INVESTIGACIÓN | Sus barras bravas son pandillas ultra-violentas que actúan bajo la protección de dirigentes de su club vinculados al narcotráfico; tienen antecedentes de haber cometido un doble asesinato en Sao Paulo en marzo del 2012, tres meses antes de ser expulsados de Buenos Aires por usar las letales bengalas

Dirigentes del Corinthians pudieron evitar la muerte del niño boliviano Kevin Beltrán

La barra brava “Pavilhão Nove” conserva el nombre de aquel pabellón carcelario donde en 1992 se produjo la matanza de presidiarios amotinados en la cárcel de Carandirú de Sao Paulo —el Pabellón Nueve—; y a consecuencia de ello surgió el “Primeiro Comando da Capital” (PCC), el cartel del narcotráfico más violento y mortífero del Brasil.

La barra brava “Pavilhão Nove” conserva el nombre de aquel pabellón carcelario donde en 1992 se produjo la matanza de presidiarios amotinados en la cárcel de Carandirú de Sao Paulo —el Pabellón Nueve—; y a consecuencia de ello surgió el “Primeiro Comando da Capital” (PCC), el cartel del narcotráfico más violento y mortífero del Brasil.

Si los dirigentes del Club Corinthias hubieran hecho prevalecer los antecedentes judiciales de sus dos barras bravas, “Pavilhão Nove” y “Gaviões da Fiel”, tanto en Brasil como en Argentina por el uso indiscriminado de bengalas y armas de fuego, sin duda alguna la tragedia del niño Kevin Beltran no habría sucedido jamás. Los pandilleros brasileños, socapados por los dirigentes de su Club que son sospechosos de narcotráfico en su país, llegaron a Oruro con graves cargos penales pendientes por haber asesinado a hinchas de un equipo rival en Sao Paulo y por haber incendiado el estadio La Bombonera usando aquellos mismos explosivos ilícitos que activaron en el trágico partido con San José, conscientes de su letalidad…

© Redacción Sol de Pando

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Separata

Separata de la Edición Impresa Nro. 33

Una de las más violentas barras bravas del Corinthias, “Pavilhão Nove”, está estrechamente conectada a la organización narco-sicaria PCC que surgió tras un motín carcelario en los años noventa; su principal cabecilla, Hugo Nonato, ahijado del influyente directivo del club Sergio Sánchez, está preso en Oruro. El otro grupo relacionado con el PCC, “Gaviões da Fiel” —cuyo jefe también está entre los doce brasileños que participaron en la muerte del niño boliviano Kevin Beltrán—, tiene prohibido el ingreso a los estadios de Sao Paulo por haber asesinado a dos hinchas del Palmeiras en un partido jugado en marzo del 2012.

En  junio del 2012, tres de estos mismos pandilleros fueron enjuiciados penalmente en Argentina tras la incautación de 50 paquetes de bengalas que hicieron explotar en La Bombonera. No es un sólo individuo el que perpetra esta violencia criminal itinerante.

Es una asociación delictuosa según sostiene la fiscal de Oruro Abigail Saba. Y por si fuera poco, apenas dos semanas antes de la tragedia en Bolivia, en Sao Paulo unos sicarios ejecutaron al socio de Sergio Sánchez en un negocio de lavado de dinero, que según periodistas brasileños consultados por Sol de Pando pertenecía a las estructuras extorsivas del temible “Primer Comando de la Capital” (PCC).

Aunque la lejana “aparición” de un adolescente que se auto-incrimina oficiosamente de haber matado al niño Kevin Beltrán devela la notoria intención de excarcelar a los 12 brasileños que también portaban y manipularon el mortífero cohete aquella fatídica noche del miércoles 20 de febrero en el estadio Jesús Bermúdez de Oruro, nada borra un fundamental antecedente a tomar en cuenta: tres de los detenidos en Oruro ya fueron condenados hace menos de un año por un juzgado penal de Buenos Aires, Argentina, acusados de portar ilegalmente aquellos artefactos explosivos que son expresamente prohibidos por la legislación argentina.

