Data: octubre 11, 2019 | 7:20
¿POR QUÉ EL 11 DE OCTUBRE ES DÍA DE LA MUJER BOLIVIANA? | La Alondra del Valle salió pocas veces de Cochabamba y cuando lo hizo fue para conocer la Amazonia, navegando por el Mamoré...

EL INFLUJO DE ADELA ZAMUDIO

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El 28 de mayo 1926, durante el gobierno de Hernando Siles, al día siguiente de la inauguración del monumento a las Heroínas de la Coronilla, se produjo la apoteósica coronación de la maestra y poetisa. | Foto Turi Torrico Zamudio | Fundación Adela Zamudio

© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando | Servicio Informativo Datos & Análisis © Con datos del libro «Un siglo en Cochabamba», García Mérida, Los Amigos del Libro, 1996
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En su vida no hubieron más de tres veces en que dejó su tierra natal, Cochabamba, donde los valles y los sub-trópicos cochabambinos, especialmente Corani, eran la suficiente y vasta porción del planeta que la maestra y poetisa necesitaba para conectarse con el universo.

Dos veces estuvo en La Paz, cuando era niña y viviendo con sus padres en las minas de Corocoro; y en 1918, cuando fue invitada para oficiar como Mantenedora de los Juegos Florales.

En 1882 franqueó los límites de Cochabamba atravesando el río Chapare, llegando hasta Guayaramerín en una travesía por el Mamoré que marcó huella en la sensibilidad de esta Amazona del Valle.

Viajó por los trópicos junto con su hermana Amelia en una expedición organizada por el industrial alemán Alfredo Barber, co-fundador de la Cervecería Taquiña y socio de Nicolás Suárez.

Partieron a lomo de mula desde Corani a Todos Santos, según narra Gabriela Taborga de Villarroel. En Puerto San Francisco abordaron el Vapor “María Juanita” que les llevó navegando por el río Mamoré.

“Las viajeras hipersensitivas espectaban la escenografía de monos y ardillas en saltos grotescos por platanales y cocoteros”  —escribió Taborga—. “El barco se detenía, periódicamente, para avituallarse de leña, pescado fresco, chancho de monte que los lugareños llaman ‘joche pintado’, y frutas. Los mosquitos incomodaban en los lugares de atraque”.

En Guayaramerín transbordaron el ferrocarril Madera – Mamoré que las condujo hacia el pueblo brasileño de Villa Mortinho. Navegando río arriba, reingresaron al territorio boliviano por el Bajo Beni, llegando a Riberalta y Cachuela Esperanza. Adela tomó en sus manos arenas auríferas de las playas amazónicas y se extasió al observar al bufeo rosado que surfeaba con las olillas juguetonas del río.

Aquella espectacular experiencia que vivió la maestra cochabambina quedó ensombrecida en 1903, cuando su hermano menor, Máximo Zamudio, murió combatiendo en la Guerra del Acre, en estos mismos lares del Señor.

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| Foto Fundación Cultural Adela Zamudio

BIOGRAFÍA DE UNA MUJER EXTRAORDINARIA

Fue la presidenta Lidia Guiler Tejada, durante su corto mandato en 1980, quien dictó el Decreto Supremo instituyendo el 11 de octubre como Día de la Mujer Boliviana en honor al nacimiento de la escritora, maestra, poetisa y luchadora social Adela Zamudio Ribero, precursora de la educación laica y de la reivindicación pedagógica, social y cultural de las mujeres bolivianas…

Adela Zamudio nació en Cochabamba el 11 de octubre de 1854, un día miércoles, «a la hora 4:45, poco antes de romper el alba, en su alojamiento de la casa quinta de Juan de la Cruz Torres y María de las Nieves Moscoso de Torres, destinada a convertirse cinco años más tarde en el monasterio de las Capuchinas», informa Augusto Guzmán en su «Biografía de una mujer ilustre».

Su nombre completo era Paz Juana Plácida Adela Rafaela Zamudio Ribero. Sus padres unos nobles propietarios de minas en Corocoro, La Paz, dato que generó una confusión sobre el lugar de nacimiento de la poetisa. Pero Guzmán lo aclaró debidamente y una sobrina de Adela, Gabriela Taborga Villarroel, aportó con la partida del bautizo celebrado en la Catedral y otros documentos certificando que Zamudio nació sin duda en Cochabamba, cuando sus padres vacacionaban en este valle.

