Data: diciembre 22, 2020 | 10:44
32 AÑOS DE UN ASESINATO ANUNCIADO | El siringuero acreano que alzó la voz en defensa del bosque amazónico desde Xapurí, fue discípulo de un anarquista que participó en la revolución boliviana de 1952. Su muerte anunciada fue encubierta por periodistas venales de Brasilia…

CHICO MENDES: «NACÍ A SEIS KILÓMETROS DE BOLIVIA»

Chico Mendes, siringuero que aprendió a leer recién a sus 18 años, con un maestro libertario oculto en la selva que luchó en la revolución boliviana de 1952. | Foto Archivo Sol de Pando

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© Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando

“Yo nací el 15 de diciembre de 1944, en la selva, en el siringal, en el municipio de Xapurí, a seis kilómetros de la frontera con Bolivia…”. Era así cómo Chico Mendes solía presentarse ante los medios y organismos internacionales que acompañaron su lucha.

Francisco Alves Mendes Filho era su nombre completo. Descendía de aquellos siringueros sertanejos que migraron desde el Nordeste cangaceiro, aprendiendo a convivir con el bosque junto a los pueblos indígenas que le enseñaron la magia de sus usos y costumbres. De su innata naturaleza emergió la alternativa económica y social que se opondría a la estrategia depredadora del gran capital trasnacional expresada en el «agro-negocio»

Fue analfabeto hasta los 18 años. A esa edad, aprendió a leer y a escribir frecuentando la cabaña oculta en el bosque acreano de un ex combatiente de la revolución del 9 de abril de 1952 en Bolivia. Chico conoció a Euclides Fernando Távora, su maestro, en 1962.

Távora era un militante anarquista que huía de la persecución tanto en Bolivia como en Brasil. Le enseñó a Chico Mendes deletrear titulares de periódicos viejos; y a medida que aprendía a leer las noticias, el joven siringuero entendía la necesidad de cambiar el mundo organizando a los pueblos autogestionariamente.

Cuando aprendió a leer y escribir, descubrió el poder de la educación para hacer frente a los opresores. “En aquella época los hijos de los siringueros no tenían derecho a la escuela, pues si aprendían a hacer cuentas, descubrirían que estaban siendo robados; por eso los patrones no permitían la alfabetización de los peones”, explicó el lúcido luchador.

En 1975, una misión de la Confederación de Nacional de Trabajadores Rurales Agrícolas (Contag) había llegado a Brasiléia, ciudad vecina a Cobija, para impartir un curso de sindicalismo. “Recordé las recomendaciones de Euclides y me fui para allá” —narró Chico—. “Y funcionó. Gracias a todo aquello que él me había enseñado durante tres años, acabé siendo elegido Secretario General del Sindicato”. Desde entonces nadie, sino la muerte, podría detener ese vendaval de justicia, llamado Chico Mendes, que se desató aprendiendo a leer periódicos viejos de la mano de un viejo combatiente anarquista de la revolución boliviana.

El transfondo histórico de la tragedia

 

Chico Mendes en el foro de la ONU,1987. Su interpelación a los organismos internacionales reforzó su lucha para hacer retroceder a los destructores del bosque amazónico, a costa de su vida. | Foto Archivo Sol de Pando

Su asesinato estaba anunciado. Lo precedía un conflicto histórico y socioambiental que se remontaba la década de los setenta. La dictadura militar brasileña había sobre-estimulado la migración de capitales agroindustriales y ganaderos desde el lejano sur. Empresarios de Rio Grande do Sul, de São Paulo y Rio de Janeiro —fomentados por el gobierno Federal mediante créditos subvencionados y otros incentivos fiscales financiados por el BID y el Banco Mundial—, empezaron a ocupar extensas tierras en el norte amazónico, desplazando a los antiguos habitantes que ocupaban el Acre desde las migraciones nordestinas del siglo XIX, cuando aquel territorio aún pertenecía a Bolivia.

Entre 1970 y 1975 los latifundios ganaderos y madereros de los empresarios sureños —sobre una superfície de 8 millones de hectáreas— se expandieron al ritmo de un fuego voraz que dejó sin bosque y sin hogar a más 10 mil familias indígenas y siringueras del Acre. Ese impulso capitalista que atravesó también los estados de Rondônia y Mato Grosso, invadió incluso el norte del departamento boliviano de Pando, comenzando entonces el extermino irreversible de la nación indígena Pacahuara bajo la dictadura del general Hugo Bánzer Suárez.

El desastre se agravó con el inicio improvisado de la construcción de la vía asfaltada BR-364 para conectar la capital Rio Branco con el Alto Acre, región que abarca los municipios de Xapuri, Eptaciolandia, Brasiléia y Assis Brasil, sobre la frontera con Pando.

A mediados de 1987, un monitoreo satelital detectó más de 200.000 incendios provocados (“chaqueos”) para convertir los bosques en pastizales destinados al pastoreo de ganado y otras labranzas para la agroindustria, en un área dos veces mayor al territorio de Suiza. Se calculó que los incendios habían inyectado en la atmósfera más de 500 millones de toneladas de carbono; equivalente al 10 por ciento del aporte mundial de gases de efecto invernadero que afectan el clima cada año.

Según denunciaba Chico Mendes, el violento expansionismo latifundista provocó un éxodo de indígenas y campesinos hacia Bolivia y a la capital Rio Branco. “En cinco años fueron expulsados de mi región más de 10 mil familias de siringueros” —dijo en una entrevista en agosto del ’88 durante el Tercer Congreso de la CUT—. “Cuatro mil de ellas tentaron suerte en la ciudad aumentando el cinturón de miseria urbana de Rio Branco, con nuestros jóvenes sumidos en la droga y la criminalidad, y nuestras mujeres prostituidas. El resto se fue a Bolivia buscándose la vida en los siringales bolivianos, en una situación difícil hasta hoy, pues no son considerados ni brasileños ni bolivianos, viviendo en la clandestinidad”.

