Data: agosto 6, 2016 | 12:36
ENIGMAS DE LA CASA BRANCA | Los xapurenses plantean dudas acerca de que si la Intendencia Boliviana en el Acre fue un cuartel o una “casa de niñas”…

El 6 de agosto en Xapurí: la Revolución Acreana que Bolivia no pudo evitar

El 17 de mayo junto al padre Francisco das Chagas Monteiro, en la Parroquia de São Sebastião de Xapurí, minutos antes de partir a Rio Branco. | Foto Sol de Pando

El 18 de mayo junto al padre Francisco das Chagas Monteiro, en la Parroquia de São Sebastião de Xapurí, minutos antes de partir a Rio Branco. | Foto Sol de Pando

© Texto y fotos: Wilson García Mérida | Redacción Sol de Pando en Rio Branco
La tarde del 16 de mayo luego de obtener permiso y protección de la Policía Federal en Epitaciolandia para circular libremente por todo el territorio brasileño. | Foto Sol de Pando

La tarde del 16 de mayo luego de obtener permiso y protección de la Policía Federal en Epitaciolandia para circular libremente por todo el territorio brasileño. | Foto Sol de Pando

Cuando llegué a Xapurí en mi extenso camino de Epitaciolandia a Rio Branco, en esos intensos días de mayo imputado ilegalmente por “sedición”, me dirigí a la Parroquia de São Sebastião buscando al padre Francisco das Chagas Monteiro, quien me conduciría de modo seguro hasta la capital del Estado do Acre según convenimos cuando, el viernes 13 de mayo, le llamé desde la parroquia de Brasiléia donde me encontré con sacerdotes bolivianos (el mismo día en que unos matones que también cruzaron la frontera enviados por una diputada dueña de un lenocinio en Cobija, intentaron secuestrarme para evitar mi llegada a Rio Branco y entregarme a Quintana, lo cual me forzó a pedir refugio ante la Policía Federal de Epitaciolandia el lunes 16 de mayo, partiendo a Xapurí la noche del 17).

18 de mayo. El padre Francisco das Chagas es un hombre abrumadoramente humilde y muy bondadoso. Fue amigo personal de Chico Mendes antes de que asesinaran al mártir del bosque en 1988. Me invita un “peixe baiao” a la hora del almuerzo y comentamos los entretelones de mi destierro. Al igual que otros sacerdotes en Bolivia y Brasil, el párroco de Xapurí está debidamente informado de la persecución que desató en Bolivia el ministro Juan Ramón Quintana para encarcelarme y amordazarme acusándome de “sedición”, debido a que descubrí —y esa es la verdadera causa del juicio por “sedición” que me alejó de mi hogar en Cochabamba— que el Ministro de la Presidencia protege a una mafia internacional de prostitución que trafica con mujeres acreanas, desde los tiempos de Mauro Vásquez, organización criminal que actualmente se ha reactivado con pasmosa prosperidad debido a la aguda crisis económica en Brasil que convierte a las mujeres de este país, acostumbradas a vivir bien, en presa fácil de una tenebrosa empresa de Trata y Tráfico de Personas ligada también al narcotráfico. El circuito comienza en casa de “Tía Isabel”, en Cobija, y se expande en una red de otros lenocinios y hoteles “de cinco estrelas” en Santa Cruz y La Paz, y de ahí a Arica, Chile, hasta España incluso. Varias de estas muchachas acreanas (generalmente provenientes de Rio Branco y Taraucá) además de prostituirse son también obligadas a traficar cocaína, usadas como “mulas”. El padre das Chagas sabe todo esto, y cuando termino de narrarle más detalles de lo que conozco sobre las andanzas mafiosas de Quintana, se estremece conmovido y me da un abrazo. Me siento protegido. Él personalmente me llevará de Xapurí a Rio Branco para ponerme en manos del padre Massimo Lombardi.

En el escenario principal de la Guerra del Acre

Parroquianos de Xapurí. Nos regalan una sonrisa amable al enterarse que llegamos de Bolivia. | Foto Sol de Pando

Parroquianos de Xapurí. Nos regalan un gesto amable al enterarse que llegamos de Bolivia. | Foto Sol de Pando

Aproveché el lapso de los preparativos del viaje en compañía del sacerdote, para darme unas vueltas por los museos de Xapurí con el travieso afán de hallar algunos vestigios de Bolivia en esta apacible ciudad donde comenzó la segunda Guerra del Acre en pleno albor del siglo XX (la primera fue en 1898).