Respecto a los primeros años escolares de Adela Zamudio, que según Guzmán se iniciaron en la escuela del Beaterío de San Alberto en Cochabamba, hay una discrepancia con Gabriela Taborga, quien sostiene que «la poetisa aprendió sus primeras letras en Corocoro, en la edad genéricamente llamada pre-escolar, y no en el Beaterío de San Alberto de Cochabamba, al que asistió sólo dos o tres gestiones, cuando y era adolescente de doce y trece años».

Se dice que durante su permanencia en Corani y Colomi (de donde su familia se desplazó luego al Chapare), la niña Adela Zamudio solía visitar la casa solariega de Nataniel Aguirre, el gran escritor que sin duda impactó con su «Juan de la Rosa» en el espíritu de la futura poetisa; y en el curso de esas visitas Adela fue gestando uno de sus primeros poemas escritos siendo adolescente, al que tituló simplemente «Poeta».

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GALERÍA | La Alondra SolitariaAl cumplir 15 años, en 1869, Adela Zamudio publicó en «El Heraldo» su primer poema titulado «Dos Rosas», y ya entonces firmaba bajo el pseudónimo de «Soledad», nombre de guerra que además de delatar la melancolía de su carácter, revela que entre sus primeras lecturas literarias figura la novela de Bartolomé Mitre titulada precisamente «Soledad».

Bartolomé Mitre llegó al Alto Perú (hoy Bolivia) junto al abuelo de Adela Zamudio, Máximo Zamudio, quien fue secretario de comando en el ejército auxiliar argentino del general Castelli, durante la Guerra de la Independencia. Ese pasado heroico y glorioso que corría en la venas de Adela Zamudio, influyó indudablemente en la formacón de su espíritu libertario.

Sus padres le procuraron una educación de altísimo nivel. Contrataron a una maestra inglesa, miss Elizabeth Gové, quien llegó de Londres exclusivamente para enseñar a Adela el idioma de Shakespeare. De hecho, Adela Zamudio leyó toda la obra de Shakespeare en su lengua original, y se dio el gusto de traducir a Longfellow.

En 1887 el editor argentino Jacobo Pausser publica en Buenos Aires su primer libro, «Ensayos poéticos», obra que mereció elogio unánime de críticos y lectores, «lo que contribuyó decisivamente a que su autora cobrara seguridad y confianza en lo referente a los resultados de un voluntarioso proceso de aprendizaje cultural y literario que, hasta el momento, había transcurrido por cauces autodidácticos», dice Jorge Giró.

Alentada por este creciente prestigio, en 1890, publica «Violeta o la princesa azul», obra compuesta en los escasos ratos libres que disponía en su esforzado empeño por alcanzar una formación académica y un nivel cultural que le permitiesen ejercer la profesión de maestra. Finalmente en aquel mismo año 1890 logró ingresar en el Magisterio profesional, al ser admitida como maestra en la escuela Sal Alberto de Cochabamba. A partir de entonces comenzó a desplegar una fecunda actividad pedagógica orientada a la eliminación de las trabas y los perjuicios reaccionarios que lastraban el aprendizaje académico y la formación espiritual de las jóvenes bolivianas.

Entre las enseñanzas que imparte a las niñas de la ciudad, además de letras, están las artes plásticas. Adela Zamudio solía ilustrar sus versos con hermosos dibujos y pintaba óleos -la Virgen de Santa Clara su modelo favorita- con inigualable maestría. En su casa de la calle Ayacucho abrió una Academia de Dibujo y Pintura.

La Maestra en su trinchera

GALERÍA | La Alondra SolitariaEn su valerosa defensa de los derechos de las mujeres de recibir esmerada educación, Adela Zamudio reclamó la necesidad de introducir el laicismo en los programas académicos nacionales, lanzando algunas propuestas audaces para su época, como la instauración del matrimonio civil, el derecho al divorcio y la separación de los poderes de la Iglesia Católica y del Estado. Impulsó la enseñanza gratuita y laica, denunció fuertemente el «primitivismo patriarcal» de la sociedad y la explotación y dominación imperante.

