Data: diciembre 8, 2014 | 11:00
EL GENOCIDIO DEL SIGLO XXI | Ya no hay esperanza de recuperarlos con vida...

México inicia duelo ante la inminente masacre de los 43 normalistas de Ayotzinapa

Alexander Mora Venancio, uno de los 43 jóvenes secuestrados por la Policía Municipal de Iguala el 26 de septiembre, fue un estudiante de 21 años de la localidad de Pericón, Tecoanapa. | Foto Telesur

Alexander Mora Venancio, uno de los 43 jóvenes secuestrados por la Policía Municipal de Iguala el 26 de septiembre, fue un estudiante de 21 años de la localidad de Pericón, Tecoanapa. | Foto Telesur

© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando

No obstante que en la primera semana de noviembre surgieron fuertes evidencias de que los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa secuestrados en en el municipio de Iguala la noche del 26 de septiembre habían sido asesinados en masa, sus cuerpos quemados y tirados a un río, los familiares de las víctimas se negaron a aceptar esa versión originada en la confesión de dos sicarios detenidos. «Vivos se los llevaron, vivos los queremos de vuelta«, era la consigna esperanzadora que movilizó a miles de mexicanos en las calles. Sin embargo, la identificación plena de los restos de uno de los jóvenes desaparecidos, Alexander Mora Venancio, por expertos forenses argentinos en un laboratorio de Australia, el más avanzado del mundo, termina por imponer la realidad de lo sucedido; y ante la resignación y la desesperanza, se impone el duelo.

El gobernador de Guerrero, Rogelio Ortega Martínez, manifestó su solidaridad con la familia del joven normalista Mora Venancio y decretó tres días de duelo en ese Estado luego de que la Procuraduría General de la República (PGR) confirmó la identificación de sus restos.

En conferencia de prensa, el mandatario estatal pidió un minuto de silencio por la muerte del joven estudiante de primer año en la Normal de Ayotzinapa, proveniente de la comunidad guerrerense  de Pericón, municipio de Tecoanapa.

Por su parte el procurador general Jesús Murillo Karam, reactualizó y defendió su tesis de que en el basurero de Cocula, municipio vecino de Iguala, fueron incinerados algunos de los estudiantes, aunque aclaró que “probablemente nunca se determine el número de ejecutados en ese lugar”.

El 6 de noviembre pasado, fueron hallados en el botadero municipal de Cocula 17 restos óseos con vestigios de haber sido calcinados, los mismos que fueron enviados para su análisis de ADN a un laboratorio de Australia elegido por los forenses argentinos encargados de la investigación. Uno de esos restos, se confirmó científicamente, pertenecen a Alexander Mora Venancio que estuvo entre los 43 secuestrados la noche del 26 de septiembre.

A pesar de que el exalcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa María de los Ángeles Pineda Villa (hermana de un narcosicario jefe de la banda «Guerreros Unidos»), se han negado a declarar, el procurador Murillo Karam reiteró  que serán procesados por el homicidio y desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

Actualmente, José Luis Abarca está preso en el Penal Federal número 1, conocido como El Altiplano, en el Estado de México, por el homicidio de Arturo Hernández Cardona en 2013. Se estableció que Abarca, personalmente, siendo Alcalde, ejecutó a Hernández con un tiro de fusil en la cabeza.

Y aunque el arraigo contra la mujer del ex alcalde, Ángeles Pineda Villa, vence el próximo 16 de diciembre, el Procurador aseguró que “no hay posibilidades” de que obtenga su libertad pues existen elementos en su contra.

Los hechos del 26 de septiembre

Los estudiantes de Ayotzinapa, cuya Escuela Normal se encuentra en el municipio guerrerense de Tixtla, fueron emboscados por policías municipales de la ciudad vecina de Iguala, por órdenes del Alcalde José Luis Abarca, cuando atravesaban esa juridicción muncipal en horas de la noche, al promediar las 20:00, buscando recaudar fondos movilizados en dos buses, rumbo a México DF para asisitir a los actos de recordación de la masacre estudiantil de Tatleloco ocurrida en 1968.
Abarca recibió la errónea información de que los normalistas serían «narcotraficantes rivales» que intentaban obstruir un acto proselitista presidido por su mujer, Ángeles Pineda, quien se postulaba para reemplazar en el cargo al marido.
Los jóvenes, en su mayoría de los primeros cursos de la Escuela Normal Rural «Raúl Isidro Burgos» (más conocida como la Normal de Ayotzinapa), de entre 18 y 23 años de edad, fueron entregados por la Policía Muncipal de Iguala a la banda de narco-sicarios «Guerreros Unidos», que se encargó de masacrarlos.
Durante aquel operativo ordenado por el alcalde Abarca, antes del secuestro, los policías municipales, a la vez sicarios, asesinaron con tiros de bala a los estudiantes  Julio César Ramírez Nava, oriundo de Tixtla y Daniel Solís Gallardo oriundo de Zihuatanejo, y retuvieron para torturar y matar a golpes a Julio César Mondragón Fontes, del DF, cuyo cadáver apareció al día siguiente en un basural, con el rostro desollado.
De confirmarse definitamente que los 43 desaparecidos de Ayotzinapa han sido inmolados, el total de víctimas de la masacre de Iguala serían 46, contando el joven que apareció desollado y sus dos condiscípulos baleados en el momento mismo del secuestro, además de 25 heridos que sobrevivieron a la narco-emboscada.

Se reafirma la tesis del basurero

Un día después de confirmar la muerte de Alexander Mora Venancio, uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, el procurador general Jesús Murillo Karam reafirmó su tesis de que el 26 y 27 de septiembre un grupo de estudiantes fue incinerado en el basurero de Cocula.

“No tengo duda que esa noche mataron a un grupo de estudiantes… Hay varias evidencias, unas nuevas que confirman el hecho de que ahí había un grupo de estudiantes. Hay evidencias del suelo, de las llantas, las declaraciones mismas de los detenidos, que son las que nos dan las pistas del río, pero el número de los que ahí fueron sacrificados creo que no lo vamos a descifrar nunca”, declaró Murillo Karam.

El titular de la PGR relacionó la estrategia de asesinar y quemar a las personas –la que presuntamente usaron integrantes del grupo criminal Guerreros Unidos–, con la de Los Zetas: “Es el modus operandi de algunos grupos de Los Zetas y si nos vamos a los orígenes de este grupo, es cuando hay un conflicto entre Los Zetas y otros cárteles y Los Zetas se unen con los Beltrán (Leyva) y de ahí viene el modus operandi que es muy de ellos y luego a la muerte de Arturo Beltrán viene el desprendimiento de diversas células como Guerreros Unidos”, explicó.

Jesús Murillo Karam informó que la investigación del caso Ayotzinapa no concluirá hasta detener a todos los implicados.

Entretanto, el movimiento estudiantil mexicano, el magisterio y la sociedad civil impactada por la barbarie de Ayotzinapa, inicia movilizaciones para «celebrar una Navidad Revolucionaria» y conseguir el próximo año, desde enero del 2015, el derrocamiento de la narco-corrupción que gobierna a México, según una nota publicada hoy por la revista Proceso.

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