Data: febrero 8, 2014 | 22:49
BIODIVERSIDAD INDÍGENA | Corren riesgo los ejemplares jóvenes que deben esperar casi un siglo para florecer bajo una intensa radiación solar…

Puya Raimondi (T’ikatanka, Jatun Qhayra) protegida por los saberes del Ande

En torno a los conos florales revolotean ávidos tordos y otros pájaros, además de los picaflores que se encargan de polinizarla. Sus  8.000 flores produciràn 16 millones de semillas libradas al viento. | Foto Teresa Alem

En torno a los conos florales revolotean tordos y otros pájaros, además de los picaflores que se encargan de polinizarla. Sus 8.000 flores produciràn 16 millones de semillas libradas al viento. | Foto Teresa Alem

© Silvia Antelo Aguilar | Fotos Teresa Alem Rojo
Un ejemplar en el cerro Khurupampa, municipio de Vacas.

Un ejemplar en el cerro Khurupampa, municipio de Vacas.

Encontramos a la pedagoga ambientalista Teresa Alem Rojo aprendiendo unos saberes extraordinarios entre los comunarios de Vacas, en la provincia Arani del departamento de Cochabamba. En este municipio donde se respiran los aires de una fragancia milenaria atrapada entre las pétreas montañas, hay un pueblo curandero que rinde culto a una de las plantas más fabulosas del planeta: Puya Raimondi.

Alem ha logrado extraer un elixir de la Puya Raimondi, aplicando con las flores de esta planta, por primera vez en la historia, los mismos métodos del homeópata inglés Edward Bach para tratamientos físico-emocionales con el uso de esencias florales, conocimiento que la investigadora enriqueció al escarbar los secretos de la medicina natural practicada por los indígenas de Vacas.

“Ellos la cuidan como una verdadera `waka’, es una idolatría; los bosques que forman, llamados rodales, son lugares celosamente resguardados y como me dijo el dirigente de la central campesina de Jatun Pampa, ellos quieren preservar toda su flora y saber para qué y dónde irán los poderes ocultos en esas especies tan raras y milenarias como la Puya Raimondi y la Kewiña” —nos explica Teresa Alem–. “Lo principal es que su ‘ceniza vital’ la llevan a sus terrenos para devolverles la fertilidad, eso es fantástico. Por el momento se respetan los rituales tanto el momento de llevar un tronco de ceniza, como en el momento de ofrendarla a su tierra”.

Como es bien sabido por la profusa difusión de estudios científicos en la última década, la Puya Raimondi, una bromelácea gigantesca única en el planeta, se auto-combustiona en un maravilloso acto suicida después de florecer por una sola vez en su existencia, para lo cual espera de 80 a 100 años.

En su adultez plena mide entre 8 y 12 metros de altura; cuando le llega la inflorescencia produce en sus capullos cual coralina —en la parte superior del tronco que cubre toda la mitad de la planta, quedando debajo las hojas gruesas y punteagudas— alrededor de 8.000 flores de color blanco ligeramente amarillento y que a medida que se marchitan se tornan violáceas.

En torno a los conos florales revolotean ávidos tordos y otros pájaros grandes, además de los picaflores que se encargan de polinizarla. Cada flor da un fruto que contiene 800 granos de semillas. Las seis millones de semillas que genera cada planta se expanden entre las montañas llevadas por el viento y tienen seis meses para germinar. Después de semejante despliegue de energía, la planta se seca hasta carbonizarse en sí misma. Las flores perduran aproximadamente cuatro meses hasta terminar de polinizar. En Bolivia se la puede ver en flor desde de octubre o noviembre hasta diciembre y enero, a diferencia de Perú donde se la observa en mayo, hasta agosto.

Tres de los lugares del alto Ande cochabambino donde existen «bosquecillos de Puya», según Teresa Alem, son la quebrada de Vacas (a un kilómetro del pueblo aproximadamente), Paredones, que es la comunidad en cuyos rodales este año hubo florescencia, y Jatun Pampa que queda a cinco kilómetros de Paredones.

Santuarios para una bendita energía solar

La Puya Raimondi en su florescencia.

La Puya Raimondi en su florescencia.

Según explica el ingeniero Rafael Müsch Rocha —un botánico de la Fundación para las Ciencias y miembro del Museo Alcide d’Orbigny de Cochabamba—, esta planta no brota en terrenos planos ni bofedales, sólo en terrenos rocosos que la protegen del pastoreo. Las rocas le brindan una coraza mecánica contra los ventarrones, especialmente a las plantas tiernas; y son precisamente las plantas tiernas, que deben esperar décadas para florecer, las más vulnerables de la especie por lo cual “es imprescindible crear santuarios para su protección en todo el territorio andino que ocupan”, plantea Müsch con insistencia. Según un estudio de la Universidad de San Marcos publicado en Lima el año 2003, “las rocas, al tener un menor contenido de agua que el suelo, tienen menores calores específicos calentándose por el sol más rápidamente, favoreciendo el pronto derretimiento de la nieve y el granizo, irradiando el calor hacia la planta, lo que trae como consecuencia que las horas de sol sean mejor aprovechadas y haya mayor fotosíntesis”.

