Data: abril 19, 2020 | 11:41
LA CH’AMPA GUERRA POR EL SEDES DE COCHABAMBA | No es el Ministro de Gobierno quien tiene que designar a un nuevo director que comande de mejor manera la vigilancia epidemiológica. Es la Gobernadora del Departamento Autónomo, a solicitud expresa de la Presidente del Estado...

¿JEANINE AÑEZ versus ESTHER SORIA?

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© Wilson García Mérida | Columna Sopa de Maní

No hay duda que el manejo de la crisis sanitaria en Cochabamba está a punto de escapársele de las manos a la Gobernación Autónoma de este Departamento, y por tanto al conjunto del Estado.

Es indudable que el Servicio Departamental de Salud (Sedes) de Cochabamba necesita una dirección profesional y científicamente más solvente, porque en ello se nos va la vida a los cochabambinos.

Y también es cierto que el doctor Miguel Delgado Koriyama —que ya entró en escena, lamentablemente empujado por Arturo Murillo— es un médico salubrista idóneo para el cargo, tanto por su experiencia profesional como por su pericia en la gestión pública.

El Ministro de Gobierno, Murillo, toma decisiones a su gusto y antojo por encima de la misma presidente Jeanine Añez. Utiliza abusivamente el nombre de Añez para imponer sus caprichos personales en el tonto afán de potenciar su deplorable imagen como “el hombre fuerte del régimen”. Es tan sociópata como Quintana y tan insolente como Romero.

Murillo no solamente trafica con el nombre de Añez para salirse con su gusto provocando un insulso enfrentamiento entre la Presidente y la Gobernadora de Cochabamba. El Ministro de Gobierno también le falta el respeto al delegado presidencial para la vigilancia epidemiológica en este Departamento, el buen ministro de Trabajo Óscar Mercado, quien ha sido recibido afectuosamente por la Gobernadora asumiendo que la guerra no es de opositores contra gobiernistas, sino de todos nosotros contra la cruel pandemia.

Si Murillo hubiese sido honesto con el doctor Delgado —y no usarlo como otra de sus “fichas” en su loca acumulación de poder personal—, en vez de presionar a la Gobernadora con amenazas y coacciones para designarlo como nuevo Director del Sedes, mal utilizando el nombre de Jeanine Añez, debía más bien sugerirle a la Presidente realizar la gestión debida directamente con la Gobernadora, en un contacto que debía ser orgánico, fluido y permanente entre el Palacio Quemado y la Gobernación de Cochabamba.

¿Qué le costaba a Jeanine Añez perder diez minutos de su valioso tiempo, tomar el teléfono y llamar a la Gobernadora de Cochabamba para conversar amigablemente, “de mujer a mujer”, planteándole la necesidad imperiosa de mejorar la gestión del Sedes con la colaboración profesional del doctor Miguel Delgado?

Estoy seguro que al día siguiente la Gobernadora posesionaba a Delgado en un ambiente cordial, y no habría sido necesaria la ch’ampa guerra a que nos está llevando Murillo.

Si la Gobernadora no posesiona a Miguel Delgado como nuevo Director del Sedes-Cochabamba, no habrá posibilidad alguna de que Delgado disponga de personal ni presupuesto, que dependen de la Gobernación, y para colmo Murillo ordenó el precintado de la oficina en disputa. Entretanto Cochabamba permanece sin defensas ante el Covid-19. Esto es atroz.

Ahora, mientras se discute si la ruptura de la Autonomía Departamental para intervenir el Sedes es constitucional o no, mientras Murillo insiste en humillar a la Gobernadora de Cochabamba imponiendo designaciones que no le competen, mientras se libra esa ch’ampa guerra estúpida, el coronavirus está expandiéndose libremente en Cochabamba, infectando y matando. Cada minuto que pasa con el Sedes descabezado, supone un inminente riesgo para miles de cochabambinos que, para colmo, tendrán que demostrar síntomas de coronavirus como requisito previo para acceder a pruebas de laboratorio.