El juez penal Carlos Bentolilla los sentenció con la prohibición de ingresar a campos deportivos argentinos por el lapso de un año, condena que está vigente en la actualidad, al haberse probado su participación directa en el uso de esos explosivos dentro el estadio La Bombonera durante un partido entre Boca Juniors y Corinthians.

La condena se basó en el artículo 106 del Código Contravencional según el cual será penalmente procesado  “quien ingresa o lleva consigo artefactos pirotécnicos a un espectáculo masivo, de carácter artístico o deportivo y son encendidos o arrojados”.

La dirigencia del Corinthians, encabezada por su entonces presidente Andrés Sánchez —activo promotor de estos grupos violentos y actualmente investigado por lavado de dinero y presuntos vínculos con la organización narcotraficante del Primer Comando de la Capital (PCC)— habría presionado a las autoridades judiciales argentinas para flexibilizar las sanciones contra los pandilleros de su “barra brava”.

Permanentemente apoyados por los dirigentes del equipo, los hinchas brasileños y el fiscal Juan Rozas acordaron una “probation” —recurso legal similar a un indulto que suspende el proceso a cambio de la admisión de culpa y una leve sanción pecuniaria— que les prohíbe ingresar a estadios argentinos por el lapso de un año, es decir de junio del 2012 a junio del 2013, “y además deberán donar pañales al Hospital Garrahan”. El acuerdo fue ratificado por el juez penal Bentolilla.

No obstante ese antecedente penal, al cual se suma el castigo de la Federación Paulista de Fútbol en marzo del mismo año 2012, que también les prohíbe a las barras bravas del Corinthians ingresar a los propios estadios brasileños por cometer un doble asesinato antes de un partido contra el Palmeiras,  estos hinchas,  en todo momento protegidos, alentados y financiados por los dirigentes de su Club, llegaron a Oruro portando los mismos cohetes pirotécnicos vetados, provocando esta vez la muerte  del niño hincha del San José, por lo que podría considerarse el asesinato de Kevin Beltrán como un crimen reincidente.

El procesado número 13

La prensa argentina no difundió públicamente los nombres de los tres hinchas brasileños condenados en Buenos Aires por hacer uso de aquellos cohetes prohibidos en campos deportivos.

El Juez Cautelar de Oruro Julio Guarachi admitió el requerimiento de la fiscal asignada al caso, Abigail Saba, para la detención preventiva de 12 miembros que pertenecen a dos de las barras bravas más violentas del Corinthians: “Gaviões da Fiel” (Halcones Fieles),  y “Pavilhão Nove” (Pabellón Nueve), esta última vinculada abiertamente desde sus orígenes al grupo narcotraficante Primer Comando de la Capital (PCC).

Correspondería a las autoridades judiciales de Oruro establecer cuáles de estos 12 detenidos fueron los tres ya fichados penalmente en Argentina, el 27 de julio del pasado año, tras el partido entre Boca Juniors y el popular equipo brasileño:

1.- Leandro Silva de Oliveira de 21 años,
2.- Tadeu Macedo de Andrade, 30 años
3.- Hugo Nonato de 27 años
4.- Cleuter Barreto Barros de 24 años
5.- Ronaldo Cohelo de 35 años
6.- José Carlos Da Silva Junior de 20 años
7.- Marco Aurelio Nefeire de 31 años
8.- Damielo Silva de Oliveira de 27 años
9.-  Clever Sousa Clous de 21 años
10.- Favio Neves Domingos de 32 años
11.- Rafael Machado Castillo de Arao de 18 años
12. – Tiago Aurelio Do Santos Fegeira de 27 años

En esta lista, figuran el principal cabecilla de la barra brava “Gaviões da Fiel”, Tadeo Macedo de Andrade, y Hugo Nonato de “Pavilhão Nove”; ambos encargados de administrar los recursos financiados por la dirigencia del Corinthians (y también dineros provenientes del narcotráfico) para organizar los viajes de la violenta hinchada en los torneos internacionales, así como de distribuir los cohetes de bengala entre los demás miembros de la pandilla.