Estas ideas, plasmadas no sólo en las aulas del Liceo para Señoritas que fundó en 1905, sino también en varios artículos y ensayos pedagógicos que publicó en diferentes medios, la arrastraron hacia muchas polémicas sostenidas contra los elementos más reaccionarios del conservadurismo religioso y político boliviano, entre los que se hizo famoso, por su virulento enfrentamiento con Adela Zamudio, el padre Francisco Pierini, promotor de un movimiento ultra conservador que, bajo el nombre de «Liga de Señoritas Católicas», pretendió defender los arcaicos privilegios legales y fiscales de la iglesia Católica en el sistema educativo del país, además de excomulgar a Adela Zamudio.

Pierini se convirtió en el enemigo número uno de Adela Zamudio en una guerra a muerte que comenzó cuando la maestra fue encomendada por el gobierno de Ismael Montes para dirigir la primera Escuela Fiscal de Señoritas, fundada por ella.

En 1913, año en que Adela publica su novela epistolar «Íntimas», el sacerdote busca anular el plan pedagógico liberal de Zamudio creando paralelamente una «Escuela Superior de Señoritas» de rigurosa disciplina católica. Pierini emprende ese proyecto movilizando a su «Liga de Señoritas Católicas» que organiza un «gran concierto infantil» a fin de recaudar fondos para dicha escuela, y entre los números programados se anuncia la presentación de una obra teatral muy de moda en el «gusto moderno» de la época: «La viuda alegre» de Franz Lehar.

Esa obra picaresca sería representada por niñas y niños de la «alta sociedad» cochabambina, nada menos que bajo los auspicios de fray Pierini, quien acusaba de «inmorales» los métodos educativos de Adela Zamudio. Había que aclarar posiciones y la maestra lo hizo cortando por lo sano con su fila pluma en las páginas de «El Heraldo», el 23 de septiembre de 1913:

«La Liga de Señora Católicas ha presentado al público no un juguete dramático, no una pieza inocente interpretada por niñitas como se hizo otras veces, sino una función de gala según el gusto moderno (…). Un hermoso e inteligente niño, hijo nada menos que de un comisionado de instrucción municipal, haciendo de borracho y libertino, ha cantado loas al vicio y a la disipación con asombrosa maestría. Una nena de cinco años, defendiéndose con el abanico de los besos de un enamorado y cayendo luego en sus brazos desmayada, ha imitado con gracia igualmente asombrosa las añagazas de una coqueta resabida. Otra, esposa infiel de seis años, ha sido sorprendida y duramente increpada por el marido. (…)».

Luego de reseñar aquella casi erótica obra teatral actuada por unos niños de cuya educación moral Pierini decía ser custodio pretoriano, Adela Zamudio daba una lección pública de auténtica moral cristiana:

«Como educadora protesto en voz alta contra esas exhibiciones infantiles que no dicen bien de nuestra cultura. Ya que nuestras costumbres, poco definidas, nos inducen a explotar la gracia de los niños en beneficio de obras de caridad, bien o mal entendidas, sepamos por lo menos presentarlos sin escarnio de su inocencia».

Pierini contra-atacó lanzando un libelo en «El Ferrocarril», a lo cual Adela Zamudio respondió con esta carta abierta publicada en diciembre de 1913:

«Lo que evidentemente irrita a Ud. y le escandaliza es que, una cualquiera como yo, una mercenaria que gana el pan, tachada además de irreligiosidad, se haya atrevido a denunciar un error de matronas piadosas, ricas e influyentes. Si esa es la moral católica que Ud. tanto encomia, yo no la profeso ni la enseñaré jamás a mis alumnas. Yo profeso la moral humana, la inmutable, la que aquilata la virtud donde se encuentre, humilde y desconocida, y condena el error sea quien fuere el potentado que ha caído en él».

La polémica adquirió alcance nacional y un grupo de poetas de todo el país lanzó una proclama de solidaridad con Zamudio. Respaldaban a la combativa poetisa, entre otros, Rodolfo Soria Galvarro, Rosendo Villalobos, Franz Tamayo, Benjamín Guzmán, Gregorio Reynolds, Emilio Finot, Juan Francisco Bedregal, Albel Alarcón y Raul Jaimes Freyre.

Asimismo, «los círculos intelectuales de Cochabamba entraron en actividad y materializaron una simpática iniciativa, entregando a doña Adela Zamudio una artística pluma de oro, galardón de triunfo, con una tarjeta de ofrenda que llevaba más de un centenar de firmas de caballeros respetables y jóvenes distinguidos» recordó Guzmán.

