Data: septiembre 29, 2019 | 7:45
SOPA DE MANÍ | La plasticidad cerebral motora que exige una interpretación perfecta del vuelo del moscardón tal como concibieron Puskín y Rimski-Kórsakov, llevó a la ciencia del siglo XXI poner mayor atención en el cerebro del insecto. Se sabe que una mosca aletea 50 veces en lo que tarda un humano en parpadear…

EL VOLAR SINCOPADO DEL MOSQUITO

«El vuelo del moscardón» es inconfundible por su frenético ritmo tocado hasta el “tempo”, con casi ininterrumpidas carreras de semicorcheas cromáticas. | Foto archivo Sol de Pando

©  Wilson García Mérida | Columna Sopa de Maní
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El virtuoso del jazz Wynton Marsalis produce con su trompeta un zumbido sincopado del zancudo; y en la memorable versión mambolera de Dámaso Pérez Prado —que ejecuta el mejicano Abel Orozco acompañado por un enjambre de trombones y trompetas— el vuelo del mosquito alcanza la sensación tridimensional de acercarse y alejarse en su afán de picar.

Otro genio de la trompeta latina que surgió en los años cincuenta, el solista Rafael Méndez, suaviza el timbre del vuelo con la sordina pero mantiene la intensidad sinfónica del aleteo, en una versión que sería emulada varias décadas después por Marsalis.

Los zumbidos mamboleros de Pérez Prado | VIDEO

Historia de un huérfano convertido en mosquito

“El vuelo del moscardón”, es un fragmento de la ópera clásica “El cuento del zar Saltán” compuesta por Nikolái Rimski-Kórsakov en base al relato homónimo de Alexander Pushkin, padre de la literatura fantástica rusa. Pushkin publicó su bello cuento en 1830 y Rimski-Kórsakov estrenó la ópera en 1900.

Pushkin narra la historia de un príncipe llamado Gvidón que al nacer es alejado de su padre, el zar Saltán, por obra de unas maléficas tías maternas que envidiaban la suerte de su hermana, la fértil zarina de origen plebeyo.

Durante su exilio, Gvidon salva la vida de un cisne que resultó ser una hada hechizada y en gratitud satisface los deseos del príncipe salvador, que extraña a su padre. En tres intentos infructuosos por llegar al Zar, el cisne mágico transforma al príncipe en un mosquito primero, en un moscardón luego y en un abejorro después.

En la obra musical, Rimski-Kórsakov reproduce el vuelo del mosquito-moscardón-abejorro sonorizando los movimientos propios de los insectos dípteros que evitan con asombrosa agilidad ser aplastados por la mano humana.

La Filarmónica de Berlín con partitura de Rimski-Kórsakov | VIDEO

Este fragmento instrumental de la ópera tiene una partitura que exige una alta pericia de violines, pianos, vientos metálicos y percusiones.

Su versión original, orquestada, es una sinfonía maravillosa. Las más importantes orquestas sinfónicas del mundo no pueden omitirla de sus repertorios si se precian de tales. No sólo el jazz, también el rock, lo incorporó en su acervo. Son memorables las versiones del grupo newyorkino de heavy metal Manowar con la ejecución erudita de su guitarrista Joey DeMaio, la del grupo sueco de hard rock Europe y de la banda norteamericana Extreme.

«El vuelo del moscardón» es reconocible por su frenético ritmo tocado hasta el “tempo”, con casi ininterrumpidas carreras de semicorcheas cromáticas.

El problema del músico no es tanto la altura o el rango de las notas, sino la habilidad de instrumentar con suma rapidez; dicha pieza requiere unas manos extremadamente habilidosas para su interpretación. El violinista alemán David Garret batió el récord mundial de ejecutar la partitura completa en 1 minuto con 6 segundos; y la pianista china Yuja Wang ejecutó una versión igual de frenética.

Escaneando el cerebro de la mosca

La plasticidad cerebral motora que exige una interpretación perfecta del vuelo del moscardón imaginado por Pushkín y Rimski-Kórsakov, llevó a la ciencia del siglo XXI poner mayor atención en el cerebro del insecto.

Se sabe que una mosca aletea 50 veces en lo que tarda un humano en parpadear.

El 2008, un biomecánico de la Universidad de California descubrió por qué las moscas no se dejan atrapar fácilmente: en marzo de este año científicos británicos y suizos escanearon una mosca en pleno vuelo, hallando un casi microscópico músculo direccional en su cerebro que timonea el aleteo y deforma severamente el tórax del díptero, lo cual le permite cambiar de rumbo —mientras vuela— en un abrir y cerrar de ojos.

El frenesí de la pianista Yuja Wan | VIDEO

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