Además, la fiscal Saba imputó formalmente a Cleuter Barreto Barros (alias “Manaus”) y Leandro Silva de Oliveira (alias “Soldado”), del grupo “Gaviões da Fiel”, por haber activado el cohete que mató a Kevin Beltrán, ya que en las manos de ambos se encontraron rastros de pólvora derramados por el artefacto explosivo al momento de dispararse. Se estableció asimismo que por su tamaño y peso, aquellos mortales cohetes suelen ser activados por al menos dos personas: uno que enciende la mecha y otro que sostiene el artefacto para su lanzamiento.

El explosivo que provocó la muerte del niño Kevin Beltrán se utiliza como señalizador porque emite un haz de luz para localizar objetivos a gran distancia, y es más potente y peligroso que los petardos que usan hinchas en canchas bolivianas, según un reporte del periodista Carlos Valdez de la agencia Associated Press (AP).

Otro de los imputados, Hugo Nonato, tenía en su poder un lote considerable de las mismas bengalas que le habrían sido incautadas en Buenos Aires en junio del pasado año. Se presume que Nonato fue quien entregó el cohete a los ejecutores del disparo que mató a Kevin Beltrán.

El tubo de plástico del explosivo, de dos centímetros de diámetro y 23 centímetros de largo, penetró por el ojo derecho y produjo un traumatismo craneal y hemorragia interna en la víctima, informó el médico forense de Oruro, José María Vargas.

La reveladora filmación del programa “Zona Deportiva” de la ciudad de Oruro, muestra claramente a un grupo de brasileños aglomerados en la tribuna rodeando al que portaba el artefacto que impactó en el rostro de Kevin, a pocos segundos en que se produjo el gol de Corinthians ante San José.

Aún se investiga pericialmente la  identidad exacta de cada uno de quienes aparecen en el video, cruzando información con testigos presenciales, informó la fiscal Abigail Saba al corresponsal de Sol de Pando en Oruro.

Según la fiscal Saba, quien estaría iniciando trámites para obtener los antecedentes penales del grupo en Buenos Aires y Sao Paulo, la aparición de un adolescente en el Brasil que se auto-responsabiliza por la muerte de Kevin, no afecta la figura de “asociación delictuosa” en que incurrieron como autores materiales, instigadores, cómplices y encubridores los cabecillas e integrantes de los grupos “Gaviões da Fiel” y “Pavilhão Nove” hoy procesados en Oruro.

En todo caso, el adolescente que se atribuye el crimen oficiosamente tendría que ser el “procesado número 13”, según criterio de la Fiscal del Ministerio Público boliviano que investiga el caso en el lugar de los hechos.

Es muy fundada la sospecha de que los padres del adolescente que se auto-incrimina en Sao Paulo con la intención de liberar a los doce apresados en Oruro, recibieron un jugoso soborno por parte del dirigente corinthiano y sospechoso de lavar dineros del narcotráfico Sergio Sánchez, principal promotor, cómplice y socio de aquellas pandillas a su servicio.

Periodistas del Brasil se preguntan si el abogado Ricardo Cabral, un jurista novato contratado por el Corinthians, es defensor o acusador del adolescente que se auto-incrimina, pues es llamativo el esmero que pone Cabral para demostrar a toda costa que su “defendido” es el asesino de Kevin.

“Ricardo Cabral, advogado com OAB recente, de 2005, e que alega defender o menor que diz ter matado o garoto boliviano de 14 anos, precisa decidir se atuará no caso como defensor ou acusador de seu cliente. Poucas vezes se viu tamanho empenho em produzir provas para incriminar alguém que supostamente deveria estar sendo defendido pelo “doutor””, observa el acucioso periodista  Paulo Cezar de Andrade Prado en su renombrado “Blog do Paulinho”, un espacio que promueve y reivindica el honor deportivo del Club Corinthias ante la arremetida mafiosa en su estructura dirigencial.