El territorio actual de la Puya Raimondi abarca las montañas andinas de Perú y Bolivia, como islas que se dispersan entre el departamento peruano de Ayacucho hasta el norte de Potosí en Bolivia, pasando por La Paz y Cochabamba. La planta ha sobrevivido en las zonas donde los pueblos originarios se han mantenido fieles a su cosmovisión holística.

De d’Orbigny a Martín Cárdenas: diseccionadores de la gran puya

Alcide d'Orbigny

Alcide d’Orbigny

La primera noticia sobre la existencia de esta singular planta surgió del lugar llamado Vacas, en Cochabamba, el año 1830, durante la expedición de Alcide d’Orbigny que la calificó como una rara especie de agave o maguey. Al amanecer del 24 de octubre de ese año —según escribió el sabio francés en la crónica de su “Viaje a la América Meridional” (Ver el facsímil en PDF, nótese que su nombre en la primera ediciòn del libro es Alcides, no Alcide)— “recorrí los alrededores, visitando sucesivamente las lagunas, la orilla del río Conda o bien las colinas cultivadas de los alrededores de Baca (sic). (…). Busqué en vano algunos árboles, cuando, a lo lejos, creí ver una palmera de tronco esbelto. Estaba tanto más asombrado cuando esas hermosas plantas no crecen en las regiones elevadas. Me acerqué y reconocí una magnífica especie de agave. Su tronco delgado, de dos a tres metros de alto, estaba coronado de un conjunto de numerosas hojas largas y puntiagudas, y formando una bola de aspecto muy pintoresco”.

Antonio Raimondi

Antonio Raimondi

Más allá de aquella descripción, d’Orbigny no profundizó en el estudio de esta planta y tampoco la catalogó, labor que le correspondería al explorador y naturista Italiano Antonio Raimondi, en 1867. Raimondi la identificó en la zona cordillerana de Ancash, Perú, como una especie de bromelácea (del mismo tipo de la planta de la piña) y la denominó “Pourretia gigantea”. En 1908 el alemán Karl Theodor Herzog la halló en el cerro Comanche, de La Paz, Bolivia. En 1928, otro alemán, el taxónomo y botánico Hermann August Theodor Harms, la catalogó dentro el género bromeláceo de las puyas, y le puso el nombre actual de Puya Raimondi en honor al botánico italiano.

Durante los años 30 del siglo XX, el botánico cochabambino Martín Cárdenas amplió el estudio de esta planta, además de descubrir alrededor de 50 tipos de puyas, de menor tamaño, existentes en Bolivia.En su libro “Memorias de un naturalista”, Cárdenas dio el nombre originario con que los indígenas aymaras conocieron esta planta muchos siglos antes de los europeos.

Karl Theodor Herzog

Karl Theodor Herzog

Narró que un filólogo alemán, Carlos Mary, al que conoció en Santa Cruz en junio de 1937, le había comentado que el verdadero nombre de Tiahuanaco era el mismo nombre de la Puya Raimondi de Comanche, en aymara. “Después vi que esto no era cierto, porque el nombre de esta gigantesca Bromilaceae en aymara es T’ikatanka”, aclaró Martín Cárdenas.

En 1948, Martín Cárdenas llevó al botánico norteamericano Mulfor B. Foster, experto en bromeláceas, hacia la zona de Colomi, sobre la cuesta de Huakanqui, a 3.000 metros sobre el nivel del mar, donde había florecido un ejemplar de Puya Raimondi.

El intrépido explorador, recordó Cárdenas, “vio por primera vez en su vida a este gigante de los Andes que lo fotografió al igual que yo en colores y en negro y blanco. Una de mis fotografías la publicó Foster en la conocida revista americana Geographical Magazine”.

Martín Cárdenas

Martín Cárdenas

En el valle altoandino de Cochabamba la Puya Raimondi es conocida con el nombre quechua “Jatun Qhayra”.  

En el municipio de San Pedro, provincia Charcas del Norte de Potosí, existe una comunidad indígena que lleva ese mismo denominativo, el ayllu Jatun Qhayra, donde también se rinde culto a la gran Puya.

Qhayra o Kayara, según  Mario Rodríguez Rodríguez, es el nombre que los indígenas quechuas dan a todas las puyas arbóreas.

«Viven como en ayllus. Florecen por grupos en cada bosquecillo, en momentos diferentes de un rodal a otro», dice Teresa Alem, y recuerda que a comienzos del pasado siglo XX fueron transplantadas a viveros en las universidades de Berkeley, California, en Estados Unidos, y Frankfurt, en Alemania, donde florecieron el año 2006. Fue todo un acontecimiento.

