Data: junio 26, 2015 | 15:44
Movilizaciones continúan en las calles...

Chile tras la recuperación de su educación

Las protestas estudiantiles demandando una educación pública inclusiva, se han masificado a partir del 2011.

A partir del año 2011, las protestas estudiantiles demandando una educación pública inclusiva se han masificado.

La Copa América acapara la atención de todos y todas pero, sobre todo, de los grandes medios de comunicación. Por ello, no extraña que, paralizadas por más de treinta días las actividades educativas en Chile, el país anfitrión, no existan mayores referencias al conflicto, cuando no alguna anécdota intrascendente. Volverá, sin duda, a ser noticia, cuando la protesta se traduzca en más movilizaciones y más víctimas.

Y es que la sucesión de marchas y de un paro que se prolonga desde mayo es el corolario de una larga lucha iniciada por los estudiantes de Chile a principios de esta década. Conocida como la “Revolución de los Pingüinos”, por la asociación con el uniforme que usan los estudiantes de secundaria, esta protesta pone el dedo en la llaga en uno de los pilares institucionales plantados por la dictadura de Augusto Pinochet.

Con una privatización llevada a extremos, el afán de lucro se constituyó en el leit motiv de la educación en todos sus niveles. Desde los parvularios hasta las universidades con post grado, ofrecen como mercancía este servicio a quien pueda pagarla. Y el que no, debe resignarse a recibir el producto de peor calidad. Así, por ejemplo, en las escuelas de sectores de precaria calidad de vida, el incentivo para recibir algún beneficio del Estado es condicionado a que exista también un aporte de los padres de familia; y que los resultados sean positivos. En la vida real, los padres sacrifican lo indispensable para mejorar las condiciones de la escuela, que siempre es de algún privado que busca maximizar sus ganancias; entonces, son ellos mismos los que presionan para que infantes con poco aprovechamiento escolar, sean desterrados de esa escuela, pues perjudican a los demás. El círculo vicioso se torna perverso, pues las condiciones de competencia son una espiral que termina favoreciendo sólo al dueño del establecimiento.

Estudiantes sostienen la bandera chilena mientras un carro lanza agua trata de dispersarlos. Las movilizaciones son frecuentemente reprimidas por los carabineros con el saldo de heridos, detenidos e incluso muertos.  | Foto: AP

Estudiantes sostienen la bandera chilena mientras un carro lanza agua trata de dispersarlos. Las movilizaciones son  reprimidas por los carabineros con el saldo de heridos, detenidos e incluso muertos. | Foto: AP

En materia de educación superior, la lucha por esa valiosa mercancía es más encarnizada. Sólo pueden acceder a una de calidad quienes tienen los recursos para pagarla. Así, la educación ha dejado de ser un servicio o, como se conoce en Bolivia, una razón de Estado. No en vano, la Federación de Estudiantes Chilenos, uno de los sectores más importantes en esta lucha, sintetiza su visión manifestando que “La Recuperación de la Educación Pública es la piedra angular de las demandas estudiantiles. Esto se manifiesta en la necesidad de que en el sistema educativo del país exista un fin del lucro efectivo, puesto que no podemos entender la generación y transmisión del conocimiento simplemente como una mercancía. La relación estudiante-profesor no puede tergiversarse con la relación cliente-proveedor. A su vez, la investigación y la creación no pueden estar supeditadas al retorno de utilidades puesto que daña la generación de conocimiento útil para nuestra sociedad y de cultura emancipadora”.

Consecuentes con esta visión, han planteado al gobierno de Michelle Bachelet varios puntos para una agenda que permita, finalmente, democratizar la educación. Muchos de ellos, sin embargo, no pueden dejar de tocar el meollo de la cuestión, cual es el modelo de desarrollo heredado de la dictadura, conservado y –en algunos casos, exacerbado– por los sucesivos gobiernos de la Concertación, como el actual presidido por Bachelet.