Apresados en Buenos Aires

El mismo tipo de señalizador que utilizan normalmente embarcaciones en ultramar para marcar en el cielo las coordenadas en caso de naufragio, y con el cual se mató a Kevin Beltrán el pasado 20 de febrero, les fue decomisado en Buenos Aires —al grupo hoy recluido en Oruro— el 27 de junio del 2012 tras el partido entre Corinthians y Boca Juniors. La justicia argentina arrestó y procesó a tres de ellos al ser identificados por cámaras de seguridad del estadio La Bombonera como los causantes de un bombardeo con aquellos señalizadores, conocidos también como “fuegos de bengala”.
Se trataba del partido de ida —que Boca Juniors y Corinthians empataron— en la final de la Copa Libertadores de América 2012, conquistada luego por el equipo brasileño en el partido de vuelta jugado en Sao Paolo el 4 de julio con victoria del Corinthians. En ambos encuentros, las dos barras bravas más activas del Corinthians presionaron al rival argentino con violentos estallidos de explosivos como el que se disparó quitándole la vida al niño boliviano en el estadio de Oruro.
“A los acusados, de nacionalidad brasileña y de entre 20 y 23 años” —informó la agencia DyN de Buenos Aires sin especificar los nombres de los delincuentes confesos—, “se los detuvo con 50 paquetes de bengalas y fueron identificados durante el partido a través de la Sala de Situación de La Bombonera, donde se monitorean las cámaras de seguridad. La hinchada del Corinthians encendió gran cantidad de pirotecnia, algunas de las cuales fueron arrojadas al campo de juego durante el partido en el que su equipo empató con Boca 1 a 1”.
Cuando el partido finalizó, la Policía Federal —en aplicación del artículo 106 del Código Contravencional bonaerense— aprehendió a los tres pandilleros brasileños, quienes quedaron detenidos en dependencias del Ministerio Público Fiscal para ser indagados por el fiscal contraventual Juan Rozas, “tras lo cual fueron liberados”, se informó, bajo la figura de la “probation” que —una vez admitida la culpa por parte de los detenidos— estableció prohibir el ingreso de éstos a los estadios argentinos durante un año (sanción aún vigente), además de obligarles a “donar pañales” a un centro pediátrico estatal de Buenos Aires.
Pero ésa no fue la primera ni única vez en que hinchas del Club Corinthias eran vetados para ingresar a campos deportivos por su comportamiento criminal.

Asesinatos en Sao Paulo

En marzo del mismo año 2102, tres meses antes del incidente en Buenos Aires, los integrantes de “Gaviões da Fiel” mataron a dos hinchas del Palmeiras, de la barra “Mancha Alvi Verde”, con disparos en la cabeza, en inmediaciones del estadio Pacaembú.

El presidente de la Federación Paulista de Fútbol, Marco Polo Del Nero (dirigente del Palmeiras), decidió impedir la entrada a los estadios de Sao Paolo a ambas agrupaciones usando sus uniformes distintivos  “hasta que sean esclarecidos los hechos y penalizados los responsables”.

La medida fue anunciada después de que seguidores de las dos hinchadas se enfrascaran en una batalla campal con armas de fuego y barras de hierro, con dos muertos y varios heridos, minutos antes de un partido entre el Corinthians y el Palmeiras, tradicionales rivales, por el Campeonato Paulista con triunfo para el “timao” (“equipazo”, en portugués) por 2-1.

Los hinchas del Palmeiras rechazaron la sanción responsabilizando del hecho exclusivamente a la hinchada del Corinthians.

