Data: mayo 18, 2015 | 11:02
COLUMNISTA INVITADO | "Pero la expresión a la vez más prosaica e insidiosa de la crisis, es la encarnizada lucha por el poder universitario..."

Jorge Komadina Rimassa | EL NAUFRAGIO DE SAN SIMÓN

El dramático conflicto que padece San Simón revela una crisis institucional profunda, tal vez irreversible, cuyos alcances sobrepasan ampliamente el problema de la “titularización” de los docentes. Aunque sus causas y manifestaciones son complejas, ellas pueden objetivarse en varios planos. Se trata, en primer lugar, de una crisis institucional: el sistema de valores, fines y normas que preside la institución ha perdido legitimidad; en consecuencia, las reglas no se cumplen, se negocian o eluden sistemáticamente.

Pero la expresión a la vez más prosaica e insidiosa de la crisis es la encarnizada lucha por el poder universitario. Ciertamente, el poder es el núcleo estructurador de universidad, y es la clave para explicar el permanente vaivén entre el orden y el desorden. Pero el poder “real” no radica, como sería deseable, en los órganos formales de co-gobierno, sino en la capacidad de presión de los estamentos, las autoridades, los partidos políticos y las facultades. Es una lucha corporativa por los recursos públicos, por espacios, por privilegios. La precaria institucionalidad ha sido sustituida por un orden fáctico, clientelar y prebendal, siempre al borde de la crisis, constituido por transacciones y equilibrios entre los grupos de presión. Las estrategias electorales de los dirigentes gremiales, de las autoridades, de las facciones, contaminan los conflictos y bloquean su resolución creativa.

EL AUTOR Jorge Komadina Rimassa (Cochabamba, 1959) es sociólogo y analista político. Es responsable de la línea temática “Transparencia” del Centro de Estudios Aplicados a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CEADESC). Komadina trabaja asimismo como docente e investigador de la Carrera de Sociología de la UMSS. Ha publicado diversos trabajos sobre temáticas políticas y culturales, entre ellos “El Poder del Movimiento Político” (PIEB, 2007) y “Informe de Transparencia Presupuestaria sobre la Prefectura de Cochabamba” (CEADESC, 2008). Forma parte de la “Red Departamental de Transparencia de Cochabamba”. Escribe habitualmente en la prensa local y en revistas especializadas.

EL AUTOR
Jorge Komadina Rimassa (Cochabamba, 1959) es sociólogo y analista político. Es responsable de la línea temática “Transparencia” del Centro de Estudios Aplicados a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CEADESC). Komadina trabaja asimismo como docente e investigador de la Carrera de Sociología de la UMSS. Ha publicado diversos trabajos sobre temáticas políticas y culturales, entre ellos “El Poder del Movimiento Político” (PIEB, 2007) y “Informe de Transparencia Presupuestaria sobre la Prefectura de Cochabamba” (CEADESC, 2008). Forma parte de la “Red Departamental de Transparencia de Cochabamba”. Escribe habitualmente en la prensa local y en revistas especializadas.

La crisis también se manifiesta en la constante degradación de la función académica, que es supuestamente su “razón de ser”. Si bien la ausencia de mecanismos meritocráticos y transparentes de selección docente constituye una variable importante para explicar el deterioro de la calidad en la enseñanza, también intervienen efectivamente otros factores: la masificación, la obsolescencia de los planes de estudio (basados en el modelo de asignaturas aisladas), la separación entre la teoría y los problemas que plantea la sociedad, la debilidad del sistema de investigación, la didáctica memorística.

Otra de las facetas de la crisis es el predominio de la “función social” en detrimento de lo que puede llamarse la “función cognitiva”. La actual estructura académica, mal que bien, ha sido forjada para procesar la demanda masiva de títulos académicos, es profesionalizante y escolástica; sin embargo, no es adecuada para generar conocimientos, tecnología, pensamiento social, arte y cultura.

La “titularización” ya no puede ser concebida como una formalidad que culmina en la otorgación de un derecho de propiedad sobre una cátedra, sino como un proceso continuo de evaluación y perfeccionamiento de las capacidades, habilidades y competencias de los profesores. El desafío es cambiar las reglas de admisión y permanencia docente, pero también las visiones y las prácticas académicas cotidianas. No será una tarea fácil pues la marca genética de la UMSS es su indoblegable resistencia al cambio. Esta cultura es su verdadera tragedia.

Artículo publicado originalmente en Los Tiempos, 12 de mayo, 2015
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