En 1987 ambientalistas internacionales lo invitan a Estados Unidos para denunciar ante el Senado norteamericano el desastre ecológico generado por el financiamento del BID y del Banco Mundial a los proyectos “de alto impacto” en la Amazonia. Convence al BID de suspender la construcción de la carretera BR-364 y se condiciona el financiamento, por primera vez en la historia, a un Estudio de Impacto Ambiental previo. Es recibido en la Asamblea de la ONU, que le entrega un Premio por la defensa de los bosques amazónicos.

El asesinato anunciado con silencio cómplice de la «gran prensa»

La casa en Xapurí donde el líder siringuero fue asesinado. Hoy es un museo recientemente restaurado | Foto Sol de Pando

A la hora de “jantar” del 22 de diciembre de 1988, Darcy Alvez, enviado por su padre, el hacendado Darly Alvez, le perforó el pecho casi a quemarropa con la bala de un fusil, en la puerta de su casita hecha a mano con madera del lugar.

Treinta años han transcurrido de aquella triste noche, de aquel diciembre horrendo, cuando el siringuero Chico Mendes murió una semana después de haber cumplido 44 años de edad, cuando todavía retumbaba el eco de su alerta vertida en una entrevista de prensa que no se publicó sino después del asesinato: “Quiero vivir para salvar la Amazonia”, declaró Chico, al tiempo advertir que Darly Alves ya lo tenía en la mira, que su muerte estaba anunciada. El silencio cómplice de la prensa venal también lo mató.

En entrevista con el periodista Edilson Martins realizada el 9 de diciembre de 1988, en Rio de Janeiro, Chico Mendes reiteró lo que venía denunciando desde mayo de ese año incluso ante autoridades policiales y judiciales, que por tal motivo habían asignado dos guardaespaldas a su servicio. Martins le preguntó quiénes amanazaban al líder siringuero. “Ahora son dos hacendados en Xapurí” —respondió Chico— “Darly Alves y Alvarinho Alves, son hermanos. Están inclusive prófugos de la justicia con mandamento de aprehensión. Desde 1973, esos dos hacendados tienen una orden de prisión en Paraná. Pedí que se cumpla el mandamento en el Acre; pero el Superintendente de la Policía Federal, Mauro Espósito, retiene desde hace 16 días esa orden”. Según Chico, Alves y sus sicarios ya tenían en su haber más de 30 asesinatos.

Tengo la esperanza de continuar vivo” —declaró el líder siringuero en tono de dramático pragmatismo—. “Si descendiera un enviado de los cielos para garantizar que mi muerte va a fortalecer nuestra lucha, valdría la pena. Pero la experiencia nos enseña lo contrario. Entonces quiero vivir. Homenajes póstumos y funerales concurridos no van a salvar la Amazonia. Quiero vivir…”.

El periodista que le entrevistó le había ofrecido que el material se publicaría en el suplemento dominical del Jornal do Brasil, el 18 de diciembre, pero la dirección del periódico se opuso, según relata el mismo Martins, arguyendo que Chico era un comunista “politizando el tema medioambiental”.

Indirectamente, Edilson Martins responsabilizó de la no publicación a una negligencia del editor del suplemento, Zuenir Ventura, quien, además de haberse ausentado a otro Estado dejando inédita la entrevista, le comunicó a Martins que Chico Mendes no era una fuente aceptable para la línea informativa de Jornal do Brasil. Paradógicamente, Ventura se hizo famoso y hasta obtuvo un Premio de Periodismo “descubriendo” y promocionando en 1990 al adolescente Genesio da Silva que fue el principal testigo de cargo en el juicio contra los Alves.

El testimonio de Altino Machado

Interpelado por el periodista Altino Machado en 2013, Edilson Martins admitió que su entrevista con Chico no publicada antes del asesinato, podía haber salvado la vida del líder siringuero. | Foto captura

La entrevista de Rio de Janeiro en la cual Chico Mendes reveló los nombres de sus asesinos, fue publicada recién después de cometido el crimen. | Foto fascimil Jornal do Brasil

Altino Machado —periodista acreano que interpeló en 2013 a Martins, pidiéndole aclare por qué no se publicó la entrevista en el plazo previsto— afirma que se encontró con Chico Mendes ese domingo 18 de diciembre de 1988 en un kiosco de periódicos de Rio Branco. “Estaba triste al constatar que el Jornal do Brasil no había publicado la entrevista”, recuerda.

Altino narró a Sol de Pando que sostuvo ese último encuentro con Chico Mendes en la Plaza de la Revolución y conversaron sentados en un banco frente la colegio estadual Rio Branco, a la sombra de un árbol. A pesar del peligro que corría, Chico “estaba muy entusiasmado con los avances la organización de los trabajadores” —recuerda Machado—. “Me dijo que había participado en una asamblea del sindicato de Sena Madureira y tenía el ánimo muy alto”. Cuatro días después Chico Mendes moría asesinado.

Tras sostener la entrevista con el periodista de Rio de Janeiro, confiando en que esa nota le protegería la vida, Chico volvió al Acre para pasar la Navidad con su familia en Xapurí. La entrevista no se publicó según lo planeado; y los Alves lo esperaban con el fusil cargado, sobre seguro.

Inmediatamente después del asesinato, todo el mundo sabía ya quiénes lo habían hecho. El mismo Chico se encargó de ponerlos en evidencia mucho antes del crimen.

La casita hecha a mano de Chico Mendes | VIDEO MUSICAL

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