 ”Fuimos víctimas de una emboscada a tiros por la hinchada rival. Ellos aparecieron sorpresivamente munidos de piedras, pasamontañas, barras de hierro y armas de fuego, y balearon a cuatro integrantes de nuestra hinchada. Nuestra camiseta ahora prohibida (en los estadios) no es un chaleco a prueba de balas”, expresaron los hinchas agredidos del Palmeiras mediante un comunicado.

Dos de los integrantes de “Gaviões da Fiel” que protagonizaron la balacera fueron arrestados por la policía brasileña; pero ninguno fue sentenciado por el asesinato de los dos hinchas del Palmeiras —uno de los cuales falleció 24 horas después en el hospital Sao Camilo con un severo trauma encefálico—,  habiéndose “transado” el asunto en instancias judiciales.

Se sabe también que los seguidores de Hugo Nonato y Tadeu Macedo, principales líderes de las barras bravas del Corinthians ahora detenidos en Oruro, utilizaron las redes sociales (Facebook y Twitter) para convocar a los demás hinchas al enfrentamiento que derivó en dos muertes.

En horas pasadas Nonato, Macedo y otros integrantes de las barras del Corinthians han bloqueado los accesos públicos a sus cuentas del Facebook, curiosamente estando recluidos en la prisión de Oruro (donde no existe acceso libre al internet), lo que hace suponer que los doce pandilleros brasileños gozan de un apoyo efectivo y organizado desde fuera de la cárcel en términos de complicidad y encubrimiento.

Hasta la semana pasada, se podía constatar en los facebook’s de estos pandilleros la forma en que organizan sus viajes dentro y fuera del Brasil y el tipo de relaciones en alto grado de intimidad que sostienen con los dirigentes empresariales del Club.