Xapurí, la ciudad reliquia del Acre. Todo esto fue territorio de Bolivia antes de esa guerra que comenzó como guerrilla y terminó siendo revolución para los acreanos: La Revolución Autonomista del Acre.

Mozas acreanas paseando por una acera de la Plaza São Sebastião de Xapurí. | Foto Sol de Pando

Mozas acreanas paseando por una acera de la Plaza São Sebastião de Xapurí. | Foto Sol de Pando

El Xapurí es un rio tributario del gran Acre. Los bosques más densos están a su vera, los siringales de goma y castaña más prodigiosos, las especies más diversas de la fauna amazónica; aquí dan sus frutos aquellos árboles hiperdominantes en cuyo interior cabe un garaje de autos. Aquí fue donde murió Chico Mendes por defender esos árboles en los años ochenta del siglo pasado.

Como en todos los 22 municipios del Estado do Acre, aquí la gente es un conglomerado de sonrisas a flor de labios, de cordialidad en sus adultos, inocencia traviesa en sus niños y candidez entre sus bellas mujeres.

Estoy en Xapurí y no encuentro ningún rastro histórico de Bolivia en esta tierra fundamental de la acreanidad. Era ciertamente tan débil la presencia boliviana aquí, tan desesperada la intensión del gobierno de José Manuel Pando por entregar la administración de este territorio a una compañía norteamericana, que después del alto al fuego en 1903 el fantasma de Bolivia languideció y se esfumó por completo en esta ciudad-reliquia.

En busca de la Casa Branca

La Casa Branca en plena remodelación. Aquí estuvo la Intendencia de Bolivia cuando estalló la Revolución Acreana. | Foto Sol de Pando

La Casa Branca en plena restauración. Aquí estuvo la Intendencia de Bolivia cuando estalló la Revolución Acreana. | Foto Sol de Pando

Mi esperanza era hallar algo en la Casa Branca. Así se llama el caserón —hoy uno de los más importantes museos de la Guerra del Acre en Xapurí—, donde según las crónicas de aquel tiempo funcionaba la famosa Intendencia de Bolivia, que el gobierno de Pando había instalado con una tropa de paceños y cochabambinos para proteger al consorcio norteamericano encargado de administrar y cobrar impuestos a los siringueros del lugar, en representación de un Estado boliviano que no existía realmente aquí. Era un Estado andino muy lejano.

Llego a la Casa Branca y la veo tomada por un batallón municipal de pedreros que dicen estar restaurando el museo, lo mismo que la casa de Chico Mendes tres calles más al sur. Esta pequeña ciudad vive en constante restauración, acaso buscando profundizar su rica identidad como patrimonio acreano.

En la casa de Chico Mendes mientras es rastaurada

En la Casa de Chico Mendes, también en restauración, una acción municipal periódica para conservar por siempre los museos de Xapurí. | Foto Sol de Pando

En la Casa de Chico Mendes, también en restauración, una acción municipal periódica para conservar por siempre los museos de Xapurí. | Foto Sol de Pando

La casa de Chico Mendez es inconfundible. Me siento dentro de esas postales que circulan en el mundo entero mostrando aquel pequeño caserón color celeste con los marcos de sus puertas y ventanas en un rosado ocre. Fue en la puerta de esta casa que Chico Mendes murió acribillado el 22 de diciembre de 1988, v´speras de la Navidad, frente a sus tiernos hijos y su esposa.

João Petronilo, el maestro pedrero encargado de las obras de restauración, nos excplica que estos trabajos son habituales cada cinco años, con el fin de mantener siempre bien conservadas estas reliquias.

“Las normas municipales establecen que todos los museos y monumentos de la ciudad deben ser restaurados permenentemente, siempre manteniendo sus diseños y características originales, y es lo que ahora estamos haciendo con la casa de Chico”, nos explica João. La parte más vulnerable ante las inclemencias del tiempo es el piso de madera, que por su contacto con la humedad es infestada de termitas.

Al frente, en sentada en un banquito a la interperie y protegida del sol radiante por una colorida sombrilla, observa el avance de los trabajos Guiliana Ortega, la funcionaria muncipal encargada de administrar este patrimonio histórico. “Esperamos reabrir la casa de Chico a comienzos de junio”, dice con optimismo la moza. “Volveré para verlo”, digo espontáneamente.

