Data: noviembre 11, 2013 | 23:07
El legado de Chico Mendes dio paso a la creación de la primera reserva extractiva del país; ahora hay, por lo menos, 48 de ellas, que abarcan más de 12 millones de hectáreas de la Amazonía en las que se combina el desarrollo y conservación de los bosques…

El estado amazónico del Acre lidera las políticas de cambio climático en la región

Jean de Souza cosecha açaí del bosque de su tío a lo largo de la carretera BR-364 en Acre. | Foto Kate Evans/Cifor

Jean de Souza cosecha açaí del bosque de su tío a lo largo de la carretera BR-364 en Acre. | Foto: Kate Evans/Cifor

En el estado amazónico del Acre, fronterizo con Pando, Bolivia, el Gobierno brasileño está demostrando que es posible conservar la selva y al mismo tiempo mejorar la vida de la población rural, mediante un marco jurídico innovador e integral que rige en todo el Estado. Mientras los programas de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques (REDD+), se han estancado, en el Acre se viene avanzando con un modelo propio de desarrollo sostenible producto de una larga lucha de los seguidores de Chico Mendes…

© Silvia Antelo Aguilar

En un informe especial del Blog del Centro para la Investigación Forestal Internacional (Cifor), se detalla la experiencia brasileña en la conservación de los bosques, que ha sido posible a través de tres factores: el marco jurídico que ha permitido crear una estrategia de desarrollo de gran alcance; la zonificación del Acre mediante la elaboración de un mapa que clasifica el suelo, la vegetación, los cultivos y la organización social que delimitó las tierras destinadas a la agricultura, al manejo sustentable, a la preservación y al uso indígena; la consulta pública y el constante diálogo con la sociedad civil.

La región del Acre se ha convertido en un laboratorio de políticas ambientales y un modelo para los demás países en cuyos territorios se encuentra la reserva ambiental más valiosa del mundo: la Amazonia.

Nace la ley marco ambiental

El modelo de desarrollo del Acre busca garantizar la seguridad alimentaria y la conservación de los bosques. | Foto Kate Evans, Cifor.

El modelo de desarrollo del Acre busca garantizar la seguridad alimentaria y la conservación de los bosques. | Foto: Kate Evans/Cifor.

En 2010 una asamblea del Estado de Acre aprobó una nueva ley llamada “Sistema Estatal de Incentivos a los Servicios Ambientales» (SISA), producto de una década de políticas ambientales iniciadas por el autodeterminado “Gobierno del Bosque”, cuando los aliados de Chico Mendes llegaron al poder en el Acre. A partir de 1998 se había anunciado el objetivo de detener la deforestación en un 18% de la superficie del Estado y destinar el 25% de sus bosques (aproximadamente cuatro millones de hectáreas) al manejo forestal sostenible.

La nueva ley sienta las bases para la creación de incentivos para mantener y restaurar los “servicios ambientales” —reservas de carbono forestal, agua, suelo, biodiversidad, conocimientos tradicionales— e incluye un marco que permite al Estado establecer vínculos con los mercados de estos servicios que han comenzado a surgir a nivel internacional.

A diferencia de otras jurisdicciones en el mundo, donde los incipientes programas de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de bosques (REDD+) —programa respaldado por las Naciones Unidas que pretende combatir el cambio climático mediante la reducción de emisiones derivadas de la deforestación y la degradación forestal— funcionan de forma aislada, el estado del Acre desarrolló el marco jurídico de su programa estatal antes de fomentar los proyectos de carbono forestal.

Esto implicó la creación de una serie de instituciones para regular el sistema, comercializar los créditos de carbono, dar asesoramiento científico y negociar con la sociedad civil, señaló Rodrigo Neves, Procurador General del Estado, autoridad que ha sido decisiva en la creación de este modelo.

“Queríamos establecer un sistema que fuera lo más completo posible. Por supuesto, fuimos pioneros y, como tales, tuvimos que aprender algunas lecciones; tuvimos que inventar mucho durante el proceso y todavía lo hacemos”, dijo.

El SISA recupera el ya existente Programa de Certificación para Pequeños Productores del Acre que ofrece incentivos a los pequeños productores para participar en actividades más sostenibles de uso de la tierra, incluidas las estrategias para hacer más productivas las tierras ya deforestadas.

Incentivando a los pequeños productores

El asfaltado de la carretera BR-364 de Acre en 2010, ha permitido a Sebastián Lima da Silva y a su familia vender sus productos y llevar a sus hijos al colegio o al médico. Sin embargo esta zona también enfrenta el peligro de una rápida deforestación, por lo que el Gobierno la tiene identificada como “Zona Prioritaria de Asistencia”.

La avicultura forma parte del programa de certificación del Acre, una actividad que no requiere mayor deforestación. | Foto: de Kate Evans/Cifor

La avicultura forma parte del programa de certificación del Acre, una actividad que no requiere mayor deforestación. | Foto: Kate Evans/Cifor

Esta ruta corta en dirección noroeste el estado hasta la frontera de Brasil con Perú, pasa por grandes zonas forestales intactas. Ante esta situación, la Secretaría de Extensión Agroforestal y Producción Familiar del estado de Acre (Seaprof), viene ejecutando el programa de certificación para desarrollar la avicultura y la piscicultura y para enriquecer el bosque con plántulas de açai (una fruta forestal nativa de gran consumo en Brasil). Los pequeños productores ubicados a lo largo de la carretera también son capacitados en técnicas para producir alimentos sin el uso del fuego. Para fijar el nitrógeno y fertilizar los suelos, se utilizan leguminosas mejoradoras del suelo, como alternativa a la agricultura itinerante.

El uso del fuego en agosto o septiembre para habilitar campos agrícolas, es una práctica usual entre los pequeños productores. “Tuvimos que encontrar una manera de subsistir. Necesitamos yuca, necesitamos frijoles, necesitamos maíz, necesitamos arroz; y sin la quema y la deforestación, no teníamos cómo vivir”, explicó Lima da Silva.

El plan está contribuyendo en gran medida a reducir las quemas que en época de sequía se convierten en incendios forestales y ayuda a los productores a aumentar sus ingresos, garantizar la soberanía alimentaria y conservar el ecosistema.

Un modelo promisorio

La sociedad civil es parte activa en la aplicación de las políticas de desarrollo del Acre y el uso sostenible de los recursos naturales. | Foto: Kate Evans/Cifor.

La sociedad civil es parte activa en la aplicación de las políticas de desarrollo del Acre y el uso sostenible de los recursos naturales. | Foto: Kate Evans/Cifor.

El novedoso modelo del Gobierno de Acre ha posibilitado alcanzar un acuerdo con Alemania por cuatro millones de toneladas de carbono en el marco del programa REDD Early Movers y ha recibido una donación de 35 millones de dólares del Fondo Amazonia de Noruega.

“Creemos que el estado ha madurado y ahora puede dar el segundo paso: entrar a un mercado regulado y comenzar a ofrecer créditos de carbono. Esto refleja que estamos en el camino correcto y que los ajustes permanentes son aceptados y exitosos. Ahora nuestro compromiso es asegurar que todo esto traiga consigo beneficios y mejoras en la calidad de vida de las personas”, afirmó Neves.

Entre tanto, el proceso de implementación del SISA sigue su curso y se espera que sea un modelo de referencia para desarrollar políticas nacionales e incluso internacionales para conservar la Amazonia en su conjunto.

Para mayor información visite:

http://blog.cifor.org/18392/informe-especial-un-lejano-estado-amazonico-lidera-las-politicas-de-cambio-climatico#.UoPr3HBg_7c

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