Estructuras mafiosas

La impunidad es una constante en cada una de las acciones criminales cometidas de modo reincidente por los fanáticos a sueldo del Club Corinthias, cuyas organizaciones de tipo pandillero están relacionadas casi orgánicamente con las jerarquías directivas de este Club, un rasgo común en la relación mafiosa que suelen establecer las “barras bravas” con algunas empresas deportivas que lucran con el fútbol profesional contemporáneo realizando negocios corruptos en varias partes del mundo.
Después de las fechorías cometidas en La Bombonera el 27 de junio del 2012, los pandilleros que portaban bengalas recibieron como única sentencia “donar pañales” al pediátrico Garraham y la prohibición de ingresar a los estadios de Argentina es sólo por un año. Por el asesinato cometido contra los dos hinchas del Palmeiras, tres meses antes del incidente de Buenos Aires, ninguno de los “fieles” del Corinthians recibió la sentencia justa debido a maniobras judiciales a cargo de abogados contratados por el Club.
En el caso del asesinato de Oruro, se pretende engañar a la justicia boliviana con la aparición de un adolescente inimputable que se atribuye el crimen sabiendo que no podrá ser extraditado a Bolivia, no obstante que entre los doce detenidos tras el partido con San José se encuentran, sin duda, los verdaderos asesinos junto a sus cómplices.
Los antecedentes criminales de los cabecillas y miembros más activos de  “Gavioes da Fiel” y “Pavilon Nove” se remontan hace más de una década.
En mayo del 2006, aquellos dos grupos de choque del Corinthians lograron la suspensión de un partido con River Plate, en el estadio paulista de Pacaembú, en una violenta tentativa por evitar la victoria del equipo visitante argentino (3-1) que causó la eliminación del “timao” en los octavos de final de la Copa Libertadores.
“Hasta el minuto 84 era todo normal, no había inconvenientes. Era un partido entretenido, disputado y de mucha emoción, pero hubo que suspenderlo por los incidentes que protagonizaron los hinchas de Corinthians (…) que después casi invadieron la cancha, ante lo que afortunadamente por la intervención de la policía se evitó algún problema mayor”  —dijo el árbitro chileno Carlos Chandía que se vio obligado a suspender el partido para impedir que corra sangre—. “No tengo memoria de haber vivido una situación así, en la que los hinchas ingresaron a increpar a sus propios jugadores”, recordó el árbitro de ese encuentro. En aquel caso, tampoco hubo una sanción ejemplarizadora  por parte de las autoridades deportivas y judiciales del Brasil.
En febrero del 2003 se produjo una campal batalla entre la “Torcida Independiente” del Sao Paulo Fútbol Club —otro tradicional rival del Corinthians— y la “Pavilhão Nove”; pero en tal ocasión corrió sangre no en las tribunas ni durante un partido, sino en el sambódromo de la ciudad paulista y durante las “pre-carnavaleras” de aquel año. En el Brasil, las barras bravas de los equipos de fútbol poseen “escuelas de zamba” que trasladan las rivalidades a los escenarios del carnaval, con la misma violencia y criminalidad que en los estadios, con disparos de balas y bengalas, y puñaladas cuerpo a cuerpo. En aquella ocasión murió un integrante de “Pavilhão Nove”, Rui Luciano Nogueira, de 25 años, con un tiro en la cabeza.
BanderínEl carnaval de Sao Paulo es el tercero en importancia después del de Río de Janeiro y Bahía, pero es el que congrega un mayor número de público y mueve millones de dólares durante su realización. Según el periodista Ricardo Perrone, las actividades del carnaval paulistano son controladas por el Primer Comando de la Capital (PCC), a través de las barras bravas de varios equipos de fútbol, entre los que se destacan “Gavioes da Fiel” y “Pavilon Nove” del Corinthians. El periodista informó que “Gavioes da Fiel” comenzó a ser investigada en febrero del pasado año 2012 por posibles vínculos con el PCC, tras otro disturbio carnavalero protagonizado por los pandilleros como parte de una rivalidad entre grupos del narcotráfico que se disputan el control de la organización carnavalera.
Según recordó el periodista paulistano Cosme Rimoli, en el 2009 el presidente del Corinthians Sergio Sánchez anunció públicamente que los ingresos de un partido entre su equipo y el Palmeiras serían destinados para financiar la participación de las escuelas de zamba de “Gaviões da Fiel” y “Pavilhão Nove” en los carnavales de ese año. Fue el mismo carnaval en el que Sánchez, fundador y ex presidente de “Pavilhão Nove”,  participó en la entrada carnavalera con el uniforme de “Gaviões da Fiel”.
Dicho antecedente, afirma Rimoli en su blog, demuestra la vinculación estrecha de Sergio Sánchez, el capo del Corinthians, con ambas organizaciones pandilleras; a tal extremo que Sánchez permitió a los miembros de esos grupos tomar control de la reventa de entradas para los partidos locales e internacionales más importantes, con lo cual los pandilleros financian en parte sus viajes y placeres junto a su equipo, además de comprar armas, municiones y cohetes señalizadores (bengalas) como infaltable arsenal con el que imponen terror en los estadios.
“A ligação entre o clube e os torcedores organizados é profunda. Ingressos, viagens e hospedagem são facilitadas pela direção do clube. Não abertamente, mas com verbas para Carnaval. Descontos em ingressos. Entradas que são revendidas para torcedores comuns”, denuncia nuestro colega brasileño.

El Corinthians de Sergio Sánchez y el narcotráfico

El actual presidente del Corinthians, Mário Gobbi Filho, un ex policía, es considerado el “Dilma Rousseuff” de Sergio Sánchez, a quien se lo pondera como el “Lula” del Corinthians al haber incorporado en la estructura de este club una “participación popular” sobre los destinos del centenario “time” (equipo en portugués). Con un glorioso origen obrero, el Corinthians fue fundado en 1910 y tiene un arraigo popular inmenso. Sin embargo, sus barras bravas conformadas en la última década son esencialmente organizaciones del lumpen fermentado en las favelas y cárceles de Sao Paulo, donde predominan  la miseria extrema y la delincuencia implícita en ella.