“¿Y donde están la reliquias de la Casa, en la la Fundación Chico Mendes quizá?” le pregunto a Guiliana, mirando un enorme caserón al frente de la casa con un letrero de la Fundación, donde también veo un cartel que dice “Se Vende” (Esa casa es ahora propiedad legal de la viuda y la hija de Chico, que ganaron un juicio civil reclamando para si todas las pertenencias familiares del martir). “No“, aclara la costodia municipal, “las cosas de Chico están por ahora en el Museo de Xapurí“.

Trepamos una cuadra al oeste, giramos a la derecha y estamos en el famoso Museo de Xapurí. Apenas atravesamos su umbral, vemos a la mano muchas cosas que se guardan habitualmente en el dormitorio y la sala de la casa en restauración. Y ahí está la máquina de escribir de Chico; me apresto a sacarle una foto a esa hermosa reliquia y me lo impide con mucho tino la responsable del museo, otra funcionaria muncipal, muy jóven y bastante educada. “Esos objetos sólo pueden ser fotografiados con autorización de la señora vuida de Chico Mendes, ella la dueña legal“. Semejante restricción nos toma por sorpresa, mas para compensar el desconcierto la encargada del museo nos invita a pasar al salón principal donde se exhibe toda la iconografía de Chico Mendez, incluyendo una estatua en tamaño natural, que se conservaban en la casa de la Fundación. “Ahí sí usted puede sacar las fotos que quiera“.

Conversando con Heriberto Mota y Haroldo Zaine

La casa de los masones de Xapurí. Su participación histórica fue decisiva durante el conflicto armado con Bolivia. | Foto Sol de Pando

La casa de los masones de Xapurí. Su participación histórica fue decisiva durante el conflicto armado con Bolivia. | Foto Sol de Pando

Heriberto Mota, ex vareador (concejal) y ex vice prefeito (subalcalde) de Xapurí, un gran historiador oral además, es nuestro guia entre la Prefeitura y la Casa de la Cultura, conduciéndonos por una ruta expedita en la que pudimos descubrir  calles y edificios cargados de una densa historia inexorablemente ligada a la Guerra del Acre.

A media cuadra de la Prefeitura (Alcaldía), en una esquina frente a la unidad educativa estadual, vemos la casa senorial de la Logia Masónica que tuvo un rol decisivo en la Guerra del Acre. Es un edifício de estilo inglés del siglo XIX, que al verlo desde su fachada causa la claustrofóbica impresión de que en su interior moran fantasmas. Y aún se reúnen los masones aqui? —le pregunto a Heriberto. “” —responde el ex vareador—. “Aunque también esta casa es como un club social donde los caballeros de la orden organizan y celebran fiestas muy elegantes y sólo entran invitados”.

Una reliquia arquitectónica que mantiene viva la memoria de Xapurí como escenario gestor de la Revolución Acreana del 6 de agosto de 1902. | Foto Sol de Pando

Una reliquia arquitectónica que mantiene viva la memoria de Xapurí como escenario gestor de la Revolución Acreana del 6 de agosto de 1902. | Foto Sol de Pando

Caminando unos pasos con rumbo al norte de la ciudad, Heriberto nos muestra una de las casas de Antonio Zaine, el patriarca de Xapurí, cuyo abuelo era algo así como el Nicolás Suárez de este lado del Acre. Antes de fallecer, don Antonio donó a la ciudad, aunque administrado por su viuda, aquella vivienda que se convirtió en museo. Hermosas reliquias que datan de la Guerra del Acre se exihiben a los ojos de los transeuntes, además de recuedos y retratos masones. Uno de sus descendientes, Haroldo Zaine Sarkis, es el Secretario de Cultura del município. Heriberto nos lleva al encuentro de Haroldo y lo hallamos en su oficina también en plena remodelación. Le pregunto eso que me inquieta hasta la obsesión: ¿Qué queda de Bolivia, hoy, en Xapurí como escenario original de La Guerra del Acre? “Nada, absolutamente nada”, es la respuesta lapidaria del funcionario municipal.

Según Haroldo Zaine, incluso hay dudas “bien fundadas” de que la Casa Branca haya sido efectivamente la sede de la Intendencia de Bolivia. “Era una casa de putas, con niñas que venían desde Manaos”, afirma el joven acreano sin vacilar.  No supe entonces qué decir.