La T’icatanka o Kayara en sus territorios nativos

El Alcalde de Vacas con la Ordenanza del Solsticio, en el 2012, que declarav a su Municipio Resrva Municipal para proteger la Puya Raymondi y la Kewiña. | Foto Rumbol

El alcalde de Vacas Teófilo Vásquez Santos con la Ordenanza del Solsticio, en junio del 2012, que declara a su municipio Reserva Municipal para proteger la Puya Raymondi y la Kewiña. | Foto Rumbol

Dentro el territorio boliviano, los bosques (rodales) más extensos de Puya Raimondi se hallan en los municipios indígenas de Cairoma, Colquencha, Quime y Comanche, en las provincias Loayza, Inquisivi y Pacajes de La Paz. Investigadores peruanos de la Universidad de San Marcos que estudiaron siete rodales en este departamento boliviano, revelan un total de 17.841 ejemplares indicando además que las poblaciones se encuentran en etapa de crecimiento, es decir bajo el riesgo de no llegar a su centenaria madurez. El rodal más extenso está ubicado en la población de Araca, sobre la coordillera de Tres Cruces, con una superficie de 11,37 kilómetros cuadrados y una densidad de 10.839 ejemplares en distintas edades. En el municipio de Comanche los rodales están en riesgo debido a la sobre-explotación comercial de las canteras que protegen a la Puya Raimondi y sus picaflores.  

El año 2008, el prefecto paceño Pablo Ramos Sánchez declaró a la gigante puya Patrimonio Natural de La Paz, disponiendo que cada municipio con poblaciones de Puya Raimondi establezca santuarios y parques naturales en sus jurisdicciones. Una medida similar rige en todo el Perú desde 1975, cuando se creó el Parque Nacional de Huascarán. 

El año 2011, Cochabamba siguió esta ruta proteccionista mediante una iniciativa de la Universidad Mayor de San Simón (Umss) y la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC), que contrató a una consultora ambientalista para sentar las bases de un área protegida para la Puya Raimondi en las provincias de Arani, Campero y Carrasco. El proyecto culminó en junio del 2012 con la creación de la Reserva Municipal de Vacas. 

EL ACTA DE LAGAR PAMPA El 8 de septiembre del año 2007 un Congreso de la Subcentral Campesina de Lagar Pampa, en el municipio de Aiquile, declaró "Zona de Reserva" a sus comunidades y determinó prohibir la tala de árboles protegidos y la caza de animales silvestres, contemplando en su justicia comunitaria "el decomiso de armas de fuego". Los infractores, además, "serán detenidos y conducidos a la Central Sindical de Trabajadores Campesinos de Aiquile". Mediante un Acta de Asamblea, esa resoluciòn fue ratificada el 15 de marzo del 2009. | Foto Rumbol

EL ACTA DE LAGAR PAMPA
El 8 de septiembre del año 2007 un Congreso de la Subcentral Campesina de Lagar Pampa, en el municipio de Aiquile, declaró «Zona de Reserva» a sus comunidades y determinó prohibir la tala de árboles protegidos y la caza de animales silvestres, contemplando en su justicia comunitaria «el decomiso de armas de fuego». Los infractores, además, «serán detenidos y conducidos a la Central Sindical de Trabajadores Campesinos de Aiquile». Mediante un Acta de Asamblea, esa resoluciòn fue ratificada el 15 de marzo del 2009. | Foto Rumbol

En noviembre del 2012, la Escuela Forestal (Esfor) de la Umss organizó un seminario donde el consultor Wanderley Ferreira explicó cómo se hizo posible crear un sistema de protección de la Puya Raimondi sobre la ruta caminera Paracaya – Mizque – Aiquile, que atraviesa los municipios de Mizque, Alalay y Vacas. “Se presentó un Corredor Biológico de 34.119 hectáreas, considerando los criterios de distribución y conectividad de las especies en los tres municipios. Posterior a la socialización, el único municipio interesado en proteger su riqueza natural fue Vacas, que junto con todas las organizaciones sociales se comprometió a crear y gestionar un área de reserva de 16.000 hectáreas aproximadamente”, explicó Ferreira, responsable de la consultora Rumbol.

Si bien sólo el municipio de Vacas asumió esa ejemplar responsabilidad, en el proceso pesó la iniciativa campesina de otros municipios, como la Subcentral de Lagar Pampa, en Aiquile, que el año 2007 declaró «Zona de Reserva» a su municipio e instruyó como decisión del Congreso entre sus seis sindicatos (Chaupi Loma, Duraznal, La Ceja, Mole Pampa Grande, Lagar Pampa y Tunas Pampa) impartir justicia comunitaria por la tala de árboles protegidos y la caza de aves y mamíferos silvestres. Dicha resolución sindical fue ratificada el año 2009; aunque las autoridades municipales de Aiquile no la pusieron formalmente en vigencia.

La Reserva Municipal de Vacas, por su parte, fue creada durante un ritual encabezado por el alcalde Teófilo Vásquez Santos en el Intiwatana (Solsticio) del 21 de junio del 2012. Allí estuvo Teresa Alem Rojo en pos de la savia curativa de la Puya Raimondi con que hoy prepara sus elixires florales.

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