Sánchez, un oscuro comerciante de origen español, fue fundador y presidente de la pandilla “Pavilhão Nove”, organización que surgió en septiembre de 1990 en base a presidiarios  hinchas del club Corinthias en la cárcel de Carandirú, quienes dos años después, en octubre de 1992,  protagonizaron el célebre motín carcelario que derivó en la brutal masacre de un centenar de presidiarios a manos de la policía militar brasileña.

Sergio Sánchez acumuló poder y prestigio dentro el Corinthians como promotor de las pandillas; se alió con Mario Gobbi en el 2007 para derrocar al corrupto “dictador” del Club Alberto Dualib, de quien Gobbi era mano derecha como su “consejero vitalicio” y cómplice suyo en desfalcos y en actividades de lavado de dinero, por los cuales Dualib fue enjuiciado penalmente y obligado a renunciar a la Presidencia del Corintians, traicionado por Gobbi.

Dualib fue reemplazado tras su renuncia a principios del año 2007 por Sergio Sánchez, quien, desplegando millonarios recursos financieros de dudoso origen,  promovió un movimiento denominado “Fora Dualib” activando a las barras bravas “Gaviões da Fiel” y “Pavilhão Nove” que expulsaron al viejo dirigente con amenazas de muerte y otras presiones afines. El ex policía Gobbi asumió la vicepresidencia y, junto con André Luiz de Oliveira (más conocido como André Negão) en la Dirección Administrativa y Financiera del equipo, esta “troica” inició una “nueva era” de corrupción, lavado de dólares, violencia y crímenes en nombre del meritorio Club Corinthians.

Sánchez incorporó una ideología e incluso una iconografía criminal en el desempeño deportivo del Corinthians, ensombreciendo la gloriosa memoria futbolística del “timao” con historias negras de extorsiones y negocios vinculados al narcotráfico.

La barra brava “Pavilhão Nove” que Sánchez utilizó para derrocar al decadente Dualib, conserva el nombre de aquel pabellón carcelario donde en 1992 se produjo la matanza de presidiarios amotinados en la cárcel de Carandirú de Sao Paulo  —el Pabellón Nueve—; triste episodio de violación de derechos humanos por parte del Estado brasileño que conmovió al mundo y a consecuencia del cual surgió el “Primeiro Comando da Capital” (PCC), uno de los carteles del narcotráfico más poderosos y mortíferos del país vecino, que se disputa territorios dentro y fuera del Brasil con su similar Comando Vermelho (CV) de Río de Janeiro, ambos bajo un ropaje populista y pseudo-marxista.

El líder del CPP es el carismático narco-sicario de origen boliviano (cochabambino) Marcos Williams Herbas Camacho, alias Marcola, un presidiario que asegura haber leído más de tres mil libros durante su temprana vida carcelaria y que postula el método de guerrillas urbanas del lumpen para crear el caos en la sociedad capitalista. La derecha boliviana intentó vincular a Marcola con el Contralor General del Estado Plurinacional de Bolivia que lleva los mismos apellidos en una casual homonimia.

El verdadero hermano de Marcola, Alejandro Juvenal Herbas Camacho Junior, es activo socio y leal hincha del Club Corinthias y fue también, junto con Sergio Sánchez, fundador y benefactor de la  barra brava “Pavilhão Nove” que se masificó reclutando a jóvenes agresivos y fanáticos en las favelas de Sao Paulo.

La familia que lidera al PCC, según informó un periodista radial en septiembre del año pasado citando fuentes judiciales, demostró su lealtad con el Corinthias regalando camisetas autografiadas del popular “timao” en las cárceles de Sao Paulo para festejar la conquista de la Copa Libertadores de América 2012, tras los violentos partidos de la final jugados contra Boca Juniors entre tiros de bengalas y amenazas de invasión a la cancha por parte de los hinchas pandilleros.

