Data: mayo 25, 2013 | 13:40
Según Maretti la ganadería causa el 80% de la deforestación en toda la Amazonía, la agricultura el 20% restante; con las hidroeléctricas llegan carreteras, especulación inmobiliaria y poblaciones informales que degradan...

Experto del Fondo Mundial para la Naturaleza advierte sobre el colapso de la Amazonia

Maretti: "Me preocupa que entremos a un proceso de colapso ecológico".

Maretti: «Me preocupa que entremos a un proceso de colapso ecológico».

Claudio Maretti dice que la selva del Amazonas, que se extiende por 8 países y 6,7 millones de kilómetros cuadrados en Suramérica, está llena de números gigantescos. Tiene razón. Basta atreverse a hacer comparaciones para entender su magnitud. En América del Norte, por ejemplo, hay 700 especies de árboles; en la Amazonía hay entre 40 y 300 especies de árboles por hectárea. En un solo río, como el Negro, en Colombia, fueron encontradas 450 especies de peces, más del doble de las 220 especies de peces de agua dulce conocidas en toda Europa…

© Javier Silva Herrera

Cada tres días se descubre una especie nueva, y hay tantos invertebrados que se cree que más del 70 por ciento de ellos aún no han sido descubiertos.

“Toda esta vida salvaje y silvestre es fundamental para asegurar que el ambiente funcione de manera equilibrada. Disminuciones drásticas en una población pueden perjudicar todos los eslabones de la cadena alimentaria”, agrega el experto en geografía humana.

¿Quién es Maretti?

Maretti es uno de los seres humanos más agudos a la hora de hablar de esta selva, que regula nuestro clima. Tiene sobre sus hombros, desde 2011, la dirección de la iniciativa Amazonía Viva, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), por eso modela la estrategia de esta organización internacional para el desarrollo sostenible y la conservación de todo este universo natural.

Ha llegado hasta acá luego de trabajar en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y de trasegar por varios cargos dentro de la misma WWF, que incluso lo llevaron a implementar el Programa de Áreas Protegidas del Amazonas –Arpa– el programa más grande del mundo de conservación de bosques tropicales.

Visitó recientemente la Amazonía colombiana y comprobó que, a pesar de que allí hay 17 áreas protegidas nacionales, que ocupan el 17 por ciento del total de la región (8’344.411 hectáreas), las amenazas no han desaparecido. Habla con optimismo, pero deja saber que el trabajo para sostener la selva es complejo, requiere perseverancia y no sabe si será suficiente para que toda esta riqueza logre perdurar.

La entrevista

— Se habla de la crisis de la Amazonía. ¿Cuál es su real situación?

— La Amazonía está en problemas serios. Ya hemos perdido el 15 por ciento del bosque, buscamos no perder otro 15 por ciento. Me preocupa que entremos a un proceso de colapso ecológico. Pero aún con un 70 por ciento de bosques en situación estable, como es una selva tropical tan grande, hay cosas por hacer y recursos valiosos por proteger. 

— ¿Entonces por qué habla de colapso?

— Porque lo que preocupa es la velocidad a la que se está degradando la selva. Ahí es donde está el verdadero problema. Estamos viendo un crecimiento muy fuerte en la deforestación en los países andinos, sobre todo por cultivos ilícitos. Y no hay ningún plan contundente para detener esta amenaza.

— Ganadería, tala, quemas, expansión agrícola. ¿Cuál de estos problemas ejerce mayor influencia negativa?

— La ganadería está causando el 80 por ciento de la deforestación en toda la Amazonía; la agricultura el 20 por ciento restante, un auge que en ambos sentidos se produce por un incremento cada vez mayor en la demanda de carne, alimentos para animales y biocombustibles.

— Se planea construir más de 150 hidroeléctricas, lo que preocupa a científicos y ambientalistas…

— Por supuesto, esto está generando una afectación a los sistemas acuáticos, una fragmentación. Y aquí el problema tiene su epicentro en Brasil, que necesita mucha energía y quiere construir represas, no solo en su territorio, sino en Ecuador, Perú y otras naciones. Y es que con las hidroeléctricas llegan carreteras, especulación inmobiliaria y de territorios, también poblaciones informales que degradan.

—¿Qué soluciones propone?

— Los países amazónicos deben integrarse y ponerse metas de desarrollo sostenible. Hay muy pocas áreas protegidas con buena gestión (con presupuestos para garantizar un buen funcionamiento), territorios indígenas que deben ser reforzados, tenemos muchas instituciones gubernamentales y no gubernamentales trabajando, pero no coordinadamente.

— Proteger versus explotar. ¿Cuál debe ser el camino?

— La Amazonía no debe estar aislada del desarrollo, allí hay 6,7 millones de kilómetros cuadrados que deben ordenarse. Debe haber algo de ambos. Pero primordialmente creo que el 30 por ciento de la Amazonía debe ser zona protegida para cuidar algunos de sus más importantes ecosistemas y especies, para dedicarlas además a la investigación y el turismo. Avalo un desarrollo en la Amazonía, siempre y cuando sea íntegro, para que los atributos del bioma perduren.

— No menciona la minería. ¿No le parece trascendental?

— Es trascendental, pero no estamos en contra de ninguna actividad económica. No podemos ir en contra de la minería, porque estaríamos en contra de nuestro bienestar. Pero sí queremos que haya legalidad, orden, que los proyectos beneficien a la gente y discutir su impacto y su avance.

—¿Qué vio en la Amazonía colombiana que sea común al resto de naciones con territorios en la región?

— Que los países amazónicos tienen normativas muy buenas para el ordenamiento, pero su aplicación carece de firmeza. Es un desarrollo que busca ganancias de corto plazo, que es a su vez el que está facilitando la transformación caótica de la selva.

—¿Cree que se ha olvidado a la gente que habita allí?

— Totalmente, a la gente hay que darle oportunidades de desarrollo para que no piense en alternativas que suelen ser destructivas. Hay que darles a las comunidades opciones para que comercien madera legalmente, por ejemplo, pero también hay que apoyarlas para que cuiden el agua o los bosques. Las personas que habitan la selva deben pensar que esta selva ya no es El Dorado, ese tesoro inagotable; ya comenzó a tener límites.

— Brasil defiende su poca protección ambiental sobre la Amazonía, porque consideran que es primero el desarrollo y el crecimiento…

— Todos queremos que haya desarrollo, pero Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, entre otros, aunque necesitan crecer, ya le han sacado ventaja a ese desarrollo y pueden dedicar parte de su interés a la protección. Hablan de crecimiento sostenible, ya es hora de que lo apliquen.

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