El primero de ellos señala, precisamente, la relación entre Democracia y modelo de desarrollo. Los estudiantes movilizados plantean que una reforma educativa no es un problema técnico, como aventura el gobierno en sus llamados a un diálogo parcial; sino que es un aspecto fundamental de la sociedad chilena. Por ello piden que “sean los actores y la sociedad en su conjunto quienes resuelvan y se pronuncien sobre el tipo de educación” que el país requiere. Proponen, a renglón seguido, la generación de estrategias de desarrollo tanto de la educación superior como de la educación pública.

La Conferencia de Estudiantes de Chile (Confech) ha denunciado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) la violenta represión policial que han sufrido durante las protestas a lo largo de estos años.

La Conferencia de Estudiantes de Chile (Confech) ha denunciado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) la violenta represión policial que han sufrido durante las protestas a lo largo de estos años.

Su lucha es también por la expansión de la educación pública. Proponen que el Estado tenga un rol activo y preponderante en la promoción y provisión de la educación pública como un derecho universal. De esa forma, la gratuidad que reclaman, es entendida no como un principio económico sino como un requisito para los fines educativos en una sociedad que anhela ser democrática. Y para ello, sugieren algunas soluciones, como la renacionalización de los recursos naturales y un recorte de gastos de las Fuerzas Armadas.

“Fin al lucro; Chile no educa, lucra”, dicen de manera contundente.

De ahí que la formulación de un nuevo marco regulatorio de la educación superior debería estar vinculado a un plan nacional de desarrollo y con la participación permanente de las comunidades educativas. Para ello, previamente, demandan una discusión amplia y participativa sobre el tema.

Otros actores de esa comunidad educativa combativa y movilizada son los maestros. De ellos y para ellos, nace la propuesta de una nueva profesión docente. Son, profesoras y profesores, de los primeros del eslabón de una cadena de víctimas de un sistema perverso. Desde sus inicios, la dictadura pinochetista les privó del estatuto de funcionarios públicos, lo que dio inicio a la precarización de sus condiciones laborales. La propuesta del actual gobierno, insuficiente, además, excluye a profesores honorarios, a profesores de párvulos y a los profesores mapuche. Así lo entiende Ariel Antillanca, un profesor de una comuna de Santiago, quien afirma que “es un proyecto de carrera docente basado en el paradigma neoliberal que desconfía permanentemente de los trabajadores y nos impulsa a competir a muerte entre nosotros”.

La disminución de estudiantes por aula y la sustitución de la lógica de honorarios por la contratación de trabajadores académicos y no académicos son, entre otras, las demandas de un todo que cuestiona las bases mismas de un Estado neoliberal hecho a la medida de las transnacionales que controlan su economía.

Los estudiantes junto a sus maestros piden que la educación deje de ser una mercancía.

Los estudiantes junto a sus maestros piden que la educación deje de ser una mercancía.

Desde la otra vereda, ideólogos del modelo neoliberal, coligados con una clase política a la que también se ha acomodado una dirigencia otrora “socialista” y “de izquierda”, siguen soñando con aquello de que Chile “es el modelo del modelo”. Por eso, no vacilan en echarle toda la culpa a los profesores, causantes, según ellos, del deterioro de la calidad de la educación. Proponen, como remedio, un proyecto de “Carrera Profesional Docente”, cuyo objetivo es acentuar la inestabilidad y la precariedad laboral, desconociendo las conquistas obtenidas hasta hoy por los trabajadores de la educación. “Los profesores nos rebelamos contra el paradigma neoliberal en un tiempo donde la corrupción política en Chile atraviesa a todos los partidos sustentadores del sistema, incluso la señora Bachellet está salpicada por los aportes que le hizo el yerno de Pinochet a su campaña”, afirma Antillanca.

Precisamente por ello, la resistencia crece. Así lo reafirman los estudiantes, convencidos de que “Chile ha expresado una voluntad de cambio. Esta es una oportunidad histórica. Aprovechémosla”.

“¡Nunca más sin nosotros!” es, por la firmeza del paro, algo más que una consigna.

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