La Policía Federal del Brasil viene investigando desde hace una década los presuntos nexos financieros entre Sergio Sánchez y el  PCC, organización que estaría utilizando al Club y sus barras bravas para legitimar el lavado de dinero. Caen sospechas, nos informan nuestras fuentes en el Brasil, sobre la “fiebre” de construcción de estadios que caracterizó a la gestión de Sánchez como Presidente del Corinthians; sospechas que se remontan a las gestiones pasadas del propio Dualib.

Hasta el pasado mes de febrero, los organismos encargadas de luchar contra el tráfico de drogas y delitos financieros en el Brasil no habían encontrado indicios claros de esa presunta conexión mafiosa que venía usando al Club Corinthias como un lavadero de dólares, hasta que sucedió el asesinato de Diogenes Marcio Fernandes Ferraz, alias “Nei”, episodio que obligó a Sergio Sánchez entregar la Presidencia del Club a su vicepresidente Mario Gobbi a principios de este año.

Según el periodista corinthiano Paulo Cezar de Andrade Prado, “Nei” Fernándes Ferraz era un antiguo miembro del PCC, encargado de recolectar fondos mediante extorsiones y sobornos en el sector del transporte público. En noviembre del 2012, “Nei” se incorporó como “palo blanco” de Sergio Sánchez en la sociedad de una empresa fantasma constituida por el entonces Presidente del Corinthias conjuntamente el Director Administrativo del mismo Club,  Andre Negão (André Luiz de Oliveira). Se trataba de una compañía de reparación y chapería de motorizados que supuestamente funcionaria en predios del mismo Club Corinthians en la zona del Parque San Jorge, donde además Sánchez habría construido una mansión nueva de su propiedad.

De pronto,  la madrugada del 6 de febrero de este año, Diógenes Marcio Fernandes Ferraz fue misteriosamente asesinado en la calle San Gabriel, en Tremembé, con más de una docena de disparos en pleno rostro y cuello. “Os assassinos, encapuzados, fugiram num Fiat Stilo, em direção, segundo dizem, à rodovia Fernão Dias”, informó Paulo César de Andrade en un detallado reporte publicado el pasado 18 de febrero, dos días antes del asesinato de Kevin Beltrán en Oruro.

A raíz del asesinato de su socio Fernandes Ferraz en un ajuste de cuentas, Sergio Sánchez, ahora bajo la mira de la Policía Federal y de los organismos antidroga del Brasil, ha optado por replegarse hacia un perfil bajo “apoyando” a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) en los preparativos del Mundial 2014; y declinó presentarse a la reelección del Club Corinthians en los comicios celebrados el 12 de febrero de este año, transmitiendo el mando a su delfín Mario Gobbi.

Sánchez se “refugió” en la CBF siendo partícipe de una serie de negociados en que estarían incurriendo el Presidente y Vicepresidente de esta Confederación,  José Maria Marín y Marco Polo del Nero, a quienes el gran Romario, hoy diputado, los acusó públicamente de matufear con sobornos y otros ilícitos en la organización del próximo Campeonato Mundial, además de haber desfalcado en la organización del último Campeonato Paulista.

Por su parte el nuevo Presidente del Corinthians, Mario Gobbi, quien se encarga de cuidar y administrar los negocios iniciados por su antecesor y mentor, Sánchez, declaró que el asesinato de Kevin Beltrán en Oruro, a manos de las pandillas promovidas por la alta cúpula dirigencial del Corinthians, fue nada más que un “lamentable accidente”.

“Com uma relação tão profunda fica caracterizada a necessidade de punição ao clube. Direção corintiana não quer o clube punido pela morte de Kevin Beltrán. Como se não tivesse ligação com suas organizadas. Elas só estavam na Bolívia graças ao auxílio indireto da diretoria. Não basta apurar quem foi que disparou o foguete, o sinalizador que matou Kevin. Há de punir também o Corinthians… O Corinthians merece punição exemplar na Libertadores”, opina concluyente el periodista brasileño Cosme Rimoli.

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