Pionera del feminismo boliviano

Adela Zamudio alentó con todos sus esfuerzos la formación del pensamiento feminista. Y bajo ese influjo, en 1921 apareció en Oruro el primer número de la revista «Feminiflor» dirigida y escrita por mujeres que fortalecían el ideal de la liberación femenina; y en 1923 se constituyó en La Paz la primera organización autónoma de mujeres que luchó por los derechos políticos, el Ateneo Femenino.
En 1926 apoyó públicamente la Ley de Divorcio, sancionada en 1932. Estuvo a la vanguardia por las reformas democráticas y exigió la separación de la Iglesia y el Estado. En este periodo se incorporaron las mujeres al movimiento sindical, con sindicatos propios y con la Federación Obrera Femenina.

Su apoteósica coronación

GALERÍA | La Alondra SolitariaEl 28 de mayo del mismo año 1926, durante el gobierno de Hernando Siles, al día siguiente de la inauguración del monumento a las Heroinas de la Coronilla, se produjo la apoteósica coronación de la maestra y poetisa Adela Zamudio, la Alondra Solitaria.

La corona que se puso en la sien de la maestra de maestras fue diseñada por un orfebre belga contratado por la Misión Rouma y consta de 22 hojas de laurel doradas que alternan con capullos pujantes de oro. La cinta tricolor que ornó la corona fue tejida con hilos de una seda que fue segregada por miles de gusanos especialmente cultivados en la “Escuela de Artes y Oficios”.

Y no sólo fue la presencia del Presidente de la República el hecho que dio brillo oficial al homenaje, sino la participación multitudinaria —en masa de artesanos, obreros y campesinos— con que el pueblo cochabambino había asistido a la coronación; a tal extremo que el Teatro Achá resultó insuficiente para contener a tanta gente y las autoridades debieron prolongar el acto para el día siguiente, 29 de mayo, usando la Plaza Principal.

El acto fue apoteósico, tal como lo describió Gabriela Taborga:

«…en la vereda norte de la Plaza 14 de Septiembre, se sacaron las rejas metálicas de los balcones de la Prefectura y se extendió un entablado cubierto de rojo alfombrado. (…). Con exageradas horas de anticipación la Plaza se repletó. Hubo toque de campanas, trombones y bandas; pero el regocijo no alcanzó el desnivel de las algazaras populares, porque así lo pidió y definió el criterio ascético y sobrio de la gran maestra».

Meses antes de aquel homenaje casi forzado, la maestra fue obligada a jubilarse de su cargo como Directora del Liceo de Niñas y Señoritas, el primer establecimiento educativo femenino fundado por ella durante los años mozos del régimen liberal.

Todavía ofendida, puso como condición intransigente para aceptar el acto adulatorio del gobierno de Siles que estén presentes allí todos los poetas posibles del país, y exigió sea especialmente invitado el vate paceño Juan Francisco Bedregal, a quién Adela misma mandó un telegrama urgente diciendo: “Han resuelto coronarme. Su presencia fortaleceráme en tan duro trance”.

Bedregal llegó a Cochabamba sin más tardanza tomando el tren expreso el 27 de mayo en la noche, y esperó el acto del 28 libando unos aguardientes de cebada y lúpulo en el bar de un alemán sobre la calle España. A la hora de la coronación, el poeta ingresó al Teatro Achá vistiendo una capa al estilo del príncipe de Kropotkín y exclamó con su sonora y aguardentosa voz esta célebre frase: “Vengo de capa a rendir homenaje a una mujer de espada”.

Y fue así que la coronación de Adela Zamudio se convirtió en un concilio de todos los poetas y escritores del país. Desde Sucre, La Paz y Oruro vinieron, además de Juan Francisco Bedregal, Jaime Mendoza, Nicolás Ortiz, Gregorio Reynolds, Víctor Zaconeta, Juan Capriles, Enrique Baldivieso, José Eduardo Guerra, Manuel María Muñoz; y representaban a Cochabamba Adrián Pereira, Demetrio Canelas, Man Césped, Augusto Céspedes y Rodolfo Montenegro.

Adela Zamudio murió dos años después, el 2 de junio de 1928 y dejó escrito su epitafio con estas palabras:  «Vuelo a morar en ignorada estrella». No en vano le decían la Alondra Solitaria.

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