la savia, tenaz y copiosa,  mucho más difícil de encontrar que la raíz prendida con alfileres en un cuarto de incierta oscuridad.

Creo que una de las cosas extraordinarias que has hecho es encontrar los arcos y los pliegues del país, encontrarlos a partir, no de los ruidos ni de las provocaciones, sino del descubrimiento de las otras voces y de la paciencia para escuchar las voces de todos. Tú país es en realidad el país de las nubes, el país del cuerpo, el país de la transparencia y de la mirada, el país de las pieles compartidas, el de las cimas y las simas.

Blanca Wiethuchter Itaca Alex Pelayo2Alguien habla también de la ciudad más bella y usa la palabra. Dice:  maravillosa. Yo sé cuál es la ciudad más bella para ti; aquélla que tiene que buscarse en los huecos del cielo, hasta que, encontrada, tiene las luces que se ven abajo, como dices en Madera viva árbol difunto. “Eres el monte/ De donde salió/ Aquella piedra/ Sin pies ni manos…Con las lluvias de febrero/ Los ríos van cercando la ciudad/ Con las montañas que estrechan el círculo/ Año tras año se espera/ Vigilando las las lluvias/ El día que no llega…Piedra/ Sin resistencia en las manos/ Ni huida en los pies/ Cortada de aquel divino monte”.

La trama de los hombres es ésta misma, es de muchos modos un paraíso y un infierno, trama que es, a pesar de todo, la que tiene más fuerza, más poder, más sangre, más historia, esta que nos ha penetrado hasta la entraña como un cuchillo gélido

Lo que has hecho es justamente encontrar el vértice de los dos caminos, el camino tuyo, de tu descubrimiento interior y el camino del otro y de los otros, en la construcción del mito y de la magia que rompe la razón. No importa ya el lugar, importa la espera en el mar de Ulises: “Mi cuerpo yacente y solo/ Como en el dolor/ Como en la muerte/ Mi cuerpo a la intemperie/ Mi cuerpo desnudo cubre mi alma desnuda…”

A pesar de tu apellido no eres kantiana, por el contrario, corazón, corazón profundo, corazón no de talla perfecta, sino de joya sangrante, de fibra que late. Esos son los latidos que siento cuando te leo, ahora que resucitas en cada página que abro para leer aquello que escribiste cuando estabas para estar por siempre.

Blanca Wiethuchter Itaca Alex Pelayo3En tus poemas encuentro una senda que es bruma en lontananza. Tú lo sabes, sabes que todos estamos seguros de que: “No es el relámpago la luz ni la noche las tinieblas”. Tus versos son los de una mujer que está ya de vuelta. Quisiera poder escribir El rigor de la llama como tú lo concebiste, convertido en piedra que es esencia y llama que es vida. Imágenes imposibles si uno no puede en unas pocas palabras, encontrar su centro y recuperar el nexo entre palabra y vida.

Te he leído otra vez para no olvidarte, para no olvidarme que el olvido es como la escarcha. Tú sabes, lo habías adivinado, que te he admirado siempre porque has sido capaz de afirmarte sin necesidad de la estridencia ni del vocinglerío, porque has construido tu propio mundo, un grande mundo interior.

Por eso, cuando entraba a tu casa y conversaba y discutía y charlaba y escuchaba música contigo, sabía que era posible compartir el espacio de las cosas, aún las más simples.

Espero no haber perturbado el encanto de tu voz, ni el de tu palabra, ni el de tu escritura. Estoy seguro que ese descubrimiento de tu patria, no de una bandera, ni de un escudo, sino de un alma, es una de las cosas más bellas que ha tenido tu camino, porque has sabido que lo más hondo es la revelación de lo íntimo. Has recorrido el cuerpo de los cuerpos, has tocado sus bordes, has penetrado en la voz de aquel otro poeta, lo has entendido más allá de las distancias, más allá de los verbos. Ese otro poeta escondido en el alma de estos montes que hoy te cubren.

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