Data: marzo 20, 2016 | 5:01
COLUMNA VERTEBRAL | Desde el punto de vista del discurso político, se apeló a razonamientos de estados autoritarios en esquemas democráticos...

Carlos D. Mesa Gisbert | ¿EL COMIENZO DEL FIN?

"La retórica de cambio no se acompañó con una tarea en las sociedades que son las que reproducen o, por el contrario, transforman modelos de comportamiento. Ni desde la base de la pirámide ni desde su vértice se dieron señales claras y contundentes de que estábamos en el camino de una nueva sociedad...".

«La retórica de cambio no se acompañó con una tarea en las sociedades que son las que reproducen o, por el contrario, transforman modelos de comportamiento. Ni desde la base de la pirámide ni desde su vértice se dieron señales claras y contundentes de que estábamos en el camino de una nueva sociedad…».

El dato más revelador de los problemas que enfrentan quienes llegaron triunfales en los albores del siglo XXI tiene que ver con la ética. La promesa fue una revolución del comportamiento, nuevos valores y el fin de la impunidad. Pasados los primeros años de luna de miel, la cruda realidad fue saliendo a la luz. Los nuevos políticos, las nuevas elites que ganaron el poder y sus aparatos estatales, no sólo no habían logrado la anunciada revolución del comportamiento sino que, en algunos casos, ese comportamiento era igual o peor que aquel que se execraba con tanto rigor…

http://carlosdmesa.com/La mitad de las veinte naciones de América Latina se adscriben a modelos políticos de izquierda y de centro izquierda. De ellas media docena se sumaron a una corriente que cobró fuerza a fines del siglo pasado y que tuvo su apogeo en el periodo 2005-2015, una década marcada por rasgos en los que se hizo una amalgama de premisas marxistas con capitalismo de Estado, defensa medioambiental, reivindicación étnica y cultural y una significativa dosis de populismo.

Cabalgando sobre la mayor bonanza económica experimentada en tiempos republicanos, los vientos soplaron y mucho a favor de una propuesta que se expresó con radicalismo. En pocos años dio la impresión de que el modelo sería capaz de sentar las bases de un proyecto histórico de largo plazo, en el que la reivindicación mayor fue el compromiso social, la lucha efectiva contra la pobreza y la incorporación de un número significativo de personas a la clase media (lo que en buena medida se logró). Los hechos, sin embargo, parecen poner en cuestión ese modelo.

https://twitter.com/carlosdmesagQuizás la raíz de su debilidad está en una incomprensión básica. Las lecciones de la historia demuestran que mientras no se cambie el modelo productivo, su matriz, sus fundamentos intrínsecos, el círculo de hierro no se puede romper. No es sólo lo evidente, una dependencia excesiva de las materias primas, muy sensible en naciones pequeñas, sino también la fragilidad de una diversificación cuyo valor agregado carece aún de niveles de innovación y tecnología que le den un carácter competitivo y una flexibilidad suficiente como para adaptarse a los desafíos de la globalización y el mercado. A este problema debe sumarse el escaso empeño en una acción ligada al desarrollo sostenible y la mitigación de los efectos del cambio climático con políticas activas y no simplemente paliativas. Pero no ha sido el único problema. Para quienes resolvieron razonablemente el manejo macroeconómico, la tentación de inflar el gasto público fue irresistible, el equilibrio no estaba basado en políticas prudentes que garantizasen un excedente destinado a inversión productiva renovadora, sino en una doble expansión, la del ingreso y la del gasto, sin considerarque esos ingresos eran dependientes de factores externos no controlables por la administración local de las naciones exportadoras. La contracción de los ingresos, resuelta parcialmente por el incremento de la demanda interna, pasa facturas: el crecimiento desmesurado del déficit fiscal más allá de parámetros razonables, la necesidad de incrementar la deuda externay el déficit crónico en el presupuesto de la administración estatal.

https://www.facebook.com/people/Carlos-D-Mesa-Gisbert/623809066Desde el punto de vista del discurso político, se apeló a razonamientos de estados autoritarios en esquemas democráticos. Más temprano que tarde el agotamiento del proyecto, el desgaste de los conductores y los indicios del fin de la bonanza pasaron factura. Esa factura se paga en las urnas. Pero el dato más revelador de los problemas que enfrentan quienes llegaron triunfales en los albores del siglo XXI tiene que ver con la ética. Uno de los argumentos centrales del discurso era el imperativo de terminar con un comportamiento inaceptable de las elites que habían controlado el poder desde tiempos inmemoriales, las roscas que no permitían el acceso de las clases emergentes, la evidencia de irregularidades de todo tipo en la administración del poder y, por encima de todo, las altas cotas de corrupción en la función pública. La promesa fue una revolución del comportamiento, nuevos valores y el fin de la impunidad. Pasados los primeros años de luna de miel en los que se mezcló la lucha contra la corrupción con la judicialización de la política, la cruda realidad fue saliendo a la luz. Los nuevos políticos, las nuevas elites que ganaron el poder y sus aparatos estatales, no sólo no habían logrado la anunciada revolución del comportamiento sino que, en algunos casos, ese comportamiento era igual o peor que aquel que se execraba con tanto rigor. La retórica de cambio no se acompañó con una tarea en las sociedades que son las que reproducen o, por el contrario, transforman modelos de comportamiento. Ni desde la base de la pirámide ni desde su vértice se dieron señales claras y contundentes de que estábamos en el camino de una nueva sociedad.

En los últimos seis meses la región se ha visto sacudida por una tormenta alimentada por tres vendavales: el del fin de la bonanza económica, el del destape de inconmensurables pozos de corrupción y el del voto que ha ido dándoles la espalda a esos gobiernos de manera constante.

Más allá de incuestionables logros que deberán ser recogidos y continuados en el futuro, los signos de un probable fin de ciclo son muy elocuentes.

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