Además de renunciar al cargo, Murillo tiene que renunciar a su enfermiza obsesión por estigmatizar de “masistas” a todos quienes critican sus desamanes.

Que su grupo de neo-fascistas entable una querella de poder disputándose con los neo-estalinistas en el entorno de Evo Morales (Quintana, los García Linera, et al), no es problema de quienes, fuera y dentro del MAS, somos ajenos a esa pugna corrupta entre autoritarios de pura cepa.

Lo mejor de la caída de Evo Morales fue que visibilizó a cuadros políticos del MAS que nunca fueron vistos en 14 años del régimen neo-estalinista. Sólo la caída del caudillo de los cocales excedentarios nos ha permitido descubrir que en este partido existen líderes naturales de la sociedad civil brillantes y prometedores para el movimiento popular. Hablo, por ejemplo, de la diputada Concepción Ortiz, quien, a la menor oportunidad de acceder a los medios, desenmascaró la corrupción de esa jailona elite femenina del entorno evista con las caras cínicas de Sonia Brito, Gabriela Montaño o Rocío Molina. En el MAS de Cochabamba apareció un vocero, Gualberto Arispe, que habría sido mil veces mejor Ministro de Comunicación que “culitos blancos” traicioneros como Alex Contreras, los Canelas, Amanda Dávila o Marianela Paco.

La gobernadora Esther Soria —que reemplaza al nefasto Iván Canelas, ese esperpento moral que ha destruido nuestro Parque Tunari— es parte de esa corriente emergente dentro el MAS que no tiene por qué pagar los platos rotos que dejaron el Gran Hermano Evo y sus «chupatetillas» ahora ocultos en la Embajada de México.

Soria ha declarado que está dispuesta a trabajar durante la defensa epidemiológica de Cochabamba en comunión con Jeanine Añez. Si la presidente Añez la llama para sugerirle la designación de Miguel Delgado en la Dirección del Sedes, estoy seguro que la Gobernadora lo hará. De hecho el nivel de coordinación de la gobernadora Soria con el delegado presidencial, el Ministro de Trabajo, es óptima.

La designación de Miguel Delgado como resultado de un diálogo fluido y directo entre Jeanine Añez y Esther Soria, sería un alentador indicio de que la utopía de la Centralidad Ética es posible, que está a la vuelta de la esquina.

Así de simple era el asunto.

Pero mientras Murillo siga polarizándonos entre neo-estalinistas y neo-fascistas, estigmatizando como «masistas» a quienes observamos, criticamos y denunciamos las desviaciones dictatoriales de este régimen transitorio, todo será turbio, mediocre y violento. Seguiremos entrampados en esa vil dicotomía para que los autoritarios sigan pisando fuerte en Bolivia. Es una estrategia perversa que hay que derrotar, lo mismo que al coronavirus.

Murillo pretende imponer la designación de Miguel Delgado con el uso de fuerza pública, en un cargo que es competencia inexcusable de la Gobernación Autónoma.  

El prepotente Ministro de Gobierno está violando flagrantemente la Autonomía Departamental con el ardid de que «estamos en guerra contra el coronavirus y contra el MAS”, y cree que esas son las palabra mágicas para que todo el mundo se rinda a sus pies sin chitar. Su conducta abusiva en el descabezamiento del Sedes constituye un delito contra la salud pública en Cochabamba.

Con esa misma lógica ha provocado una preocupante crisis regional al enviar al Chapare patrullas policiales, arriesgando la vida de servidores policiales, sin coordinar ni con las Fuerzas Armadas ni con los representantes sociales legítimos del trópico. El resultado es un escenario de extrema polarización que sólo traerá más dolor del que nos da el coronavirus.

Jeanine Añez ya debería estar pensando en un Ministro de Gobierno con mejor calidad humana.

La gobernadora de Cochabamba, Esther Soria, dijo que la resolución ministerial 196, que designa otro director del SEDES en el departamento, es ilegal e inconstitucional.

Publicado por Opinión Bolivia en Viernes, 17 de abril de 2020

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