La Revolución Acreana del 6 de agosto de 1902

Conversando con el munícipe Heriberto Mota y el director municipal de Cultura Haroldo Zaine. | Foto Sol de Pando

Conversando con el munícipe Heriberto Mota y el director municipal de Cultura Haroldo Zaine. | Foto Sol de Pando

El 6 de agosto es también una fecha festiva en el calendario cívico del Estado autónomo acreano, pues marca el día en que Brasil comenzó a anexarse nuestro abandonado Acre liberándolo del dominio neocolonial norteamericano que propiciaba sin ningún escrúpulo nuestro presidente José Manuel Pando.

El 6 de agosto de 1902 los autonomistas acreanos tomaron la Intendencia de Bolivia en Xapurí, donde un contingente del ejército boliviano celebró la víspera del Día de la Patria hasta desfallecer de placer. Las “hormonas amazónicas” de nuestros soldados habían pasado la noche del 5 de agosto en muy buena compañía —con niñas que llegaban de Manaos según Haroldo Zaine Sarkis— y cuando, a primeras horas del 6 de agosto Plácido de Castro tocó la puerta para hacerlos prisioneros, abrió un militar boliviano despabilándose del “ch´aki” con enfado y le increpó al acreano con estas palabras: “Es muy temprano para la fiesta cívica”, y el autonomista le respondió hablando en típico “portuñol”: “Mi comandante, esta no es una fiesta, es una Revolución”. Por eso el 6 de agosto es una importante fecha en el calenderio de efemérides del Estado do Acre (en la capital Rio Branco —ciudad que cuando perteneció a Bolivia era conocida como “Vuelta Empresa”— el barrio más antiguo y populoso se llama “6 de agosto”) pues este día marca el inicio triunfal de la Revolución Acreana.

Haroldo Zaine (polera negra), con Heribert Mota y otros funcionarios de la Casa de la Cultura en el municipio de Xapurí. | Foto Sol de Pando

Haroldo Zaine (polera negra), con Heriberto Mota y otros funcionarios de la Casa de la Cultura en el municipio de Xapurí. | Foto Sol de Pando

Lo de las niñas de Manaos sale del imaginario popular en Xapurí. Aún no hallé pruebas documentadas al respecto en esta ciudad. La Casa Branca es el lugar donde según la historia funcionó la Intendencia de Bolivia antes de la rebelión de los acreanos lusohablantes, pero no habría sido un cuartel militar sino un hotel transitorio con su nidito de palomas negras, como esas del Café Cantante en Cochabamba por la misma época o algo así como la casa de “Tía Isabel” en la Cobija de nuestros días. Haroldo Zaine afirma tener evidencias que indican al actual hospital municipal de Xapurí, un hermoso edificio que data de comienzos del siglo XX un par de cuadras más al este de la Casa Branca, como el verdadero lugar donde se aposentaba la Intendencia de Bolivia; solo que la noche de la víspera del 6 de agosto la tropa que custodiaba este territorio que se nos iba de las manos inexorablemente, habría salido de visita a las niñas de Manaos desconociendo que los autonomistas organizados por Plácido de Castro estaban poniendo en marcha su plan revolucionario para proclamar la República del Acre independiente de Bolivia y de Brasil.

El incidente del 6 de agosto en la Casa Branca de Xapurí, que también fue el inicio de la Guerra del Acre en la versión boliviana, tampoco ofrece muchos detalles esclarecedores en la historiografia de nuestro país.

Independientemente del derecho humano que asiste a todo soldado bajo bandera para usar sus horas de franco buscando paz y amor en brazos de una bella mujer, más si es una amazona, es necesario que alguien en Bolivia confirme o desmienta la versión que se maneja en Xapurí y en todo el Acre brasileño. Más allá de la presunta presencia de niñas de Manaos en ese episodio histórico, los soldados bolivianos que vinieron a Xapurí para derramar su sangre cumpliendo su deber en este alejado territorio, desvertebrado y abandonado por la incapacidad y venalidad secular del Estado boliviano y sus políticos sátrapas, merecen una justa reivindicación a su memoria heroica.

Eu, me limito a informar lo que escucho y veo siempre citando fuentes responsables. Cuando vuelva a Xapurí profundizaré más en el tema.

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